#EconomíayDinero La historia de la inflación

Una breve historia de la inflación en México. 
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La inflación se define como el incremento sostenido y generalizado del nivel general de precios de una economía. Sus causas pueden ser múltiples. Sin embargo, en la mayoría de los casos el fenómeno inflacionario está relacionado con un continuo incremento en la emisión de dinero por parte del banco central, la cual no está respaldada por una mayor producción de bienes y servicios. Las personas tienen más dinero en la cartera pero en realidad no son más ricos porque, cuando mucho, pueden comprar los mismos bienes y servicios que antes  Por esa razón suben los precios.  

¿Por qué el banco central va a incrementar la cantidad de dinero en forma continua? En un número muy elevado de casos para financiar a un gobierno en el que las finanzas públicas están en déficit. El gobierno recibe un dinero que en la práctica no tiene que regresarle al banco central.  Con este dinero se apodera de diversos bienes y servicios. Los que realmente tienen que pagar son los las personas y las empresas. Cuando estos agentes privados llegan a hacer sus compras los precios ya aumentaron.  De esta forma se dice que la inflación es un impuesto.

Una vez que comienza la inflación, se crean mecanismos de protección contra ella. El más conocido es el de  la indización, que es la práctica de incrementar algunos precios y la mayoría de los salarios por adelantado previendo una inflación futura. El ajuste al alza en las tasas de interés que hace el banco central en presencia de inflación también se considera un mecanismo de indización, el cual tiene dos objetivos: por una parte desanimar el consumo, y así reducir las presiones sobre el crecimiento de precios, y por otra parte proteger el ahorro del impuesto inflacionario.  

Hay diversos tipos de inflación. Casi todos los países tienen una inflación baja, de entre 1% y 3%. Es la inflación que ha tomado vida propia por los mecanismos de indización. En general es inocua. No obstante, otros países experimentan niveles de inflación más elevados y en algunos casos se llega a la hiperinflación. En una situación de este tipo los precios aumentan no sólo en el transcurso de días sino en horas e incluso por minutos. Países como Alemania, Austria, Hungría y Polonia fueron víctimas de la hiperinflación en los años veinte. En épocas más recientes el fenómeno ha sido experimentado por Bolivia y Perú (años ochenta y principios de los noventa).

La historia de la inflación en México se remonta a épocas muy antiguas. Analizaremos el fenómeno en diversos episodios a partir de la Revolución Mexicana. Aunque no hay registros contables de la experiencia, se dice que nuestro país vivió un episodio de hiperinflación durante la segunda década del siglo XX. La razón para este fenómeno es la misma que hemos explicado en los párrafos anteriores: diversos grupos revolucionarios comenzaron a emitir papel moneda para financiar sus gastos. La inflación aumentó a niveles que nunca se han vuelto a observar en nuestro país.

La hiperinflación mexicana cedió en cuanto los grupos revolucionarios llegaron a un acuerdo. Un momento crucial en la historia de nuestro país es el surgimiento del Banco de México, institución que nace en 1925 por iniciativa del Presidente Plutarco Elías Calles y que es la encargada de emitir la única moneda de curso legal. Aunque ciertamente la creación del Banco de México redujo notablemente la inflación respecto al pasado, persistía un problema: el banco central mexicano no era una institución independiente, sino controlada a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y, por lo tanto, podía ser conminada a emitir papel moneda para financiar el déficit público.

En los siguientes años, la inflación tuvo un comportamiento errático. México padeció la influencia de la Gran Depresión de Estados Unidos y observó una fuerte recesión en 1932, la cual estuvo acompañada de una caída de los precios. Más adelante, como consecuencia de los conflictos mundiales que surgieron a fines de los años treinta, la inflación se aceleró y llegó a niveles de dos dígitos a fines de los años cuarenta. En 1954, bajo la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines, México adoptó un sistema de tipo de cambio fijo, el cual duraría hasta 1976. La fijación del tipo de cambio buscaba controlar la inflación a través de lo que se conoce como un ancla nominal –el tipo de cambio, en este caso.

Entre mediados de los años cincuenta y 1970, México vivió una etapa de crecimiento económico elevado con baja inflación. Nuestro país exportaba bienes primarios agropecuarios y petróleo y, al mismo tiempo, había impuesto un sistema de tarifas a las importaciones de productos industriales principalmente de uso final. Con este sistema de sustitución de importaciones, el objetivo era que surgiera una sólida industria nacional, lo que sólo en parte se logró. Cuando las exportaciones del sector agropecuario comenzaron a perder dinamismo, a fines de los años sesenta, el financiamiento que éstas proveían se sustituyó por endeudamiento externo, el cual financiaba un déficit público creciente. El descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo y la expectativa de un precio más elevado de este hidrocarburo, sobre endeudó al país. El tipo de cambio sufrió entonces un ajuste en 1976 y más adelante, en 1982, se tuvo que ajustar de manera muy abrupta.

Sin el ancla nominal del tipo de cambio, y con el creciente déficit público de las dos décadas previas, la inflación se destapó (de un promedio anual de 29% en la presidencia de José López Portillo a un promedio de 83% en el gobierno de Miguel de la Madrid).

En 1989, el Presidente Carlos Salinas de Gortari logró una renegociación de la deuda externa mexicana. Con ello fue posible volver a utilizar el tipo de cambio como un ancla nominal para controlar la inflación, la cual bajó en forma considerable en los siguientes años, a un promedio en este período de cerca de 17%. Sin embargo, esta inflación sobrevaluó el peso mexicano y entre finales de 1994 y el año de 1995 tuvo que volver a haber un ajuste macroeconómico, con lo cual la inflación volvió a subir a niveles de poco más de 50% en 1995.

Un cambio estructural de gran importancia ocurrió en 1993, cuando se estableció la independencia del Banco de México. Con ella, el banco central tiene prohibido financiar el déficit público. Por lo anterior, el episodio inflacionario de la crisis de 1995 duró poco tiempo y también, por lo mismo, ha sido posible que la inflación que México observa actualmente sea sólo de entre 3 y 4%.

Una política que ha sido exitosa es la que tiene que ver con el tipo de cambio. Esta variable ha dejado de ser un ancla nominal para bajar la inflación y, en cambio, flota libremente. El Banco de México ha pasado de un sistema en el cual tenía un cierto control de la oferta de dinero, a uno en el que se controla una tasa de interés de referencia, como en los países más desarrollados.

Aún cuando el Banco de México sea una entidad autónoma, la amenaza de la inflación existe si las finanzas públicas sufren un severo desajuste. Si la deuda que tiene el gobierno es en su propia moneda, y de pronto se ve imposibilitado para pagar el principal y/o los intereses de dicha deuda soberana, el banco central es la entidad que tendría que rescatar al gobierno.

Actualmente, México tiene una inflación bastante controlada pero el crecimiento económico es muy bajo.  Para incentivar la actividad económica, el gobierno ha puesto en marcha un ambicioso programa de reformas estructurales, cuyo objetivo es incrementar el crecimiento de largo plazo. Asimismo, con objeto de salir del estancamiento económico del presente, las autoridades fiscales han decidido aumentar el déficit público en forma temporal, mientras que el banco central ha reducido la tasa de interés interbancaria a un mínimo de 3%.

Las reformas estructurales muy probablemente tendrán un efecto positivo sobre el crecimiento de largo plazo y son bienvenidas. Las políticas de incremento del déficit público y reducción de tasas de interés pueden incidir en un mayor crecimiento de corto plazo. No obstante, al inducir un aumento en el gasto público e incentivar el consumo privado (por hacer el ahorro menos atractivo) corren el riesgo de generar mayor inflación tanto en el presente como en el futuro. 

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