Tres sonetos de música popular

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Soneto a la malagueña salerosa (versión de Eddie Palmieri)

Ay mírame más, mírame así
Con tu mirada hechicera
Malagueña salerosa

Debajo de esas cejas, malagueña,

qué mirada fantástica enamora

y desespera en maldita buena hora:

sea de mi embeleso el santo y seña.

Salerosa, por ti quien ama sueña

como el creyente en su humildad adora

y al verte lágrimas secretas llora

por la doctrina que tu gracia enseña.

Dice el proverbio ver para creer

y al verte creo perder la cordura,

pues fácil es a la razón vencer

cuando lo Bello al mundo transfigura.

Quien no quisiera al fin permanecer

en ese eterno estado de locura.

Soneto a la negra que tiene tumbao (versión de Celia Cruz)

Dime quién no se va de medio lao

Cuando caminas, ligera y graciosa:

Tu cadera marea deleitosa

Y fácil enamora al más pintao.

De otro mundo proviene tu tumbao.

Los astros al ver niña tan preciosa

Exclaman “¡Vaya que si es una diosa!”

Que alguien vaya a quitarles lo bailao.

Al ver cómo te mueves, negra linda,

No hay persona que quede indiferente:

Tu contoneo en éxtasis colinda

Pues tu meneo es del placer la fuente.

A tus pies, amor, caigo de rodillas.

Con luz propia en tu noche enorme brillas.

Son-soneto

No canto aquí la reflexión morosa

sino la excelsa pasión de una danza 

desorbitada y de índole fastuosa.

En su locura la verdad se afianza.

Por ti añoro, guajira guapachosa,

como en una vislumbre de bonanza,

el amor imposible de una diosa.

Cuando te miro muere la templanza.

La timba de trompetas y timbales

anima al inclusivo sonsonete:

para poder acabar con los males 

y triunfante salir de todo brete,  

a tu son ponle ron y mucho hiëlo

que así nos vamos derechito al cielo.

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