Foto: Maximiliano Blanco / Red Bull Content Pool

El freestyle, un juego que se inventa sobre la marcha

En su breve historia, las batallas de freestyle, en las que dos personas combaten mediante improvisaciones orales a ritmo de rap, se han convertido en objeto de un interés masivo entre los jóvenes de América Latina.
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Las batallas de freestyle son uno de los objetos culturales que más interés despiertan en los jóvenes. El freestyle significa improvisar rapeando. Las batallas son competiciones en las que dos personas (o dos equipos) se agreden verbalmente frente a un jurado. La socióloga Francisca Muñoz Varas, citada en la crónica “El rap y los géneros urbanos que transforman Buenos Aires”, de Tali Goldman, explica que: “[…] el género constituye algo que Michel Foucault llama ‘espacio heterotópico’, que son lugares, por decirlo de alguna manera, creados en un espacio imaginado […]. [los competidores] creen estar en una batalla clásica, como una batalla romana, y por eso crean todo ese folclore alrededor: un presentador, un jurado, alguien que pone la música, un público”.

El freestyle pertenece a la tradición de las narraciones orales; de aquí la importancia de lo que en la jerga del hip hop se denomina delivery: la teatralización de lo que se está diciendo. En 2018, el colombiano Valles T compitió contra el chileno Pepe Grillo en octavos de final de la Batalla de gallos internacional, una competencia organizada por la marca de bebidas energéticas Red Bull; su actuación se hizo viral cuando, al ver la imagen de un robot en una pantalla, se puso a bailar con movimientos mecanizados mientras rimaba:

Mira cómo vengo rapeando al estilo del hip hop
Doy un paso, luego otro: ya la gente lo entendió
Es que mato a Pepe Grillo con el paso del robot

Asimismo, la asociación juega un papel importante. El símil, un recurso muy usado en la poesía épica, sobresale. El peruano Jaze, en un encuentro de Freestyle Master Series en 2021, rimó:

Mi talento es grande como el Westin
Me escuchan y es Le Festin
Sangre fría: reptil
Material inusual como en Prezi
Soy su presi
en el Milan como Kessié
Miles de visitas como la serie Hey Jessie.

¿Ves, Skill?
Yo te disparo y es kill
William Shakespeare
La familia Messi. Le tienes envidia al benzil
No llegas ni a Mini espías
Mejor haz un poco más, Skill

En 2005, Red Bull organizó las primeras Batallas de gallos en diferentes países, que sirvieron de clasificatoria para la competición internacional que se realizó de forma ininterrumpida hasta 2009. Solo el campeón absoluto recibía dinero y una atención significativa. Entonces, surgieron competiciones informales que eran organizadas por adolescentes y adultos jóvenes en plazas de América y España. La más emblemática fue El quinto escalón, de Argentina, cuyo primer evento se realizó el 11 de marzo de 2012.

El simple entretenimiento dio un salto cualitativo importante. Dice Remedios Zafra en El entusiasmo: precariedad y trabajo creativo en la era digital: “El único añadido que tradicionalmente ha servido para diferenciar la afición del oficio ha sido la formación”. Y la formación hoy día puede ser autodidacta y a través de internet. En el caso de las batallas, significaba horas de práctica y de competición, amparadas bajo la posibilidad de que si se ganaban algunas de estas competiciones informales se obtenía visibilidad.

YouTube nació en 2005, y entre 2007 y 2010 se masificó su uso en el mundo hispano. Cuando, en 2013, Red Bull volvió a organizar una Batalla de gallos internacional, que ganó el argentino Dtoke, miles de niños vieron los videos con devoción: se divertían y aprendían las claves de una forma de entretenimiento antigua y a la vez muy de los tiempos de redes sociales.

Dtoke manejaba un taxi. Impotente, sentía que había una incongruencia entre competir en el estadio Malvinas frente a cinco mil personas y de lunes a viernes tener que manejar un auto para vivir. En 2016, junto con su compañero Papo, organizó un evento en Mar de Plata. Agotaron las entradas en una semana. Luego, organizó ocho más. Dejó de manejar el taxi y programó una gira por toda Argentina para promocionar a los competidores más jóvenes.

Cuando los freestylers empezaron a sumar seguidores y las batallas a pasar el millón de reproducciones, aparecieron nuevos inversores. El salto definitivo hacia la profesionalización vino con la aparición de las mencionadas Freestyle Master Series, ligas nacionales que duran un año y que han ido naciendo paulatinamente en diferentes países: España (2017), Argentina (2018), México (2019), Chile (2019), Perú (2020) y Colombia (2022). Las batallas se volvieron más sofisticadas, con rounds llenos de estímulos y reglas que desafían la creatividad, ingenio y manejo de diversos códigos culturales. En la serie de Argentina, la batalla entre Tata y Larrix tomó un giro inesperado. Ante la temática “Terror”, Larrix improvisó este alarde de erudición literaria:

Es terror lírico, nítido, camarada
gano por parrafadas.
Soy Horacio Quiroga para el terror, camarada
mi rima deja a la gallina degollada.

Que vaya a tocar el oboe,
señoras, señores; señoras, señores.
Soy ácido que lo corroe
pisando el escarabajo dorado, de Edgar Allan Poe.

Voy a matar a este wachín
sonando como un brindis porque es un wa-chin-chin.
Que me traigan el fin,
mi jerga es contiendas, Nieblas, para Stephen King.

Camaradas, no sé si Urban Rooster a mí me buscaba
si Asier mi participación la ansiaba
pero parezco Cthulhu para Lovecraft:
porque llegó la llamada

Este grado de sofisticación despierta asombro, pero los rounds más esperados son los de improvisación sin estímulos (sin puntos de partida previamente establecidos), en los que se puede rapear por un minuto. También despiertan atención los llamados 4×4, en los que se intercambian bloques de cuatro versos con el rival durante un tiempo determinado, como en este fragmento del duelo entre la colombiana Marithea y el argentino Cacha:

Martihea: Ay, pobre odiado / pobre niñito que vive muy frustrado / es como el niño que en el pasado lo habían bullyineado / y piensa que todos lo odian por sus traumas del pasado.

Cacha: ¡Sí que me odian, por mi tamaño! / Es más, mi papá se accidentó y no pude visitarlo / ¡Hasta terminé una relación de cinco años! / ¿¡Qué te hace pensar que tus rimas hoy me hacen daño!?

Marithea: Pues algo me hace pensar en la improvisación / ¿qué tú quieres que te diga, si mi abuela se murió? / pero esa es la diferencia que tenemos entre vos y yo: / tú lo usas como lástima y yo como motivación.

La atención que acaparan los competidores constituye un capital simbólico. Arkano, por ejemplo, devino showman de la televisión española, volviéndose, según él, millonario. Duki, Wos, Walls o Trueno, por nombrar algunos, usaron la audiencia creada para dar el salto a la música y posicionarse de inmediato en las listas de los más escuchados.

El mexicano Mauricio Hernández, Aczino, es considerado el mejor de todos los tiempos. Procedente de Ciudad Nezahualcóyotl, empezó a competir en 2007, con 16 años, encarando las competiciones con la ambición de un futbolista que sueña con ganar el Mundial. Hoy día ostenta más de 40 títulos, siendo quien más participaciones tiene en la Batalla de gallos internacional y el único que la ha ganado dos veces.

Pero, como en el caso del argentino Dtoke, antes de alcanzar estas metas el camino es largo. Para generar ingresos hay que acumular primero cierta experiencia, muchas horas de ejercicio no remunerado y construir una comunidad o al menos una audiencia que permita hacerse visible en la ruta del dinero, el cual sigue recorriendo los canales tradicionales: empresas, productoras, marcas y mecenas que deciden dónde invertir, en función de dónde está la atención de las personas. Dice Alessandro Baricco en su libro The game:

[…] En el pasado hacer negocios consistía en inventar juegos factibles con una determinada baraja de cartas preexistentes: ganaba el que inventaba el mejor juego. Ahora hacer negocios coincide con inventar un mazo de naipes que antes no existía y con el que es posible jugar solo a una cosa: la que tú has inventado.

En este juego de reglas inventadas en la marcha, el freestyle, mutado en gran negocio, ha cedido ante los canales tradicionales de la industria. Con esto, al menos en su versión competitiva, se ha enriquecido y ha hecho mejores a los participantes. En cualquier caso, retomando la cita de Baricco, el mundo ha cambiado, pero, por lo visto, no tanto. Más allá de la autogestión, para huir de la precariedad la mayoría de las veces sigue siendo necesario el apoyo de las grandes empresas.


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