El Estado a dieta

La obesidad del Estado español preocupa a sus ciudadanos.
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El peso que el Estado español (la suma de todas las administraciones) tiene sobre la realidad española es gigantesco, y se nota terriblemente durante estos años de crisis salvaje. Un peso que hace que la recuperación económica esté llegando, si llega, con una lentitud exasperante.

El Estado asfixia nuestra iniciativa: seguramente porque no es tan fácil librarse, tras tantos siglos de gobiernos tiránicos o casi tiránicos, de la idea de que quien tiene el gobierno hace lo que quiere con el país. La libertad ha sido, desgraciadamente, una excepción en la historia de España.

Tanto nos asfixia a los ciudadanos el Estado que a veces parece que su objetivo fuera acabar con todo lo que no sea una emanación directa suya. Es posible que el Estado, y los gobernantes que manejan el Estado, nos asfixien tanto para evitar la posible competencia y para vender su gestión como si fuera un éxito incuestionable, normalmente cara e ineficaz porque funcionariado y empresariado (o funcionariado y arte o funcionariado e investigación) son cosas completamente distintas.

Y si el problema es el peso del Estado, necesitamos someterlo a dieta: adelgazarlo en todos los lugares que sea posible. Necesitamos que esté flaco para que sea posible vivir al margen del Estado. Y con esa expresión de “vivir al margen del Estado”, quiero decir vivir sin tener que apuntarse al clientelismo, sin tener que recurrir al amiguismo o al peloteo, sin necesitar de una mafia, sin hilvanar apaños, sin someterse a la obediencia ciega del partido para recibir dádivas, sin mamoneo, sin corromper o ser corrompido… Quiero decir vivir honradamente de la actividad que deseemos llevar a cabo, sea la cría de canarios o la fabricación de dildos de colores, sin necesidad de una tutela plasta, a menudo moralizante o perdonavidas.

Ejemplo de perdonavidismo. Hace unos días, el ministro de Presidencia, Ramón Jáuregui, dijo que al gobierno le gustaría suprimir la publicidad sexual en los periódicos, “pero no podemos hacerlo porque producimos una lesión económica a un sector que está en un profundísima crisis”.

El Estado se puede adelgazar de mil maneras. Por ejemplo, adelgazamiento legal: rehacer las leyes para que la burocracia no nos muela. Por ejemplo, adelgazamiento de actividad: muchas de las cosas que hace el Estado (piscinas o editoriales o salas de arte) no tiene que hacerlas. Con menos Estado, será más fácil que la vida mejore, incluso la del propio Estado, que con menos kilos se podrá mover con mayor agilidad.

 

(Fuente de imagen.)

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