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La parte del discurso de AMLO dedicada al amor y a la moral el domingo en el zócalo es absolutamente conmovedora. En resumen dijo que la crisis se debe a que hay gente muy mala y codiciosa que adora el dinero y tiene “la creencia de que se puede triunfar a toda costa sin escrúpulos morales de ninguna índole.” Lo bueno es que se puede luchar contra esa gente mala yendo al “México profundo”, donde hay una “reserva moral y cultural” que es “la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo”. Con esa bondad se puede alcanzar la única felicidad verdadera que consiste en “hacer el bien en pos (sic) de los demás”. En suma, continúa AMLO, se trata de formar “mujeres y hombres buenos y felices, bajo la premisa de que ser bueno es el único modo de ser dichoso”.

Pero ¿y la recesión, y el narco, y la catástrofe educativa? No es problema: “la descomposición social se arregla haciendo el bien”. Pero… ¿Cómo hacer el bien? Fácil: “Introduciendo en la enseñanza la educación moral, propagando virtudes y destacando ejemplos positivos en los medios de comunicación”. Pero… ¿cuáles virtudes? Los “valores comunitarios y de solidaridad” que se hallan, “por tradición, en la familia mexicana”. Ahí, en el centro de la familia mexicana está todo lo necesario. En consecuencia, concluye, “debe evitarse la desintegración familiar”, se debe “alentar la amistad fraterna (sic) entre padres e hijos. Tener presente que el niño reconoce a la madre por la sonrisa, y besos recogerá quien siembra besos” (eso dice, en serio). Los megáfonos ¿transmitían lo que decía AMLO en el zócalo o el sermón del cura dentro de la catedral?

Resulta, en efecto, extraño que AMLO insista en que todo lo que dice es una “nueva corriente de pensamiento”, cuando en realidad sólo repite algunos lugares comunes del romanticismo social de Rousseau (que tiene 250 años de rebasado). Un Rousseau pasado por Tolstoy, a quien es obvio que AMLO adora: el noble que prefirió ser pobre, el Tolstoy que –como Rousseau– piensa que la bondad es innata y natural en el hombre, que el amor al dinero destruye la integridad personal, el que dice que el amor de la familia y la paz en la conciencia son “la única fuente posible de felicidad”. A veces parece que AMLO cita directamente al Tolstoy que pregona “esta verdad sencilla, indiscutible y accesible a todos: para que la bondad de la vida se generalice sólo se necesita que la gente sea buena” (cito sus textos ¿Qué hacer? y El gran crimen). De Tolstoy también parecería venirle el odio a los ricos, el pacifismo, la exaltación de la fraternidad, la idea de que “un nuevo edificio social” debe basarse “en la renuncia de los individuos a la gloria y a la fortuna”; la de que como el Estado opera sobre la mentira y la violencia, se impone una “revolución doméstica” basada en la familia.

En fin. Si triunfa AMLO en 2012 México va a ser fascinante: un “México amoroso” –así dijo–, regido por la bondad y el amor o, por lo menos, por la idea que tendrá el Estado de la bondad y el amor. Lo de sembrar y recoger besos… ¿se plasmará en la constitución?

No sé en qué parte de su breve antología de Tolstoy va AMLO. Ignoro si llegará a esa parte (1905) de su Diario intimo en la que Tolstoy augura que “si las predicciones de Marx se cumplen no habrá sino un traslado del despotismo. Hoy dominan los capitalistas, luego vendría el turno de los obreros y sus representantes. Marx se equivoca cuando supone que el capital privado pasará a manos del Estado, y que el Estado lo distribuirá entre los obreros. Un gobierno no representa al pueblo, difiere poco de los capitalistas y jamás le dará nada a los obreros. Que un gobierno pretenda representar al pueblo es una ficción y una impostura”.

No creo que llegue a tiempo, ni creo que importe.

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