Javier Marías: incertidumbre, lenguaje y humor

Figura imprescindible de la literatura española de los siglos XX y XXI, al irse, Javier Marías ha dejado un legado único para las letras hispanas y para la literatura universal.
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En su artículo “Aquella mitad de mi tiempo”, allá por 2002, Javier Marías reflexionaba sobre la extrañeza que le provocaba darse cuenta de que habían pasado tantos años desde la muerte de su madre como años vividos con ella. También por aquella época, nuestro autor decidía publicar la primera parte de Tu rostro mañana, Fiebre y lanza, con objeto de que viera la luz mientras vivía su padre pues temía que, de esperar a terminar la obra, Julián Marías no llegara a ver al padre de Jacques Deza, el personaje que tanto debía al gran filósofo. Y tuvo razón, pues su padre falleció tres años más tarde y él terminó la trilogía en 2007.

20 años más tarde, quien nos deja es Javier Marías, a sólo 9 días de cumplir 71 años, tras las complicaciones de salud provocadas por una afección pulmonar que devino en neumonía.

El año pasado, en 2021, se cumplieron 50 años desde la publicación de su primera novela, Los dominios del lobo (1971), que Marías publicó con sólo 19 años. Desde entonces le sucedieron 50 años de novelas, relatos cortos, ensayos, artículos de prensa, columna de opinión, traducciones y hasta algún cuento infantil. Además de miembro de la Real Academia Española de la Lengua, Marías era editor de su sello Reino de Redonda, y también rey de esa pequeña isla deshabitada del Caribe que es, además, la única monarquía literaria del mundo. El lema de su reino dice mucho de él: Ride si sapis, es decir, ríe si sabes. Quienes tuvimos la suerte de tratar con él, sabemos que su afinado sentido del humor era tan característico de él como su generosidad, su cortesía y su timidez.

Títulos como Todas las almas (1989), Corazón tan blanco (1992), Mañana en la batalla piensa en mí (1994) o Negra espalda del tiempo (1998) le consagraron como uno de los escritores españoles más relevantes del siglo XX. Un escritor anglófilo, cinéfilo, polémico y reflexivo, cuyo estilo digresivo era (y es) capaz de mantener al lector en vilo durante varias páginas mientras sus personajes cavilan, piensan y dudan de las intenciones de los demás y de las propias. A estas novelas les siguió quizá su obra cúspide, Tu rostro mañana (2002-2007), en la que Marías plantea, a través de otra cita de Shakespeare (en total, 5 de sus títulos son citas shakesperianas), la imposibilidad de conocerse a uno mismo. En la última década, después de confesar que no sabía si volvería a escribir otra novela, publicó Los enamoramientos (2011), y a esta le siguieron Así empieza lo malo (2014), Berta Isla (2017) y Tomás Nevinson (2021). En estas obras retomó algunos de los temas que ya había explorado y, así, la violencia, la muerte y los secretos vuelven a ocupar sus páginas.

Fueron muchas las páginas y muchos los textos mariescos. Hace sólo unos meses, la editorial Brill publicaba el volumen Javier Marías: 50 años de literatura: Nuevas Visiones (1971-2021), una recopilación de ensayos escritos por expertos en la obra de Marías como motivo del medio siglo que llevaba escribiendo novelas nuestro autor. Para la ocasión, Marías escribió “Por no bajar la persiana todavía”, un texto en el que reflexionaba sobre los motivos por los que seguía escribiendo. Él mismo admitía no entender estos motivos; llevaba años anunciando que la próxima sería su última novela y, aun así, confesaba: “intento hacer algo más.”

Javier Marías escribió hasta el fin de sus días, y hoy, además de una inmensa tristeza, reina una sensación de incredulidad porque quienes le seguíamos de cerca nunca creímos aquello de que quizá esa fuera la última. Sabíamos que intentaría hacer algo más. Y que lo haría. Y muchos vivíamos pendientes de un hilo a la espera de la siguiente novela. Hoy hay muchos lectores y personajes que han quedado huérfanos: ¿Qué será del malvado Tupra? ¿Y de Ruibérriz de Torres? ¿Y qué suerte correrán ahora sus soldaditos de plomo?

Hoy, por primera vez, no tenemos la incertidumbre de si volverá a escribir. Y vivir sin esa incertidumbre hace de la vida algo un poco más pesado y penumbroso. Como decía su maestro Faulkner, y como a menudo recordaba él, la literatura es como una cerilla en la oscuridad: no alumbra toda una estancia, pero arroja una luz especial a todo lo que se acerca. Y hoy que Javier Marías ha bajado la persiana, el mundo ha perdido una luz irrepetible.

Figura imprescindible de la literatura española de los siglos XX y XXI, al irse, Javier Marías ha dejado tras sí un legado único para las letras hispanas y para la literatura universal.

En “Lo que no sucede y sucede”, uno de sus ensayos recopilados en Literatura y fantasma, Javier Marías escribía sobre Sherlock Holmes y Don Quijote y sobre cómo su realidad, por más que fueran entes ficticios, tenía más vigencia que la de sus creadores pues seguía sucediendo una y otra vez, cada vez que se les leía y, así, tenían una suerte de presencia eterna, “como si fuera un rito”, nos decía nuestro autor. Ese es el único consuelo que nos queda en esta triste tarde del 11 de septiembre de 2022.

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