Que regrese a la tutela de tu nombre
como quien nunca tuvo en su cuerpo
lo propio de otros puntos cardinales
sin ardides ni hábito
sin calce para el conato huero
rosa que apretuje en un sólo instante
las travesías y no el humo de las hieles.
Que diga en medio del alboroto
me he devuelto porque fue prescrito
y que fuera en otros cuerpos
porque dimite de sus pasos quien se fue
y no se avino a las aldabas
porque nadie cortó de tajo la herrumbre del aliento.
Que la cicatriz de lo dicho y el malogro
aviven en nosotros esa trampa
el acicate
del encuentro sin brújula o prudencia
inequívoco a la vista.
Qué tan lejos caen los frutos del árbol que los pare.