La app del INE puede mejorar, pero ya ha ofrecido beneficios tangibles

La app para la recolección de firmas, uno de los aspectos más novedosos del proceso para obtener el registro de una candidatura independiente, ha sido también uno de los más polémicos. Los datos, sin embargo, muestran que, lejos de ser un obstáculo, ha ofrecido beneficios tangibles.
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Hace tres meses más de 280 mujeres y hombres se lanzaron a la difícil tarea de juntar las miles de firmas que, de acuerdo con la ley electoral, deben conseguir para obtener el registro como candidatos independientes federales y así poder competir en las elecciones de este año.

El tamaño de la proeza varía de acuerdo con el tipo de candidatura: va de 4,436 firmas para algunas candidaturas independientes a diputado federal, a 866,593 firmas para todos los aspirantes a una candidatura independiente presidencial. Adicionalmente, los aspirantes deben recabar sus firmas cumpliendo con ciertos criterios de distribución geográfica.

Uno de los aspectos más innovadores de este proceso, la aplicación para dispositivos móviles (o app) que el Instituto Nacional Electoral (INE) desarrolló para recolectar las firmas de apoyo ciudadano, ha sido también uno de los más polémicos.

La app fue aprobada por el Consejo General del INE el 28 de agosto de este año y parece haber sido motivada por la experiencia del anterior proceso electoral federal. En aquella ocasión –la primera en la que existió la figura de candidaturas independientes– 41 aspirantes buscaron obtener el registro como candidato independiente a diputado federal. Para eso, tuvieron que recabar diversos datos personales de ciudadanos (todos ellos definidos en la ley) a través de formularios impresos y copias de sus credenciales de elector, mismas que después entregaron físicamente al INE para que fueran validadas.

Este mecanismo resultó ser ineficiente tanto para los aspirantes, quienes debían recolectar el apoyo de miles de ciudadanos en sesenta días (en conjunto, recabaron 259,426 firmas), como para el INE, autoridad que tiene la obligación legal de verificar la veracidad de los datos incluidos en cada formulario presentado por un aspirante en un plazo muy limitado. Adicionalmente, dado que los datos personales de los ciudadanos se registraron en formularios impresos que fueron llenados, agrupados y transportados por diferentes personas, garantizar la privacidad de dicha información se convirtió en una tarea muy difícil.

De manera poco sorprendente, mientras que hace tres años los aspirantes a candidatos independientes centraron sus críticas en que tenían que recolectar el apoyo ciudadano a través de formatos impresos y copias de las credenciales de elector, en esta ocasión han cuestionado a la app del INE en al menos dos dimensiones: la app no funciona bien (ejemplos 1 y 2) y/o la app es intrínsecamente discriminatoria (ejemplos 1 y 2).[1]

El INE atendió y el Tribunal Electoral resolvió diversos aspectos relacionados con el potencial efecto discriminatorio de la app. Sin embargo, aún cuando el INE liberó la versión 2.0 de la aplicación el 9 de noviembre (la versión actual es la 2.2), y con ello resolvió una parte importante de los cuestionamientos sobre el funcionamiento de la misma, han continuado las críticas de este último tipo (ver ejemplos 1, 2 y 3).

¿Qué motiva estos cuestionamiento? Existen al menos dos alternativas. La primera es que, efectivamente, la app no funcione bien. La otra opción es que la app esté siendo utilizada como excusa frente a la falta de experiencia, recursos y/o planeación de las y los aspirantes para recabar las firmas que requieren.

Si la app no funciona bien, entonces deberíamos observar al menos dos cosas. La primera y más obvia es que debería haber pocas firmas recabadas a lo largo de todo el proceso. Sin embargo, la información publicada diariamente por el INE muestra lo contrario.

Hasta el 12 de diciembre, día en que se cumplió el plazo de 60 días equivalente al que tuvieron los aspirantes en 2015, los 270 aspirantes que se mantenían activos habían recabado colectivamente, en promedio, 51,005 firmas diarias,[2] para sumar poco más de 3 millones de firmas en total. Si bien es cierto que el número de aspirantes de este año es significativamente mayor que el de hace tres (270 vs. 41), también lo es que el promedio de firmas recabadas individualmente por los primeros es casi el doble que el de los segundos: 11,334 vs. 6,328.

Ahora, si solo comparamos el desempeño durante los primeros 60 días de los 41 aspirantes a candidato independiente para diputado federal de 2015 respecto al de los 170 de 2017-2018,[3] en principio parecería que los primeros fueron más productivos pues, en promedio, recabaron más firmas de forma individual: 6,328 vs. 4,071. Pero si limitamos la comparación de la productividad del top-22 de aspirantes de cada proceso electoral, tenemos que en 2017-2018 los aspirantes han sido 28.4% más productivos que en 2014-2015: 11,618 vs. 9,050 firmas.[4]

Además, mientras que en 2015 solo 24 aspirantes juntaron el mínimo de firmas válidas (posteriormente dos no obtuvieron el registro por no cumplir otros requisitos legales), hasta el 12 de diciembre del año pasado 43 aspirantes ya tenían las firmas válidas mínimas para obtener la candidatura. Al momento de escribir esta entrada, 65 aspirantes habían logrado validar el número mínimo de firmas que requerían para cumplir este requisito legal, aunque esta cifra probablemente disminuya como resultado de la investigación que lleva a cabo el INE (vuelvo a este punto más adelante).

El segundo fenómeno que deberíamos observar si la app no funcionara correctamente es que todos los aspirantes a candidato independiente deberían enfrentar dificultades similares para recolectar firmas y, consecuentemente, su desempeño debería ser muy parecido. Nuevamente, los datos del INE indican que esto no es así.

Para ilustrar este punto me concentro en los datos de los 170 aspirantes a candidato independiente a diputado federal que se mantenían activos hasta el 12 de diciembre pasado, cada uno de los cuales es representado por un punto en la siguiente gráfica. Mientras que el eje horizontal indica el porcentaje de firmas recabadas por cada aspirante, el eje vertical muestra el número mínimo de firmas que debe recolectar.

 

Esta gráfica revela dos datos importantes. Primero, el porcentaje de firmas obtenidas por los aspirantes no está sistemáticamente asociado al umbral de firmas que deben recolectar (el coeficiente de correlación es de 0.00). Segundo, y más relevante para los fines de este texto, existe una enorme variación en el porcentaje de firmas obtenidas por los 170 aspirantes incluidos en la gráfica. Es decir, su desempeño ha sido muy diferente a pesar de que todos han usado la misma app.

En conjunto, los datos disponibles sugieren que si bien el funcionamiento de la app puede mejorarse, ésta no ha sido un impedimento para que un número considerable de aspirantes[5] junten el número de firmas que necesitaban mucho antes de que se venciera el plazo legal para hacerlo.

De hecho, lejos de ser un obstáculo, la app ha ofrecido beneficios tangibles y valiosos tanto a la ciudadanía, como a los aspirantes a candidato independiente y al INE.

Por un lado, los reportes diarios generados a partir de la información recopilada por la app representan un ejercicio inédito de transparencia en la materia, mismo que los ciudadanos podemos consumir cotidianamente para diferentes fines (como este análisis, por ejemplo).

Por otro lado, el sistema informático que se nutre a partir de la app -y al cual tienen acceso todos los aspirantes mediante un portal individualizado– representa una herramienta muy útil para que los aspirantes a candidato independiente monitoreen diariamente su progreso, así como para que, en caso de ser necesario, corrijan la estrategia que han adoptado. 

Por último, si bien la validación de los apoyos ciudadanos no se lleva a cabo a través de la app sino en un proceso posterior, los expedientes electrónicos generados por la aplicación al capturar cada apoyo ciudadano han contribuido a que el INE pueda automatizar la revisión y validación de la gran mayoría de las firmas.[6] De hecho, fue gracias a estos expedientes electrónicos que el Instituto parece haber detectado las irregularidades que diversos funcionarios denunciaron la semana pasada.

 

 

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[1] Esta segunda crítica tiene fundamentos. Sin duda, el que se requiera de dispositivos móviles de gama media o alta dificulta que un importante sector de la población pueda ayudar, si así lo quisiera, a un aspirante. Sin embargo, quienes plantean esta postura parecen no considerar que la alternativa es todavía más compleja. Como sucedió en 2015, implicaría que cada aspirante (i) tendría que imprimir con sus recursos los formatos para registrar manualmente los datos de los ciudadanos que desean apoyarlo, y (ii) tendría que acompañar cada uno de estos formatos con una fotocopia de la credencial de elector del respectivo ciudadano. Esta alternativa hubiera sido particularmente cara y compleja en términos logísticos (p. ej., poder fotocopiar las credenciales de elector en comunidades remotas) para los aspirantes a una candidatura independiente presidencial, quienes tienen que recabar más de 866 mil firmas en al menos 17 entidades del país.

[2] Esto implica que, en promedio, cada cinco días los aspirantes de 2017-2018 recaban casi el mismo número de firmas que todos los apoyos recabados por los aspirantes en 2014-2015 en 60 días.

[3] En el resto del análisis utilizo la información con corte al 12 de diciembre de 2017 para poder comparar los datos del proceso electoral de 2017-2018 con los de 2014-2015.

[4] Elegí hacer el corte en 22 porque ese es el número de aspirantes que lograron el registro como candidatos independientes en 2015. Esta brecha en la productividad aumenta conforme se considera un número más amplio de aspirantes de cada proceso electoral.

[5] Al 12 de diciembre, 62 aspirantes a candidato independiente a diputado federal habían recolectado 100% o más de las firmas que requerían, de los cuales 43 ya habían conseguido que el INE validara el mínimo para obtener la candidatura. Adicionalmente tres aspirantes a candidato independiente a senador y uno a presidente (Jaime Rodríguez “El Bronco”) habían recabado más del 100% de las firmas que requerían.

[6] Este es un punto particularmente relevante si consideramos que al 14 de enero se habían recabado casi 6 millones de firmas.

 

 

 

 


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