Acerca de la marcha por la paz

Una apreciación acerca de la marcha por la paz en la capital del país. 
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El siete de abril pasado publiqué en las páginas editoriales de Milenio Diario el artículo que aquí abrevio: 

 

De por qué emprendí la no graciosa huida

Ayer a las exactas cinco de la tarde, asistí al acto en la explanada frente al Palacio de las Bellas Artes del que anteayer había candorosamente escrito lo siguiente:

“El columnista no es un entusiasta de las marchas multitudinarias adjetivadas por una ideología política o cualquier doctrina partidista, pero en este caso quiere unirse a un ciudadanaje a la vez dolido y temeroso ante la gran oleada de criminalidad  que se extiende por el país, y quiere expresar su solidaridad con las familias de los asesinados y además hacer algo, aunque sea meramente simbólico, respecto a la terrible situación que vivimos en México.

“Al acercarme a la explanada del Palacio de las Bellas Artes, en la que calculo que en ese momento habría unas quinientas personas, oí  clamores y vi pancartas que proclamaban “¡Los asesinos están en Los Pinos”, y “Sacaremos a Calderón de Los Pinos”. Y no se oía ni una voz que disintiera de esas barbaridades o proclamara algo de otro estilo.

“Me apresuré a honrar el acto con mi ausencia, recordando que esa misma mañana, desde mi columna impresa, había implícitamente invitado al acto a mis tres lectores (que son los que, tal vez exagerando, creo tener). Y porque soy responsable de mis textos, explico el porqué de mi retirada. No estoy de acuerdo en que un acto, anunciado como favorable a la paz y la justicia y por solidaridad con las familias de los asesinados en Temixco, lo aprovechen los profesionales del Resentimiento. Participar en una manifestación que estaba siendo teñida por tendencias politicoides y en el que se  gritaba coralmente lo que entiendo es una mentira (pues a mi parecer los aludidos asesinos son otros), me convertiría en un borrego cómplice de la politiquería más fanática, baja y sucia.

“Ahora por los noticiarios “en directo”  de la televisión pasan noticias visuales de la manifestación y no se ven ni se oyen las pancartas y las consignas gritadas, aulladas, ladradas en el inicio de ese acto por la paz y la unidad. Qué bien, quizá aquello cambió de sentido y de tono y volvió a su anunciado propósito. Pero con aquel inicio ya había tenido yo más que bastante. No me gusta hacerles el caldo gordo a los profesionales del Resentimiento.”

 

Hoy, a un par de días de realizada la nueva marcha titulada “Por la Paz y la Justicia”, a la cual convocó y encabezó Sicilia para efectuarse en la capital del país, he advertido, a partir de la lectura de una amplia y diversa gama de opiniones acerca del asunto vertidas en prensa, televisión y otros medios, que, lejos de que las cosas hayan cambiado, siguen igual… pero peor: el “movimiento” se ha radicalizado hacia banderías ideológicas “de izquierda” que desvirtúan el propósito inicial de abarcar a una diversidad de ciudadanos de diversos modos de pensar los problemas del país pero unidos en el propósito de expresar su reclamo de paz y justicia. Ahora personajes y grupos muy visible y ruidosamente protagónicos e “ideologizados” se trepan al “movimiento” iniciado por Javier Sicilia y lo van encajonando en una tendencia política de afines banderías: son tanto las huestes del SME como las de López Obrador y enmascarados del Ejército Zapatista, etc., mientras el mismo Sicilia, con quien no dejo de condolerme por su desgracia, toma cada vez más la gesticulación y la retórica mesiánicas (“soy la voz de la tribu”, declara) y, desoyendo consensos del “movimiento social” por él mismo iniciado, no sólo parece intentar convertirlo en una gran bandería más, sino que además incurre en un modo de chantaje político con la exigencia de que, a cambio de un diálogo con el gobierno, sea destituido el secretario de Seguridad Pública federal, quien casualmente es precisamente el que ha hecho la mejor labor posible en el combate al crimen organizado. 


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