El alter ego que te mira

El gato se mira al espejo, descubre a su Otro Gato y se asusta o se fascina de sí mismo… ¿o del otro?
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El gato se mira al espejo, descubre a su Otro Gato y se asusta o se fascina de sí mismo… ¿o del otro? Cualquier espejo, o cualquier sueño, te revela tu Otro Yo, tu Alter Ego, tu Doppelgänger, tu Autrui. Ese extraño es el amigo o el enemigo que, nacido en tu noche interior, vive mientras vivas y lo mismo puede aparecérsete en el insomnio como en el sueño y en los estados delirantes o en la ebriedad, o sorprenderte en cualquier mañana en que lo veas acechándote otra vez desde un espejo de tu casa o desde una vitrina en una esquina callejera. Esa experiencia es de ti solo y de todos. Algunos la han/ hemos escrito. Y aquí van esas historias de la otredad.

Doppelgänger

En la noche  silenciosa las calles descansan./ En esta calle vivía mi amor/ que abandonó hace tiempo la ciudad./ Pero su casa  permanece./ Un hombre alza al balcón la mirada./ Su rostro me horroriza y la luna me muestra/ que ese rostro es el mío./ Oh mi doble, mi pálido camarada,/ ¿por qué delatas las penas de amor/ que padecí en esta calle/ y en tantas noches de otro tiempo?

*Lied de Schubert, letra de Heine

Los dos marineros

En Yun Sin, un puerto de la China el veterano marinero se encontró consigo mismo,con a aquel que fue en un viaje de su juventud. Él y el otro él se saludaron en la misma taberna donde uno había estado por primera vez hacía veiticinco años. Y tuvieron un diálogo extraño y cordial.

—Estás envejecido.

—Y tú tan joven como entonces.

—Porque me quedé aquí… No hay nada que envejezca tanto a un hombre como los viajes.

—Es verdad… No se puede ser marinero del mismo barco durante tantos años… Es inútil ir al mismo sitio sabiendo que se ha de volver ineludiblemente por el mismo camino.

Y bebían y bebían como festejando la más estrecha amistad.

Al final, cuando se vio en el espejo de un camarote, en el que se halló repetido como hermano gemelo de sí mismo, el veterano marinero achacó a la bebida el encuentro con su alter ego.

*Ramón Gómez de la Serna

Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica… No sé cuál de los dos escribe esta página.

*Jorge Luis Borges

En el laberinto

Una vez en el laberinto, llegó un momento en que tuve la impresión de que me cruzaba repetidamente conmigo mismo, de que yo era el otro, dentro y fuera de mí, hasta que, desconcertado, elegí quedarme un rato quieto en un punto, en la eventualidad de que pudiera recobrar mis sentidos, y entonces fue que me vi, con espanto, pasar por otra de las sendas equivocadas y sin salida.

*Jorge Timossi

Ojos azules

Me miro al espejo y no me reconozco. Sé entonces que ya soy el reflejo de otro.

*Marcial Fernández

En la alta  noche

En la alta noche propicia a la duda y la alucinación, te miras al espejo y, sintiéndote aburrido de encontrar el mismo rostro de siempre, haces  muecas para verte de otro modo que el acostumbrado, y te preguntas quién es el otro que desde allí te mira, y cuál de los dos es el que verdaderamente existe, y entonces, antes de que te arrebate el vértigo, corres como un niño aterrado a meterte en la cama y taparte la cabeza con la manta,  y pasarás insomne toda la noche en espera de que llegue la quirúrgica luz de cuchillo del alba, porque te has dado cuenta de que allí, ante el espejo, has creado un monstruo o un fantasma o un demonio de la alta noche que piensa de otra manera que tú y te hace pensar en extrañas quimeras que a veces se revelan como tuyas y que ni la quirúrgica luz del alba habrá de disolver.

*José de la Colina

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