Al galope sin mirar atrás

D. H. Lawrence vivió en Nuevo México en los años veinte, en una comunidad de artistas. Allí escribió este relato sobre una mujer que huye a caballo de su vida familiar, ahora publicado por Gallo Nero.
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Voy a escribir este artículo sin recurrir a internet ni para saber las fechas de las cosas porque noto que tengo la cabeza como un bombo y que necesito concentración, aun a costa de la imprecisión. Lo que no sepa lo contaré como hacemos cuando se nos olvida una palabra o un dato o cuando jugamos a un juego de adivinar, dando rodeos o tirando p’alante, estrategia tradicional que por otro lado creo que va bastante con el tema. Lo hago a partir de un libro que acaba de publicar Gallo Nero en su colección Piccola, de textos breves. Leo en la solapa que han empezado la colección con El combate del siglo, la crónica de Jack London sobre el famoso combate entre el boxeador negro Jack Johnson y el boxeador blanco cuyo nombre no recuerdo (a no ser que la colección haya empezado antes y ya no les quepan en la solapa más que las publicaciones más recientes). El librito sobre el que voy a escribir hoy es La mujer que se fue a caballo, que es un relato de D. H. Lawrence que aquí ocupa una sesentena de páginas y que dio nombre a uno de sus libros de relatos. La cubierta es preciosa, con la ilustración de una mujer vestida de época, como amazona a lomos de un caballo de pelo brillante. Se advierte el movimiento en la melena de ella y en las patas de él. 

La mujer que se fue a caballo. El título presenta una estructura reconocible que inmediatamente me hace pensar en El perrito que rio, el título del cuento que siempre saca a relucir que ha escrito Arturo Bandini, el personaje de John Fante, pero que desde luego es muy parecido a La mujer que escapó, película de Hong Sang-soo que no he visto y que por eso no puedo comparar, en su contenido, al cuento de D. H. Lawrence. Sin embargo la imagen se entiende muy bien y convoca un montón de nociones, ¿no? Me acuerdo por ejemplo de otro cuento, este de Enrique Vila-Matas, sobre una profesora de piano que se harta un día y se pone a actuar de las maneras más inesperadas y rebeldes. Este cuento sí que puedo saber cómo se llamaba porque tengo el libro en casa. Mirad: está en el volumen Recuerdos inventados y se titula Rosa Schwarzer vuelve a la vida, que a mí desde luego me suena como La mujer que escapó. Aunque la vida en tres dimensiones también tiene distracciones, como internet, y me pongo a hojear el cuento. Pues resulta que Rosa Schwarzer no es una profesora de piano sino una vigilante de museo en Düsseldorf, lo que por otro lado significa que me he inventado el recuerdo y que mi antología debería llamarse Recuerdos mezclados. Y también estoy pensando que la tipografía de Anagrama debe de favorecer la impresión en la memoria de sus lectores.

A principios de la década de 1920, Lawrence y su mujer, Frieda, recalaron en Nuevo México, en Taos, en casa de una la excéntrica millonaria y escritora Mabel Dodge Nomeacuerdoquemás, que se había establecido allí, se había casado con un nativo americano, y habían formado una comunidad de artistas. Después de la estancia en esa casa D. H. y Frieda se instalaron por su cuenta en una cabaña cercana. Hay una película de 1981, que no me acuerdo de cómo se llama ni de quién la dirigió, que cuenta la salida de los Lawrence (él interpretado por Ian McKellen, y Mabel Dodge por Ava Gardner) de Inglaterra, donde estaban atenazados por la censura, y su visita a esta comunidad de Nuevo México. Yo me puse a verla porque esa es la época en que Lawrence trató a Jaime de Angulo, con quien se llevó fatal, pero lo cierto es que me pareció una película bastante infranqueable y no la acabé. Pero en el libro sí encuentro la intersección entre los temas de Angulo y los de Lawrence, que aborda aquí, como en otros libros suyos, el deseo de liberación por parte de una mujer que se siente asfixiada en su vida familiar y que busca la manera de sentirse viva. En este caso se trata de una joven estadounidense que se ha casado con un europeo mayor. Viven en México, tienen dos hijos, y ella se larga. Está todo contado como un cuento, atendiendo a las acciones importantes, pero poniendo mucho cuidado en las descripciones de ambientes y también en los estados de ánimo de ella, que están tan entrelazados con la acción como el paisaje. El personaje recorre los paisajes como si estuviese muerta. Esto se dice literalmente en varias ocasiones, y enlaza con otras obras en que el territorio mexicano es una especie de interregno, como Pedro Páramo o Bajo el volcán, por poner los ejemplos más famosos. Coincide Lawrence con su detestado Angulo en el interés por las costumbres y rituales de las tribus nativas, que el segundo conocía más de primera mano. El interés de Lawrence por lo salvaje y lo primigenio, y su exposición de las restricciones que impone la cultura occidental aparecen en este cuento de tono sobreexpuesto. Hay también pasajes que describen la alteración de la conciencia de la protagonista, a veces por el cansancio que siente, pero especialmente gráficos cuando está bajo los efectos de algunas drogas. Hay una correspondencia muy evidente entre su conciencia y el entorno circundante, una insistencia en lo subjetivo que a la vez se cuenta con limpieza objetiva y líneas claras. Y el mundo se nos aparece como muy nuevo y muy viejo a la vez. En este fragmento podemos apreciar a la vez la cuidada traducción de Julia Osuna: “… Con el tiempo se convertiría en el único estado de conciencia que reconocía como verdadero: aquella exquisita sensación de desangrarse en la belleza superior y la armonía de las cosas. En esos momentos era capaz de escuchar las mismísimas estrellas mayores del cielo; a través de la puerta las veía y las oía hablar desde su movimiento y su brillantez…”.

La mujer que se fue a caballo
D. H. Lawrence
Traducción de Julia Osuna
Gallo Nero, 2026


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