Ilustración: Letras Libres

Después de la ola azul

¿Cuáles serán los efectos del triunfo del partido Demócrata en las elecciones intermedias en Estados Unidos? Reunimos algunos puntos de vista.
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Haz clic en su nombre para leer los textos de Carlos Bravo Regidor, Diego Fonseca, Luz Mely Reyes, Arturo Sarukhán, Maruan Soto Antaki, Javier Treviño y Beata Wojna.

El balance general de las elecciones es evidente: ganan los demócratas, pierden los republicanos. Pero ¿qué cambia en la correlación de fuerzas al interior de cada partido?

En el partido Demócrata, el establishment conserva el liderazgo, respaldado por victorias como las de Roy Cooper en Carolina del Norte, Jon Ossoff en Georgia y Josh Shapiro en Pensilvania. Pero el flanco izquierdo del partido gana peso: James Talarico conquista un escaño republicano en Texas y Gina Hinojosa gana la gubernatura del estado. En Michigan, el progresista Abdul El-Sayed encabeza la contienda por un escaño en el Senado. En la Cámara de Representantes, los socialistas amplían su presencia con figuras como Chris Rabb en Pensilvania y Claire Valdez en Nueva York. La izquierda progresista y socialista gana representación y argumentos para influir en la orientación del partido, aunque todavía está lejos de controlar su aparato.

En el partido Republicano, MAGA sufre derrotas importantes: Ken Paxton pierde el Senado de Texas, Greg Abbott la gubernatura del mismo estado y Michael Whatley cae en Carolina del Norte. Otros candidatos cercanos a Trump consiguen ganar, como Byron Donalds en Florida y Sarah Huckabee Sanders en Arkansas. También conservan posiciones figuras procedentes del aparato republicano tradicional, como Ashley Moody, reelegida senadora por Florida (aunque alineada con Trump). La derrota electoral erosiona el poder político del presidente, pero no fortalece necesariamente a sus adversarios internos, que carecen de un liderazgo alternativo. MAGA sigue dominando el partido Republicano, aunque Trump sale claramente debilitado de cara a la disputa por su sucesión en 2028.

~ Carlos Bravo Regidor

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1) El mejor escenario para muchos —hijos de…— republicanos es devorarse a Saturno.

2) Por supervivencia política, algunos GOPers estarán dispuestos a soltar a El Emperador Senil y Oloroso. Las condiciones cuentan. Mucha negociación de pasillo. JD Vance ya debería operar para que suceda. Su primer tuit de post mortem es de senador romano sibilino: no toca al César ni un segundo, pide cabezas sin pedirlas y se pretende uber–alles: hemos perdido, dice, pero yo les diré qué debemos hacer. Vance comenzó oficialmente la campaña hacia 2028.

3) Esto sonará anticlimático, pero Trump sigue siendo presidente, tal como desafió en un tuit. Y eso significa que el mango de la sartén todavía le queda a mano. Trump sobrevive por deseo de poder, y su deseo de poder es material: riqueza. Para poder seguir usando a la Casa Blanca como vehículo para negocios personales, tendrá que blindarse. Las decisiones que sigan –en el Congreso, en la Corte Suprema, en las presidencias de otros países– definirán cuánta capacidad de daño real tiene un lame duck president. Recordemos: un presidente que no tiene posibilidad de reelección tiene un problema de poder cuando pierde las elecciones intermedias. Pero un autócrata en ese escenario es más peligroso que nunca, porque es un animal acorralado.

4) Trump culpará hasta al Coyote de su derrota. Cabezas de turco probables: Pete Hegseth, Sott Bessent, Stephen Miller. Guerra, economía, migrantes. Si no los tira Trump bajo el bus, los congresistas lo pedirán.

5) Los tech lords soltarán a Trump si hay señales al menos no agresivas para ellos desde el DNC. El mercado vota contra la guerra en Irán. Corporate America necesita un presidente interino que devuelva los costos a valores razonables. Trump hizo perder uno a tres años de relaciones comerciales a muchas empresas.

6) Los demócratas necesitarán unos 14 republicanos dispuestos a ser los “traidores necesarios” para llevar a Trump a un impeachment. Deben resolver entre el deseo y la conveniencia táctica: ¿ir por todo y arriesgar a que JD Vance tiente a la fortuna o dejar que el propio Trump hunda el barco?

7) ¿Puede renunciar Trump? Solo si lo enfrentan al “momento Nixon”: sir, you are alone. Para irse, dejará detrás perdones e indultos anticipados para él y toda su caterva. Todo mafioso protege a su famiglia, no por bondad sino por interés: no quiere ser traicionado, necesita que le deban. Trump buscará que la inmunidad le permita vivir. Estados Unidos tiene una sistémica flexibilidad para proteger ciertos fundamentales. Uno, crítico: don’t act if it’s too big to fail.

8) Un año atrás, estábamos rascándonos la cabeza con la falta de liderazgo nuevo y exceso de opciones avejentadas del Partido Demócrata. Ahora: Buttigieg, Ossoff, Talarico, El-Sayed, Mamdani, Rutinel, AOC, McKinney, Mendoza, Mallory McMorrow, Anzani, Maxwell Frost… No llegarán todos (hola, Beto O’Rourke; hola, hermanitos Castro), pero hay un pool inteligente y expectable.

9) Desde enero y por primera vez en años, el Congreso tendrá oportunidades únicas: terminar la guerra en Irán, redoblar el apoyo a Ucrania, empezar a restañar heridas con la UE/OTAN. Y, quizás, soltarle parcialmente la mano a Bibi Netanyahu –ya debe haber vuelos reservados a Washington por sus opositores.

10) Hay una tarea ardua e invisible que le competerá a los demócratas y algunos de esos republicanos con sentido de supervivencia: mayor tensión, erosiona una democracia frágil. Es preciso que los “traidores necesarios” inicien la construcción de algunos puentes. Como en Roma, los legisladores tienen en sus manos la República. Jamás el César.

~Diego Fonseca

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Austin fue una fiesta, incluso desde antes del día de la elección. En todo Texas se rompió récord en la votación anticipada, y este martes los centros electorales de la capital se llenaron por completo.

Uno de esos centros, al que me acerqué, funcionaba dentro de un supermercado. El proceso de votación tomaba apenas unos tres minutos, aunque la fila requería cerca de media hora; el flujo se mantuvo constante a lo largo de toda la jornada.

Al caer la noche, las celebraciones estallaron por todas partes. En decenas de locales sobre la famosa calle 6, las election watch parties congregaron a jóvenes y adultos que no dejaban de aplaudir cada vez que las pantallas proyectaban los resultados preliminares, dando cuenta de un tsunami azul tanto en Texas como en otros estados.

Mientras tanto, en el Long Center, los seguidores de James Talarico gritaban con cada actualización parcial. La ovación fue total cuando la televisión proyectó la victoria demócrata en la Cámara de Representantes y un corte parcial donde Gina Hinojosa superaba al gobernador Abbott por 800 mil votos.

El entusiasmo fue creciendo. Los saltos de euforia se prolongaron durante minutos cuando se confirmó lo que hasta los comicios anteriores parecía imposible: que Talarico (37 años) e Hinojosa (52) conquistaran un escaño en el Senado y la gobernatura del estado.

En la ciudad retumbaron las bocinas y, cada ciertos tramos, desconocidos se cruzaban con amplias sonrisas, chocaban las manos y se felicitaban con un “Congratulations!”, como si fueran viejos camaradas.

Las primeras declaraciones de los vencedores mantuvieron el eje de su campaña: frente al odio y la división, el amor. Talarico e Hinojosa cerraron la noche cenando en un Whataburger, la icónica cadena nacida en Corpus Christi. El mensaje era inequívoco: primero Texas.

~ Luz Mely Reyes

El electorado estadounidense le hizo caso a Donald Trump: votó como si él figurara en la boleta, y el veredicto fue inapelable. En un verdadero tsunami azul, los demócratas le han arrebatado al partido Republicano tanto la Cámara de Representantes como el Senado, con triunfos tectónicos en bastiones republicanos como Texas, Carolina del Sur y Kansas. Con 62% de desaprobación en las encuestas de salida, el mandatario terminó la noche repudiado en las urnas, y con un Congreso que, a partir de enero, dejará de ser su comparsa para convertirse en su contrapeso.

Fue en Texas donde el rechazo adquirió dimensión histórica. James Talarico derrotó a Ken Paxton y le dio a su partido el primer escaño texano en el Senado desde 1988, pese a la apuesta personal de Trump por Paxton y a los más de 150 millones de dólares que Elon Musk inyectó solo en esa contienda. Por si fuera poco, Gina Hinojosa venció al gobernador Greg Abbott. El estado que durante tres décadas fue la joya de la corona republicana se ha convertido en el epitafio de la promesa trumpista de hegemonía.

Quizá la lección más importante de la noche sea la del péndulo del voto hispano. Los candidatos demócratas a la Cámara obtuvieron 60% del voto hispano, frente al 51% de Kamala Harris en 2024, mientras que los republicanos cayeron a 35%, once puntos por debajo del 46% de Trump hace dos años. Entre los hombres latinos, el apoyo demócrata saltó de 44% a 55%. Fue un revés estratégico para un partido que rediseñó distritos en Texas y Florida, convencido de que sus avances de 2024 entre los hispanos serían unidireccionales y duraderos, y que hoy paga el costo de las redadas y de la promesa incumplida de abaratar el costo de vida. Pero nadie debe llamarse a engaño: ese 60% iguala el de 2022 y sigue lejos del 69% de 2018. El péndulo de anoche no significa que los demócratas hayan reconquistado a este electorado, sino que el voto hispano ya no es cautivo de nadie: castiga a quien lo traiciona, y en el 2028 podría volver a oscilar.

~Arturo Sarukhán

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La mirada medio oriental a las elecciones estadounidenses no suele otorgarles tanta atención como sucedió ahora. Hace casi cuarenta años, en 1988, que las parlamentarias israelíes no coincidían con tanta cercanía, no solo a unas intermedias sino tampoco a presidenciales. Irán, como constante americana de los últimos meses, con el juego de posibilidades que durante semanas pobló las conversaciones sobre un nuevo gran ataque de Washington al pasar el 3 de noviembre, llevó las preocupaciones a la volatilidad de Donald Trump en caso de que los ánimos de los votantes resultasen contrarios a su partido. Unas elecciones intermedias donde la relevancia se centra en los humores posteriores del jefe de Estado y no en los cargos en competencia, dan evidencia del saldo contra la democracia que Trump ha dejado a su paso.

En medio de la irracionalidad acostumbrada por el Washington de hoy, algo de su lógica, pero también de su mala lectura política, se exhibió en las declaraciones de Trump a las horas iniciales de las elecciones con el anunció de un supuesto retiro de apoyo militar a Israel. ¿Un último intento de congraciarse con los contribuyentes que rechazan el gasto en lugar de destinarlo a necesidades locales? Ante la imposibilidad de influir para sus intereses en sus propias elecciones, ¿quiso hacerlo en la conformación de gobierno en Israel contra un relativo y tal vez momentáneo grado de conciliación en el bloque opositor a Netanyahu? 

Esa mala lectura exterior de Washington tiene su rostro local en Abdul al-Sayed y su ruta como senador para Michigan. Con posiciones debatibles, como es normal, se transformó en objeto de antiarabismo, islamofobia y discursos antiinmigrante por su origen egipcio e identidad religiosa.

Si se cruzan las expresiones contrarias a la guerra con Irán, más el rechazo a la cercanía con Netanyahu y los números de Michigan, es admisible suponer que, al menos, un sector de los votantes se hartó de la retórica inflamada y abiertamente nativista, racista y antiinmigrante de la Casa Blanca. Como la entrega de Texas a los demócratas, Al Sayed es también una respuesta a ella. 

No se trata necesariamente de un giro a los Demócratas Socialistas de Ocasio o Mamdani, mucho menos de enarbolar lo woke, cuyo uso ya suena a anacronismo, y no solo es reacción al encarecido costo de la vida, sino muestra de que, por encima de algunos límites rebasados por el delirio trumpista, se pueden sostener ciertos principios de esa sociedad multicultural que algunos admiramos en Estados Unidos.

~Maruan Soto Antaki

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Los resultados de las elecciones intermedias estadounidenses de 2026 fortalecen a los demócratas e implican un cambio importante en el equilibrio político de Washington. Para México, la consecuencia principal no será una modificación inmediata de la política comercial, sino una nueva distribución del poder que podría influir en el futuro de la relación bilateral y del T-MEC.

Un Congreso con mayor presencia demócrata podría ejercer más vigilancia sobre la administración Trump, cuestionar los efectos económicos de los aranceles y fortalecer las voces de empresas, trabajadores y consumidores estadounidenses afectados por las restricciones comerciales.

Sin embargo, mayores contrapesos legislativos no significan necesariamente menos proteccionismo. La competencia con China, la recuperación de la manufactura, la seguridad de las cadenas de suministro y la protección del empleo industrial son prioridades compartidas, con distintos matices, por ambos partidos.

Para México, el desafío es aprovechar este nuevo escenario.

El T-MEC continúa vigente, pero enfrenta incertidumbre. La decisión de Washington, en julio de 2026, de no aceptar su extensión por otros 16 años abrió una etapa de revisiones anuales. Aunque el tratado mantiene su vigencia prevista hasta 2036, las empresas necesitan horizontes más largos para justificar inversiones industriales, infraestructura y nuevas cadenas de suministro.

Los resultados electorales plantean cuatro implicaciones principales.

Primero, para la relación bilateral. México podría encontrar nuevos espacios de interlocución con legisladores, gobernadores, empresarios y sindicatos estadounidenses. Pero las diferencias sobre migración, seguridad y combate al narcotráfico seguirán presentes y podrían complicarse con la confrontación partidista en Washington.

Segundo, para las empresas mexicanas. Se abren oportunidades para demostrar los beneficios de la integración productiva, particularmente en las industrias automotriz, agroalimentaria, manufacturera y logística. Sin embargo, persistirán las exigencias sobre reglas de origen, condiciones laborales, trazabilidad de insumos e inversiones vinculadas con China. Las empresas deberán fortalecer su competitividad, diversificar proveedores y profundizar sus alianzas estadounidenses.

Tercero, para el comercio bilateral. México debe demostrar que los aranceles sobre automóviles, acero, aluminio y otros productos también perjudican a Estados Unidos: elevan costos de producción, encarecen bienes y debilitan cadenas de suministro construidas durante décadas. La integración norteamericana no es una concesión estadounidense a México, sino una ventaja competitiva compartida.

Cuarto, para el futuro del T-MEC. México debe acelerar las negociaciones sobre aranceles, reglas de origen, inversiones y certidumbre regulatoria. El objetivo inmediato es reducir obstáculos al comercio; el estratégico, conseguir una extensión duradera del tratado que restablezca la confianza necesaria para invertir y generar empleos.

Sería un error esperar que los avances demócratas debiliten suficientemente a Trump para facilitar las negociaciones. El presidente conservará importantes facultades comerciales y un Congreso dividido también puede producir parálisis y confrontación.

México necesita una estrategia que funcione independientemente de qué partido controle Washington. Debe construir una coalición permanente con empresas, productores agrícolas, trabajadores, legisladores y gobiernos estatales estadounidenses cuyos intereses dependen de la integración regional.

El verdadero éxito no será conseguir excepciones arancelarias temporales, sino consolidar una plataforma norteamericana capaz de competir globalmente, atraer inversiones y generar prosperidad compartida.

~ Javier Treviño

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En las elecciones de medio término votaron los ciudadanos estadounidenses, pero sus resultados se sienten mucho más allá de las fronteras de Estados Unidos. La derrota monumental de los republicanos, con la pérdida del control de ambas cámaras del Congreso y de varias gobernaturas importantes, ha debilitado considerablemente al presidente Donald Trump. En muchos países, la primera reacción ha sido de satisfacción, particularmente en Europa, tal vez la región que más ha resentido las consecuencias de su segundo mandato por los aranceles, el acercamiento a Putin, los cuestionamientos a la OTAN y las pretensiones sobre Groenlandia.

Los europeos tienen motivos para respirar con alivio. Aunque Trump conserva amplias facultades en política exterior, un Congreso controlado por los demócratas puede limitar sus márgenes de acción. La derrota republicana también puede afectar a los partidos de derecha radical en Europa, que hasta ahora han encontrado en Trump un importante aliado. Su debilitamiento podría llevarlos a tomar distancia, como ya había comenzado a hacer la primera ministra italiana Giorgia Meloni, con posibles consecuencias para las elecciones de 2027 en Francia y Polonia.

En América Latina, los resultados también abren un escenario interesante. Los gobiernos que han mantenido relaciones difíciles con Washington podrían encontrar mayores espacios de negociación, mientras que los dirigentes de derecha cercanos a Trump tendrán que reconsiderar hasta qué punto les conviene seguir identificándose totalmente con un presidente que acaba de sufrir una derrota en su propio país. Sin embargo, sería un error pensar que la derrota republicana transformará automáticamente la política estadounidense hacia la región. En temas como migración, seguridad, comercio y competencia con China existe un consenso que trasciende las diferencias partidistas. Además, podría haber un mayor escrutinio de la situación de la democracia en la región por parte de los demócratas, que ahora controlan el Congreso.

Trump sale de estas elecciones convertido en un presidente herido, pero eso no significa que será menos confrontativo. Puede optar por una batalla permanente con los demócratas o trasladar buena parte de esa confrontación al escenario internacional, como hicieron en el pasado otros presidentes estadounidenses en situaciones similares, dado que es ahí donde conserva importantes facultades ejecutivas.

La guerra con Irán y los elevados precios del petróleo complican su situación, pero no es descartable que, en este nuevo escenario, Trump tenga que ceder ante algunas demandas iraníes para poner fin a un conflicto que contribuyó a la derrota republicana. Las próximas cumbres de APEC en China y del G20 en Miami, a las que Trump llegará políticamente debilitado, serán una prueba importante para la nueva etapa que tendrá que afrontar durante la segunda mitad de su mandato. Por lo pronto, aunque en muchas capitales del mundo se celebra la derrota republicana, conviene moderar el entusiasmo.

~ Beata Wojna


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