Cuatro poemas

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La sombra de las nubes
 
 
A mis padres,
in memoriam

Se apaga poco a poco el color de las piedras
vistas de cerca parecen casi grises

las impasibles piedras las que cierran
el horizonte de esta tarde larga como

enormes rocas alzándose hacia el cielo como un castillo
un poco adusto y tenebroso si de pronto te sorprende

te veo niño sentado junto al camino
es la hora de merendar y chillan

golondrinas muy altas en el aire
ojos inocentes observan las hormigas

(ahora veo que se llevan
grandes migas de pan)

las merienda en las rocas tenía sabor de viento
un toque de luz en las palabras

golondrinas cómo chillan ahora que el cielo
se ha teñido de un malva pálido

(ahora veo cómo caminan hacia el nido
las hormigas cómo marcan en el polvo

las estrías de un tiempo distinto
un tiempo que no es el nuestro)

sobre la mesa donde ahora escribo
una sombra indefinida pasa

sombra quizá de aquellas equívocas palmeras
donde un líquido misterio se escondía

se empolva de oro la cima de la montaña
cristal silencioso sin distancia

arborescencia o juego de hojas y penumbras
(ahora veo cómo un aire lento atraviesa las ramas

briznas de hierba que tus dedos querrían transformar
en espadas o frágiles personajes ficticios)

sobre la mesa blanca avanzan las palabras
pero las voces se han perdido en el crepúsculo

vieja fotografía que un sueño cruza fascinado
gris rumor de un instante ya tan lejos

¿está oscuro el cielo o es el fragor del río
lo que me estremece?

(alinearé estas piedras aquí en medio del camino)
pequeñas piedras blancas de un viaje no imaginado todavía

aquí al amparo de las rocas con grietas habitadas
donde pájaros y lagartijas se refugian

grises como el cielo del atardecer
y el agua del río casi inmóvil

tarde de piedra dura y vuelo de pájaros
¿dónde están ahora las voces? ¿dónde los cuerpos las sonrisas?

como pasa la sombra de las nubes sobre el río
tu mirada vacila a ras del agua

se desdobla el paisaje sobre la tela
un camino de palabras enmarca la hora

dices amo estas montañas
y esta claridad viva que nos cubre

dices refresca ya con tanta sombra
ves el temblor en las briznas de hierba

el paisaje va formándose en la tela
espacio donde distancias y nubes se entrelazan

donde cae catarata de piedra hacia la sombra
la tarde fría de septiembre ~

 
Tarde

tamizada frialdad
del atardecer

(el viento
vibra en los cristales)

velo finísimo
la luz
se tiende sobre
la mesa

(tu perfil
junto a la ventana)

multiplicados destellos
y sólo uno
donde la luz
nos reúna

(con gesto distraído
mueves la cortina)

vértice nocturno
¿qué luz
nos sueña? ~

 
Voz lejana

neblinoso
el sol
de un rosa trémulo
viste las ramitas
de un árbol seco

más allá del cristal

silencio o rumor
de otras notas

claridad lejana
la voz

la voz

qué fino es
su relieve
pero brilla ~

 
Epílogo en forma de palmera

I
El cristal de la ventana (abierta) duplica
la palmera que el aire agita en silencio

Por el tronco sube la voz callada que el cristal
pule en el sueño

Sueño de luz en la clara dimensión de
la tarde dorada

La sangre del poema se hace luz en la cima
de la palmera

Late el recuerdo de muchas voces en la
quieta reverberación del cristal

Voces presentes o lejanas como nubes blancas
sobre la palmera

La palmera es perfil puro y estallido de
sorpresa

De un trazo seguro nace y se desborda

Viene de un fondo y se abre en la página
del aire

II
El poema es el trazo que queda en el aire

El trazo de la palmera y la voz de las hojas

El aire mueve el poema

Hay cicatrices de sombra en el tronco:
peldaños hacia la luz

El poema es luz y es sombra
sombra que avanza hacia la luz

Pasado y presente en el corazón de la palmera

Instante preciso de la palabra

Se alza la voz como la palmera en el silencio

En el cristal de la ventana (abierta) repercute
el canto del aire

Vuelo de pájaros sueña la palmera, alas de ángel

El poema es ala y es vuelo

Instante ardiente, sombra y presencia ~

— Versiones de Victoria Pradilla y Alfonso Alegre Heitzmann

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