#EconomíaLaboral ¿Por qué México no crece?

A lo largo de cuatro entradas analizaremos aspectos macro y microeconómicos del mercado laboral en México. 
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La economía laboral trata de entender el comportamiento de los mercados laborales y el impacto que este tiene en otros aspectos económicos de un país como la migración, la pobreza, el PIB, la educación y las políticas públicas. A lo largo de cuatro entradas analizaremos aspectos macro y microeconómicos del mercado laboral en México.

 

Recientemente el gobierno de México ha introducido una serie de reformas[1] de enorme importancia con el objetivo, declarado, de posibilitar un crecimiento sostenido que acabe con el largo periodo de estancamiento económico que el país experimenta desde 1980. Estas reformas parten de la premisa de que el problema del bajo crecimiento de México es su baja productividad. No todo el mundo comparte esta opinión, aunque yo sí. Mi propósito en las siguientes líneas será el de convencer al lector de que la explicación del bajo crecimiento al que se enfrenta México se encuentra efectivamente en la productividad y no en otras teorías o interpretaciones, algunas aún populares en los ambientes académicos de este país. Pero empecemos examinando qué nos dicen los datos.

Los economistas usamos el producto interno bruto por habitante (PIBpc) como criterio básico del desarrollo económico de un país. Esta medida nos indica el valor de todo lo que se produce en un país si lo repartiéramos a partes iguales entre sus ciudadanos. Para evaluar el desempeño económico de México en la historia, los economistas lo comparamos con el desempeño de los países más desarrollados económicamente en cada momento, que históricamente han sido el Reino Unido y Estados Unidos. Esta medida nos permite centrarnos en lo importante: ¿cuánto hubiera podido crecer México y por qué no lo ha hecho?

Los datos nos muestran que México ha mantenido niveles de pobreza relativos  sustanciales desde principios del siglo XIX y no desde 1980, como algunos creen (ver gráfica en la que se muestra el nivel de pobreza relativo de México), aunque se han alternado con periodos de intenso crecimiento.

A pesar de estos periodos, México siempre ha regresado al mismo nivel de pobreza relativa: unas 3.5 veces más pobre que Estados Unidos o el Reino Unido en promedio histórico. Para aclarar que es ser 3.5 veces más pobre pensemos en un mexicano que viviera en el promedio histórico y ganara 6.000 pesos al mes, hubiera ganado 20.000 pesos en Estados Unidos o en el Reino Unido. Aunque hubiera vivido el “milagro” económico entre 1950 y 1980, su renta hubiera sido de 15.000 pesos en los países mencionados, muy por encima de su renta en México. Sin embargo, en el caso de haber vivido en el periodo de 1900 a 1950, su renta hubiera sido de 27.000 pesos. Esto es lamentable porque los economistas no encuentran ningún factor “objetivo” que limite el crecimiento en México, como la falta de recursos naturales: tierras fértiles, materias primas, biodiversidad, etcétera.  Pero si no hay limitantes objetivos, ¿por qué México no crece? 

Existen dos teorías que han sido bastante populares para explicar la falta de crecimiento en México: la teoría marxista del desarrollo dependiente y la teoría, de carácter keynesiano, de inversión insuficiente. La primera afirma que existe explotación internacional de los recursos, es decir, que los extranjeros extraen rentas de los recursos de los mexicanos, por ejemplo el petróleo, sin que estos reciban algo a cambio. Aunque esta teoría pareciera coherente, falla al explicar por qué México no comenzó a crecer cuando se recuperaron los recursos naturales, largo tiempo en manos de los extranjeros durante el porfiriato.

La teoría de inversión insuficiente afirma que hay barreras, aunque no muy bien definidas, a la inversión en las empresas que ocasionan que estas no adquieran el suficiente capital (equipos, máquinas y edificios) para emplear a todas personas que desean trabajar. Como las empresas no adquieren el capital suficiente, contratan menos trabajadores, ya que son los trabajadores los que van a usar ese capital. El resto de la fuerza laboral queda condenada a la informalidad en actividades muy poco productivas, como la venta ambulante. Esta teoría es muy atractiva porque conecta el estancamiento económico con la informalidad a través de una baja productividad. ¿A poco no se parece a México? Hablaremos más de productividad en breve pero, de nuevo esta teoría es puesta en entredicho por los datos. Si comparamos el desempeño económico de México y Estados Unidos, observamos que Estados Unidos es 3.5 veces más rico al día de hoy, sin embargo invierte exactamente lo mismo que México: un 22% de su PIB. Si incluyéramos más países en nuestro análisis el resultado no cambiaría ni un ápice. Por lo tanto, las diferencias internacionales de PIBpc no pueden estar causadas por una inversión insuficiente.

El segundo problema de esta teoría es que mantiene una postura errónea sobre lo que es el sector informal. En mi opinión, sector informal y productividad no están vinculados entre sí de la forma en la que es común pensar: que la informalidad es un sector productivo de la economía mexicana distinto del resto. De hecho podríamos decir que el tamaño del sector informal puede ser una consecuencia de la baja productividad, y no su causa. Aunque esto choca frontalmente con la idea que tienen algunos políticos de que si les damos seguridad social a todos los mexicanos, eliminando, por así decirlo, la informalidad por decreto, su productividad aumentaría súbitamente. Es como si dijéramos que si a un taquero en la calle que produce 500 tacos por hora le damos seguridad social, empezaría a  producir 1000. No tiene mucho sentido.

La pregunta que deberíamos hacernos es por qué México genera empleos tan “malos” o que generan tan poco valor agregado. No quiero decir que debamos obviar el problema de la informalidad, que es un problema fiscal grave, solo digo que es una consecuencia y no una causa. Deberíamos dejar de  criminalizar a las personas en el sector informal y diseñar políticas que a largo plazo ayuden a los mexicanos a encontrar empleos mejores, más satisfactorios y, por supuesto, con mejores prestaciones sociales. Lo que quiero decir es que deberíamos atacar la causa: la baja productividad en México, que es lo que llevo tratando de convencer al lector desde el principio. Incluso obstáculos adicionales como la baja calidad de la educación en México, que lastra la vida de muchas personas, obstaculizándoles de realizar vidas más plenas, es consecuencia de la baja productividad de un sector: el sector educativo. Por lo tanto, me parece necesario explicar detalladamente lo que entendemos los economistas por productividad, tanto en la economía agregada como en cualquiera de sus sectores productivos.

Los economistas empleamos comúnmente una medida llamada “productividad total de los factores” (PTF). Esta nos indica cuántos bienes produce un país con cierta cantidad de recursos, que solemos denominar capital y trabajo, cuando lo que queremos decir es: maquinarias, edificios, ingenieros, doctores, albañiles, etcétera. Sin embargo, algunos países con niveles muy similares de capital y trabajo, generan mucho más valor y los economistas llamamos a la medida de esta diferencia PTF. El motivo por el que México no crece se encuentra en el desempeño de su PTF. Los economistas sabemos esto porque las diferencias que medimos en capital y trabajo entre países no son, ni de lejos, lo suficientemente grandes para explicar las diferencias de PIBpc que encontramos en los datos, aunque el debate aún prosigue en la academia. Comparemos tres países, dos similares: México y Chile, con uno distinto Estados Unidos. Tanto en México como en Chile cada persona entre 16 y 65 años trabaja aproximadamente 2300 horas al año, y las tasas de inversión se han mantenido constantes a largo plazo, alrededor del 22% del PIB. En cambio, en Estados Unidos se trabajan 1800 horas por año y su tasa de inversión a largo plazo es del 22% del PIB. Entonces el distinto uso de capital y trabajo no puede explicar las diferencias de nivel de vida entre México, Chile y Estados Unidos. Los economistas denominan a este ejercicio como contabilidad del desarrollo. Pero ¿qué es la PTF en realidad?.

Algunos dirían que es la medida de nuestra ignorancia, que metemos todo lo que no entendemos en ese concepto. Aunque parte hay de cierto en todo esto, detrás de la PTF se encuentran factores institucionales, como la corrupción o la posibilidad de hacer cabildeo efectivo a costa del bienestar del resto del país. Pero no todos los elementos que determinan la productividad son tan rígidos como el institucional. Por ejemplo, un sistema de indemnización laboral que frene la reasignación del factor trabajo basado en el principio de eficiencia pudiera ser otro gran obstáculo a la productividad y, sin la menor duda, los sindicatos también lo son. Sobre todo si cooptan sectores estratégicos para un país, como lo es su sector educativo.

La interacción de elementos similares a los mencionados es la causa de la baja productividad en México y la solución del problema pasa por reformas estructurales, no sé si aquellas como las que propone el gobierno actual, pero si no son esas, sobre el papel deberían parecérsele mucho. Mi ejemplo favorito, por su importancia, es la calidad de la educación en México. Sabemos que es bastante baja, aún más cuando se le compara con países de similar PIBpc. En ese contexto, una reforma educativa parece necesaria. ¿Puede esta reforma aumentar la calidad, o productividad, del sector educativo? Quizás sí, quizás no, en cualquier caso no ha pasado aún el tiempo suficiente para evaluar el impacto de reformas de esta naturaleza.

Por terminar con el ejemplo de la educación, pensemos que aunque un gobierno consiguiera reconstruir un sistema educativo de calidad, deberán pasar muchos años hasta que los primeros egresados dejen los frutos de su creatividad en la economía Mexicana. Evidentemente todas las opiniones que he expresado en este texto son susceptibles de cambiar, pero deben presentarse dos condiciones sine qua non: argumentos convincentes y datos que los acompañen. ¡Qué continúe el debate!

 

 



[1] Reforma educativa, Reforma laboral, Creación de organismos reguladores de la competencia independientes, reformas para un acceso más fácil y barato al crédito entre otras.

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