Versas y diversas: palabra lésbica

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Paulina Rojas y Odette Alonso, coordinadoras de la antología Versas y diversas: Muestra de poesía lésbica mexicana contemporánea (Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2020), han recogido las voces de cincuenta y tres poetas nacidas entre la década de los treinta del siglo pasado y la primera década del siglo XXI. Reunidas en torno al tema del amor erótico entre mujeres, las autoras seleccionadas son escritoras de oficio, independientemente de la edad, los premios nacionales e internacionales y el número de publicaciones. Reina Barrera (1938) y Rosa María Roffiel (1945) encabezan una genealogía de la palabra lésbica mexicana, cuya fecundidad extraordinaria se manifiesta en poemas reveladores de un futuro literario promisorio, al estilo del pasional y rítmico “Soñé que vivía en Cincinatti”, de Iza Rangel (1997): “y el sonido de tu voz como una campana en Cincinatti / que pienso ahora en la ventana de tu departamento”. Tal genealogía, construida desde el ojo crítico de las compiladoras en su cuidadosa selección, atiende a la valentía de las antecesoras, esas mujeres que hablaron desde su cuerpo y deseos en épocas más difíciles que la nuestra. Igualmente, señala el interés de las poetas en revelar los secretos del erotismo y en dibujar las variaciones en torno a la belleza y las durezas del amor prohibido.

Tal interés, indica Paloma Mora en el prólogo, trasciende el lesbianismo y la geografía para expresarse desde la sutileza de un espacio común, la poesía. Cito:

Para el caso de esta antología, ni lo lésbico es una temática, ni lo mexicano se refiere a un sitio, y mucho menos lo contemporáneo marca la temporalidad. Hay un truco, un giro que solo tiene sentido en la convergencia poética en el hilado de autoras y textos hecho a partir de la curaduría de Paulina Rojas y Odette Alonso. Aquí el único territorio es la poesía, compuesto por cada una de las poetas que devienen en isla con su propia lengua, sus ritmos y su mirada. Juntas conforman el mapa de singularidades.

El espacio compartido de la poesía –las líneas que han sido escritas, leídas, traducidas y revisitadas una y otra vez– convoca, a través de las autoras y sus textos, el espíritu cosmopolita que mueve el arte verbal de todas las épocas y culturas. Lugar común al hablar de la literatura homoerótica femenina, la inevitable mención en el “Prólogo” de la griega Safo de Lesbos reitera la esplendorosa urdimbre del deseo y del afecto como experiencia humana enviada desde el pasado al presente, proveniente de los más lejanos lugares y épocas. La consciencia de tal experiencia se manifiesta en Sandra Lorenzano (1961), quien en su impecable “Sin párpados” rinde homenaje a la sobresaliente figura de la inglesa Virginia Woolf:

“Tus poemas ahora serán escritos con sangre”, dice Nobody. “I begin to hear voices”, ella en su carta. Como un escapulario cuelga del cuello de él. O como un ancla. No escaparás: el onceavo mandamiento. Veinte días en el río. Sin párpados. ¿Lo sabías?

Recorro con mis dedos la cartografía de tus naufragios. No me cuentes. Te ovillas. Solo la mujer amada tiene la piel dulce.

No es casualidad que las creadoras en lengua inglesa sean mencionadas en Versas y diversas, no solo en el caso de Lorenzano sino también en el de Ytzel Maya (1993) y su texto “Adrienne Rich me susurra un mapa”: “Adrienne Rich me susurra un mapa para encontrar ciertos puentes que se perdieron hace ya años ella me repite con su voz incansable de nada para entonces dibujarla y establecernos cercanas ella yo porque esta manera del dolor es compartida, innecesaria y política”. Tanto Woolf como Rich son figuras tutelares de las escritoras contemporáneas y ambas forman parte de las tantas sensibilidades lésbicas que han conformado de un modo u otro la voluntad de escribir nuestras subjetividades.

Las poetas antologadas son, además, herederas de una riquísima tradición poética en castellano, por no hablar de la poesía mexicana contemporánea. Este registro cultivado incluye, desde luego, la tradición del arrobo ante la mujer amada de Sor Juana Inés de la Cruz, entrelazada con la calle y la violencia, con Luis Miguel, Juan Gabriel y Chavela Vargas. No falta, desde luego, el reconocimiento del dolor inscrito en la vida lésbica. En la presentación del libro, Paulina Rojas y Odette Alonso subrayan las otras dimensiones que se desprenden de la lectura de los textos: “la segregación y la discriminación y cómo enfrentarlas, la participación política, la revisión del trabajo artístico de nuestras antecesoras, los proyectos culturales y la multidisciplinariedad que trasciende hacia formas de oralidad como los slams”.

Por supuesto, nada más lejos del libro reseñado que la mojigatería identitaria que carcome nuestra apropiación del pasado y empaña la visión del trabajo estético del presente. Campea el cultivo de la palabra sin brida que marcó la literatura contemporánea como el lugar en el que todo podía decirse; no otra cosa encontramos en “Hay un ático en casa de mi vecina”, de Alma Columba (1970): “Mi vecina chasquea contra el suelo el látigo de su abuelo / antes de acercarse y arrancarme de un tirón los botones de la blusa / golpea de nuevo y mi pezón queda preso entre sus dientes”.

Versas y diversas está dirigida a lectores interesados de verdad en la literatura, independientemente de su identidad genérica u orientación sexual. Se trata de poesía, la cual sigue sorprendentemente vigorosa tomando en cuenta que vivimos en un período mucho más orientado a la narrativa y a la canción popular que al verbo persistente de los poetas. También se dirige a las mujeres que son amantes erotizadas de otras mujeres, siempre y cuando sean, al mismo tiempo, amantes de la piel sedosa del lenguaje:

Para ti, Amada
este jardín
donde la Luna se desborda,
donde el viento
espera:

nuestro jardín, Amada.

(Fragmento de “Jardines para la Amada”, de Iliana Rodríguez Zuleta)