Días de vino y vino

Agnes Owens escribió su primer libro a los cincuenta años. Antes, estuvo ocupada criando a sus siete hijos y trabajando como limpiadora, mecanógrafa y operaria en fábricas.
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“Me pareció buena idea retratar a una mujer en circunstancias bastante sórdidas que, a su reprochable manera, trataba de ser libre. Dudo que el movimiento feminista aprecie a Betty, porque al final fracasa de forma estrepitosa por ser fundamentalmente débil. Digamos que en la mayoría de mis escritos me he sentido siempre inspirada para escribir sobre el fracaso más que sobre el éxito. Sospecho que muchas mujeres, cuando llegan a cierta etapa de la vida, sienten culpa y fracaso al mirar atrás. Espero que Betty despierte su empatía”; al habla Agnes Owens, traducida por Blanca Gago en Muñeca infinita, autora de Una madre trabajadora. Betty es la protagonista y narradora de esta novela sórdida pero divertida, está casada con un veterano de la IIGM, tienen dos hijos de menos de 10 años, y marido y mujer son alcohólicos. Parece que el tema no le era desconocido a Owens (1926-2014), escritora tardía –publicó su primer libro pasados los 50, estuvo ocupada criando a sus siete hijos, fruto de dos matrimonios, y trabajando como limpiadora, mecanógrafa y operaria en fábricas. Su carrera como escritora empezó tarde y su reconocimiento también se hizo esperar. Sigue Owens: “Quizás quieras saber si conocía a alguna mujer como Betty que me inspirara para escribir Una madre trabajadora. Sí, a muchas mujeres, incluida yo misma”. 

Una madre trabajadora se abre con Betty tomando la determinación de encontrar un trabajo, acude a una agencia de colocación y la mandan a un despacho de abogados, donde su trabajo consiste en mecanografiar las cartas que le dicta el señor Robson. Aunque también charlan, o más bien, es el jefe el que se interesa por los asuntos de Betty, como parte, le explica, del proceso de investigación y documentación para su libro, El estudio de la conducta humana en los animales

Además de Betty, está Adam, el marido trastornado por la guerra, Brenan, único amigo del matrimonio y a quien Betty elige como amante, y los niños: Robert y Rae, que dicen tantos tacos como los padres. También aparecen los padres de Betty, el padre llevó a beber con él a Adam y así se conocieron Betty y Adam; las discusiones entre Betty y Adam parecen un reflejo de las broncas entre los padres de Betty, aunque la frecuencia sea mayor en el matrimonio de Betty. A pesar de todo, Betty prefiere las broncas a “los pesados y taciturnos silencios que flotaban en el aire como una densa niebla antes de estar casados”. 

Gran parte de la novela transcurre en ambiente laboral, en la oficina o en la casa del señor Robson, donde acude Betty a mecanografiar el libro de su jefe; también sale a almorzar con Mai, otra secretaria del mismo despacho de abogados, y sigue acudiendo a la agencia de colocación, sobre todo para pedir consejo a la señora Rossi, ocasional echadora de cartas. 

La cosa se complica: demasiado alcohol, demasiados enredos, y un asesinato. Es Betty quien le cuenta su historia a Lady Lipton, las dos están en un sanatorio. 

En las notas del libro del señor Robson, escribió a propósito de Betty: “Al parecer, este sujeto es una joven imprudente, dispuesta a recalar en una situación sin pensar ni por un momento en sus consecuencias. Tomando en consideración ciertos factores, podría ser un peligro para la sociedad”. También para ella. 

Una madre trabajadora es una novela trágica, pero llena de un humor negro; es un retrato crudo del alcoholismo y no pretende ser ejemplarizante ni juzga a sus personajes.


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