Por qué es un error censurar a Trump de Twitter y Facebook

Algunos argumentos en contra de la eliminación de las cuentas de Donald Trump en Twitter y Facebook.
AÑADIR A FAVORITOS

Una decisión perezosa. La justificación de Twitter para eliminar la cuenta de Donald Trump es muy pobre. La red social afirma que dos tuits que envió el 8 de enero (“Los 750.000 patriotas americanos que votaron por mí, AMÉRICA PRIMERO, y HAGAMOS GRANDE A AMÉRICA DE NUEVO, tendrán de nuevo una VOZ GIGANTE en el futuro. No serán tratados injustamente ni irrespetuosamente de ninguna manera” y “Para todos los que me preguntan, no acudiré a la Inauguración el 20 de enero”) incitan a la insurrección y a la violencia. Es muy difícil verlo así. Hay cientos de tuits más incendiarios del presidente que podrían haber justificado la eliminación de su cuenta. Durante años ha defendido a la ultraderecha violenta y atacado a minorías. Sus vídeos publicados en la red horas antes de la insurrección del Capitolio son claramente incitación a la violencia.

Pero los dos tuits usados como prueba para su cancelación no son justificación suficiente. La decisión de Twitter parece más una demostración de fuerza, ahora que Trump deja la presidencia, que una decisión razonada. Es una cuestión delicada pero es sorprendente que una empresa como Twitter, que lleva años debatiendo sobre libertad de expresión y sus límites legales y preguntándose si debería intervenir más en el contenido de los mensajes de sus usuarios, justifique de manera tan perezosa la eliminación de alguien tan importante.

Efecto boomerang. Algo que se ha señalado mucho: sienta un peligroso precedente. ¿Dónde establecemos el límite? ¿Qué hacemos con las cuentas de dictaduras y dictadores? ¿Y si en unos años quien lidera Twitter no es un demócrata liberal sino un autoritario que elimina cuentas de usuarios de Black Lives Matter que animan a salir a la calle a protestar? Lo que para algunos es subversión e insurrección para otros es protesta legítima, y viceversa. 

Las grandes tecnológicas son más que empresas privadas. El argumento, muy común, de que Twitter es una empresa privada y puede hacer lo que quiera es perezoso y cínico. Serviría en un bar en el que el dueño se reserva el derecho de admisión. Pero Twitter y Facebook (que también ha cancelado su cuenta) son más que simples empresas privadas. Ofrecen un servicio público, proporcionan un foro global, tienen una responsabilidad que va más allá de una empresa común. Las grandes tecnológicas no ofrecen servicios al uso, ofrecen infraestructuras de comunicación. Si una empresa privada te corta el acceso a internet, está en su derecho como empresa privada, pero inevitablemente está coartando tu libertad de expresión.

Toda la legislación sobre datos privados en plataformas (desde la ley de “derecho al olvido” a la GDPR, el Reglamento General de Protección de Datos de la UE) tiene en cuenta esto: son empresas privadas cuyo objetivo social trasciende la simple transacción comercial privada, es decir, son empresas con tanto poder y tamaño que son infraestructuras y servicios públicos.  Google, por ejemplo, más que una empresa privada es sinónimo de internet. Si no apareces en Google, no apareces en internet. ¿Qué alternativa a Google hay? Y, seamos realistas, ¿qué alternativa hay a Twitter o Facebook? Obviamente Trump, como presidente de EEUU, tiene innumerables canales para expresarse. Pero es muy cínico decir que si te echan de Twitter o Facebook puedes usar otras plataformas; prácticamente no existen.

No solo los Estados censuran. La opinión clásica sobre la censura es que solo los Estados pueden ejercerla. Es una visión anticuada. Las grandes tecnológicas son Estados autoritarios supranacionales capaces de regular la circulación de la información a nivel global. Hay libertarios preocupados por la censura estatal a los que no les molesta la censura privada de una empresa monopolística con más poder que muchos Estados. Esto no significa que los gobiernos deban intervenir discrecionalmente, pero es importante recordar que las empresas tecnológicas no son simples empresas privadas. Las decisiones de los Estados democráticos, al menos en la teoría, tienen una legitimidad de la que carecen las empresas privadas. La eliminación de la cuenta de Trump de Twitter se debería haber debatido en un tribunal y no en un consejo de administración.