María Corina Machado, desde la fundación de su partido VENTE Venezuela, se ha definido como liberal de centro, equidistante de los extremos y promotora de los derechos humanos, los bienes públicos y el libre mercado. Pero no es fácil entender a qué se refiere la venezolana en un mundo en el que se es de derecha o se es de izquierda.
Machado ha sido calificada de “ultraderechista”, “derechista”, “conservadora” y “liberal de derecha”, siempre en términos despectivos en lugar de descriptivos o analíticos. No queda claro qué significan estas palabras respecto a ella, más allá de las alianzas y apariciones con políticos calificados como tales. Se olvida que los políticos de izquierda –Lula, Sheinbaum, Petro, Kirchner, Sánchez– no quisieron tomarse la fotografía con la oposición venezolana; es decir, prefirieron complacer al sector autoritario de sus bases y hacerse la vista gorda con la dictadura de Maduro que abrirse al diálogo con la oposición, cuya lucha persigue lo mismo que estos gobernantes tienen en sus países: elecciones libres, instituciones relativamente autónomas, pluralismo político, libertades civiles y una economía funcional. Los gobernantes de la llamada izquierda democrática han rechazado a la oposición venezolana, no al revés.
Los vocabularios políticos de los medios complican la situación; por ejemplo, se habla de la ultraderecha, pero no de la ultraizquierda. Si Vox y Agrupación Nacional son de “ultraderecha” (al igual, supuestamente, que Donald Trump, Benjamin Netanyahu, José Antonio Kast, Javier Milei y Giorgia Meloni), Podemos o Francia Insumisa representarán a la “ultraizquierda”. Estos extremos políticos, en principio, se oponen a la democracia liberal, basada en el pluralismo político y en la alternabilidad, aunque hasta el momento han jugado con sus reglas, a diferencia de la Revolución bolivariana o la Rusia de Putin. Machado de ningún modo puede calificarse de ultraderecha porque defiende firmemente los principios básicos de la democracia liberal. Ha hecho alianzas con políticos odiados universalmente, verbigracia Donald Trump y Benjamin Netanyahu, que se irán del poder, a diferencia de Putin, Castro o Xi.
El apoyo de Estados Unidos es indispensable para la oposición venezolana, tomando en cuenta que del otro lado estaban Rusia, China e Irán; ciertamente, Donald Trump es un presidente escandaloso, procaz y populista, pero si torear a este personaje hace ultraderechista a María Corina Machado, los mandatarios de Brasil, México y Colombia, que se han vuelto expertos en decirle al gringo lo que quiere escuchar, no se quedan muy atrás. Valdría la pena recordarle a la siempre olvidadiza opinión de izquierdas, hoy muy dispuesta a juzgar a Machado, que Hugo Chávez, tan admirado por dichas izquierdas del continente durante la llamada “marea rosa”, literalmente adoraba los gobiernos vitalicios al estilo de los de Fidel Castro o Vladimir Putin. Nunca oí o leí que se le calificara de totalitario o de ultraizquierdista desde las izquierdas; tampoco de genocida cuando apoyó las acciones criminales e imperialistas de la Rusia de Putin, al estilo de la guerra en Chechenia.
El binomio izquierda y derecha es poco esclarecedor. Cuando me defino como demócrata liberal causo desconcierto: soy feminista, activista LGBTQ, además de defensora de los derechos humanos universales, del pluralismo político, la libertad de expresión y la separación de poderes. ¿Soy de izquierda o de derecha? Efectivamente, prefiero la economía de mercado que la controlada de manera absoluta por el Estado porque he sido testigo del fracaso de este modelo. Si respaldar la economía de mercado me hace de derecha, me temo que Sheinbaum, Boric, Lula, Sánchez, Petro y Kirchner son derechistas, en tanto no desmontaron la economía de mercado en sus países, suponemos que para evitar la ruina venezolana y cubana. Machado es una firme defensora de la economía de mercado y de la inversión privada, indispensables para sacar de la ruina a Venezuela nos guste o no. Hugo Chávez, cuyas políticas sociales encandilaron a la izquierda regional, cabalgó sobre la millonaria renta de la industria petrolera, empresa pública a la que su gobierno y el de Nicolás Maduro destruyeron. No hay más remedio, como lo está haciendo el régimen de Delcy Rodríguez, que abrir la otrora floreciente industria petrolera al capital privado. En Venezuela, por lo visto, hasta los chavistas son de derecha.
Machado no es conservadora porque en Venezuela no hay nada que conservar. Si el asunto del conservadurismo tiene que ver con que se define como cristiana y defensora de la familia, entonces todo el continente es conservador. Ha dicho que ella no se haría un aborto, pero entiende que la sociedad debe abrirse a este tema; defiende la posibilidad del matrimonio igualitario y no rechaza el debate sobre la legalización de las drogas. Yo, como atea y como demócrata, lamento que Venezuela revuelva la política con la religión, herencia lamentable de la Revolución bolivariana, siempre empeñada en mezclar la gimnasia con la magnesia y proclamar a Cristo como socialista; sin embargo, Machado en ningún momento ha planteando un estado confesional, al estilo de los estados islámicos frente a los cuales la izquierda calla para no pecar de “islamófoba”.
Machado ha sido llamada también “liberal de derechas”. Ignoro lo que esto significa, aunque una vez me dijeron como insulto “liberal de izquierdas”. Hay periodistas que utilizan etiquetas para contentar a sus editores, lectores y colegas, sin detenerse en lo que significan, en un acto de evidente pereza intelectual.
Detrás de estos epítetos a Machado, a los que se suman los de fascista-colonialista-colonizada-genocida y hasta “esclavista”, se esconde el colonialismo hegemónico de las izquierdas (sí, hay un colonialismo de izquierdas). Me refiero a una certeza, plena de desprecio e ignorancia, acerca de la idiotez congénita del “tercer mundo”, el “sur global”, los “pueblos colonizados y racializados”. La venezolana ganó una primaria con más del 90% de los votos y lideró un proceso modelo de lucha democrática que terminó en la victoria electoral del 28 de julio de 2024. Arrasó en los sectores populares, en gente de todos los colores de piel, ideologías políticas y niveles educativos, con un mensaje democrático fundado en la reunificación de los venezolanos, una economía sensata y la fundación de una sólida institucionalidad democrática. Si ella es de ultraderecha, quiere decir que todos los que la acompañaron también lo son y que se trata de una población masoquista que quiere ser pisoteada. No es así, de lo que queremos es salir de quien nos ha pisoteado todos estos años: la Revolución bolivariana. ~