El “enigma” de los títulos

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Algunos lectores de este blog me reprochan la nota “Noche/día del escritor”, en la que digo que la noche es mi tiempo ideal para dedicarse a escribir, pues han interpretado eso como un imperativo consejo profesional.

Yo creía que el reproche era totalmente inmerecido, pues en el texto está claro que hablo de una preferencia mía (y de muchos otros), pero ahora, releyendo la nota para ver si había algo que pudiera justificar el reproche, advierto que no había tomado en cuenta que el editor de los blogues de Ls Ls, siguiendo la tradición de todos los editores y jefes de redacción, había puesto sobre mi título un título más, el que le pareció mejor según su leal saber y entender. Y como ese otro título, “¿Quiere usted ser escritor? Practique la noche”, puede leerse, si no como una orden, por lo menos como un consejo profesional, mis reprochadores tienen algo de razón en el caso.

Esto me lleva a recordar un momento de las entrevistas que Pérez Turrent y yo le hicimos a Buñuel para el libro Luis Buñuel/ Prohibido asomarse al interior (hay ediciones mexicanas de editorial Planeta e IMCINE/ Consejo Nacional para las Artes). He aquí la parte en que don Luis habla de este asunto del título que no concuerda, o no parece concordar, con un texto (una película, en tal caso), añadiendo otro sentido sugerido:

J. de la C.- ¿Volvemos un poco, don Luis, al ‘enigma’ de los títulos? Es decir ¿por qué Un perro andaluz, La Edad de Oro, El ángel exterminador, El fantasma de la libertad?

Buñuel.- El título puede dar riqueza a la película, estimular la imaginación. Los pintores surrealistas ponían a sus cuadros títulos que no ‘correspondían’. Por ejemplo: el cuadro mostraba a una mujer sentada en un jardín y el título era La bienaventuranza llegará el día en que mueran. El cuadro adquiría entonces una nueva significación, y ésta era extraña, pero no por fuerza arbitraria. En mi caso, si el título se me ha impuesto de pronto en el pensamiento, lo encuentro inmediatamente adecuado. En cambio, un título más racional o deliberado puede parecerme demasiado literario, y lo desecho.

Me pregunto, entonces, si Humberto Beck, con ese otro título y sobre todo con eso de “practicar la noche” (¿como se practica la medicina, la gimnasia o el surf?) habrá querido ponerle a la nota algún condimento de misterio. Y el misterio siempre tiene su no sé qué de caricioso e inquietante, ¿eh, Humberto?


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