Los jóvenes y la violencia política: lecciones de una encuesta

¿Son los jóvenes más propensos que los adultos a justificar la violencia política? ¿Y depende esa propensión de sus ideas políticas?
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La trágica muerte de Quentin Deranque ha reabierto el debate sobre la relación de los jóvenes con la violencia política. ¿Es el atractivo por la violencia consustancial a la juventud? ¿Se ha intensificado? ¿Depende del posicionamiento político o de otras características sociales? Una amplia encuesta realizada en septiembre de 2021 sobre una muestra representativa de 8.000 jóvenes franceses de entre 18 y 24 años (con una muestra espejo de miembros de la generación de los padres y de la generación de los baby boomers) permite arrojar algo de luz. Dicha encuesta planteaba dos series de preguntas sobre el tema: una sobre la justificación de la violencia para protestar, expresar la rabia o defender las propias ideas, y otra sobre la tolerancia hacia una serie de comportamientos violentos en materia política.

Los jóvenes, más tolerantes con la violencia política

Un primer resultado atañe a la justificación general de la violencia política en función de la edad. Los jóvenes están más dispuestos a admitirla que los miembros de la generación de sus padres, y más aún que la de los boomers: el 22% de los jóvenes considera justificable recurrir a la violencia para expresar sus ideas o protestar, frente al 16% en la generación de los padres y el 10% en la de los boomers. No obstante, las diferencias entre las dos primeras generaciones no son considerables. La violencia política no es patrimonio exclusivo de la juventud. Sin embargo, un examen más detallado de los tipos de acciones violentas toleradas por unos y otros revela que las generaciones de mayor edad son más reacias que los jóvenes a admitir comportamientos físicamente violentos, como por ejemplo “enfrentarse a la policía”: el 40% de los jóvenes lo considera aceptable o al menos comprensible, frente a solo el 22-23% de las otras dos generaciones. Los daños al espacio público también son mucho menos tolerados por las generaciones de mayor edad: el 16% de los jóvenes dice poder admitirlos o comprenderlos, frente al 8% de los padres y el 5% de los boomers.

Cuanto más a la izquierda, mayor tolerancia con la violencia política

Otro resultado llamativo concierne al vínculo entre el posicionamiento político o la afinidad partidista y la justificación de la violencia. La figura 1, sobre la tolerancia hacia la violencia política en función del posicionamiento en la escala izquierda-derecha, muestra que dicha tolerancia alcanza su nivel máximo en los dos primeros peldaños de la escala –el 1 y el 2–, correspondientes a la extrema izquierda. Los jóvenes cercanos a la extrema derecha también justifican (de forma total o bastante marcada) la violencia política con mayor frecuencia, pero en un nivel notablemente inferior: el 44% en el caso de la extrema izquierda, frente al 32% para la derecha más extrema, en la posición 10. La otra información que ofrece la figura, la curva azul, se refiere a la tolerancia hacia las acciones políticas violentas (véase nota 1) y arroja resultados idénticos. Los jóvenes situados en estos niveles extremos de la escala izquierda-derecha son una minoría muy reducida (el 4% en las posiciones 1-2, el 3,5% en las 9-10), al igual que los partidarios más convencidos de la violencia política (el 6% la considera “del todo justificada”). Estos dos comportamientos minoritarios –el extremismo político y la justificación de la violencia política– están muy correlacionados, aunque más en la extrema izquierda que en la extrema derecha.

Estos resultados se ven confirmados asimismo por los relativos a la afinidad partidista: el 41% de los jóvenes que se sienten próximos a La France Insoumise justifica (total o bastante) la violencia política, frente al 26% de quienes simpatizan con el Rassemblement National y el 25% de los cercanos a otras formaciones políticas. Conviene señalar, no obstante, que la sobrejustificación de la violencia política entre los jóvenes próximos al RN apenas resulta perceptible, mientras que es nítida entre quienes se ubican más a la derecha de la escala. Es posible que el RN atraiga a jóvenes con un perfil ideológico más diverso que los cercanos a LFI. Este efecto de proximidad entre la violencia política y la extrema izquierda se mantiene al controlar las características sociales de los jóvenes. En otras palabras, se trata de un efecto específicamente político.

Figura 1. Justificación de la violencia política por parte de los jóvenes de 18 a 24 años y posicionamiento político (Encuesta Jeunesse Plurielle, 2021)

Lectura: el gráfico recoge dos informaciones; las barras naranjas (escala de la derecha) corresponden al porcentaje de jóvenes que justifican (total o bastante) la violencia para protestar o defender sus ideas; la curva azul (escala de la izquierda) corresponde a un índice sintético de tolerancia hacia 11 acciones políticas violentas. Las cifras en blanco dentro de cada barra corresponden al porcentaje de jóvenes que se sitúan en ese nivel de la escala izquierda-derecha (2,2% en el nivel 1).

Violencia política y violencia ordinaria

Aunque existe un vínculo innegable entre el posicionamiento político y la tolerancia hacia la violencia política, cabe preguntarse en qué medida ese atractivo por la violencia política responde también a una inclinación general hacia la violencia ordinaria. ¿Existen personalidades violentas que tienden a justificarla en todos los ámbitos de la vida social, política y personal? En un artículo anterior analicé esta cuestión a partir de la misma encuesta y respondí afirmativamente, mostrando en particular que cuanto menos rechazaban los jóvenes la violencia política, menos condenaban también la violencia doméstica (considerando menos grave, por ejemplo, “empujar a la pareja durante una discusión”). A la inversa, una mayor tolerancia hacia la violencia política se asocia a una tolerancia más alta hacia la violencia en el ámbito privado. Existen, pues, personalidades que, por un conjunto de razones personales, biológicas o sociales, se sienten atraídas por la violencia, tanto pública como privada.

Sin embargo, no es esta inclinación intrínseca hacia la violencia la que explica el atractivo por la violencia política entre los jóvenes de extrema izquierda. En efecto, a diferencia de los demás jóvenes, entre ellos no existe correlación entre violencia política y violencia privada. Su atracción por la violencia política no responde a rasgos de personalidad, sino a ideas políticas que les llevan a justificarla.

Violencia política y radicalidad revolucionaria en la extrema derecha y la extrema izquierda

Los jóvenes extremistas, de derecha o de izquierda, están dos veces más convencidos que los demás jóvenes de la necesidad de un cambio radical en la sociedad “mediante una acción revolucionaria” (44% frente al 23%). Pero ese atractivo por la radicalidad revolucionaria está mucho más fuertemente asociado a la violencia política entre los jóvenes de extrema izquierda que entre sus homólogos de extrema derecha, como muestra el cuadro 1. En efecto, los jóvenes de extrema izquierda con vocación revolucionaria justifican la violencia política el doble de veces que los de extrema derecha que también suscriben ideas revolucionarias. Dicho de otro modo: por razones aún por dilucidar, la radicalidad política, la voluntad de “romper con todo” y de transformar la sociedad de raíz, está hoy mucho más asociada a la violencia en la extrema izquierda que en la extrema derecha. Esta diferencia no puede explicarse por razones históricas, ya que existe una larga tradición de violencia política en ambos extremos del espectro político.

Cuadro 1. Justificación de la violencia política en función del posicionamiento político y de la voluntad de cambiar la sociedad mediante la revolución o las reformas

Lectura: el 62% de los jóvenes de extrema izquierda que optan por cambiar radicalmente la sociedad mediante una acción revolucionaria justifican la violencia política para defender sus ideas; algo que solo hace el 33% de los jóvenes revolucionarios de extrema derecha.

Desde los años treinta hasta las décadas de 1960 y 1970, el péndulo de la violencia política osciló sin cesar entre la extrema derecha y la extrema izquierda: las ligas de extrema derecha (Action Française, Croix de Feu) en los años treinta, con los disturbios del 6 de febrero de 1934 como punto álgido; a raíz del mayo del 68, el surgimiento de grupos de extrema izquierda que preconizaban la lucha armada (Action Directe) y reivindicaban atentados y asesinatos (como el de Georges Besse); y grupos neofascistas violentos como el GUD en la misma época. Sin embargo, a partir de los años 2000, la radicalidad violenta de extrema derecha parece haber declinado, al menos en su forma organizada (¿quién recuerda aún al GUD?), aunque siguen produciéndose acciones aisladas de carácter racista o negacionista. La radicalidad violenta de extrema izquierda se manifiesta principalmente durante las manifestaciones, salpicadas en sus márgenes de destrozos, enfrentamientos con la policía y actos violentos cometidos por jóvenes de extrema izquierda radicalizados (black blocs).

La persistencia de una radicalidad violenta más marcada en la extrema izquierda que en la extrema derecha puede explicarse, quizás, por la progresiva normalización del Front National, reconvertido en Rassemblement National (el cambio de nombre no es anodino). Al sentirse mejor integrados en el juego político institucional, los simpatizantes de extrema derecha pueden albergar la esperanza de que sus ideas triunfen en las urnas. Evidentemente, ese no es el caso de los jóvenes de extrema izquierda, cuyos principales representantes políticos exhiben, por lo demás, un sólido desprecio por la democracia parlamentaria y mantienen un discurso extremadamente radical y violento. Sea cual sea la vacuidad de sus propuestas, el RN afirma querer alcanzar sus fines por vías institucionales. Cuesta creer que lo mismo pueda decirse de LFI, el principal partido de extrema izquierda. ¿Arrastra a sus simpatizantes hacia la vía de la violencia, o simplemente da respuesta a su demanda? En todo caso, parece existir una verdadera simbiosis entre esta fuerza política y sus adeptos a la hora de justificar la violencia política.

Publicado originalmente en Telos.


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