Daniel Gascón

Pregunta 6: CIS para lingüistas

Un análisis de una de las preguntas del CIS de abril.
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Esta es la pregunta número 6 del barómetro especial del Centro de Investigaciones Sociológicas de abril.

 

¿Cree Ud. que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?

 

“En estos momentos”: es una situación excepcional. Pero, por supuesto, la razón por la que se emplea es otra. La excepcionalidad responde al interés del gobierno. “En estos momentos” responde a que el gobierno ha decidido activar la idea de que el problema son los bulos y no la pandemia y su gestión, que contiene numerosos ejemplos de descoordinación logística, médica, legal e informativa, y abundantes intentos de borrar las huellas de esos errores.

El sintagma justifica la medida excepcional (¡la normaliza!) y establece el marco: esta pregunta sirve para impulsar la agenda del gobierno, que es estigmatizar las versiones que no concuerden con la suya y legitimar restricciones a la libertad de expresión invocando el deseo de los españoles. El gobierno está siendo más previsor con las mordazas que con las mascarillas.

La estructura de la frase se parece a un descarrilamiento, que combina la mala fe y la torpeza sintáctica. Por ejemplo, se ve en la coordinación copulativa, que en teoría uniría elementos del mismo tipo: así, “los bulos e informaciones poco fundamentadas” están al mismo nivel.

No está claro qué es un bulo (¿por ejemplo, un vicepresidente del gobierno que dice que en España el poder civil está sometido al poder militar?) ni quién decide qué es una información poco fundamentada.

A veces da un poco de reparo manifestarse a favor de la censura de la prensa. Otra cosa es si nos dicen, como estos días, que convendría controlar “los bulos de la extrema derecha”. Eso es muy distinto.

Según el planteamiento de la pregunta (“remitiendo toda la información sobre la pandemia”), quien está a favor de que se prohíba la difusión de esos contenidos en redes sociales está a favor de que solo las fuentes oficiales puedan informar de la pandemia. Es decir, es automáticamente partidario de una especie de mando único que no permitiría publicar informaciones de otros estudios, entrevistas con epidemiólogos, testimonios de pacientes o enfermos, etc. Todos los medios deberían estar subordinados a las fuentes oficiales controladas por un gobierno que es capaz de pervertir de este modo el centro de estudios de opinión.

Si los bulos y las informaciones poco fundamentadas son equivalentes, la disyunción se establece en dos posibilidades antagónicas: o bien estás a favor de que solo se informe a través de fuentes oficiales, o de una libertad total, donde no habría ningún tipo de control en ningún caso.

El 66,7% de los encuestados han respondido que sí. Pero la respuesta siempre depende la pregunta, que en este caso es extraordinariamente tramposa.

Por último, hay una ambigüedad tan llamativa como elocuente. “Habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales”, y quizá la frase muestra el objetivo principal y el elemento que quería ocultar: habría que imposibilitar la difusión de mentiras y relatos discordantes, para que sean únicamente las fuentes oficiales las que extiendan sus bulos sin esa incómoda competencia.

 

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