¿Es usted ateo?

Los ateos están dando una batalla digna de atención, mínimamente, y hasta de afiliación, tan convincentes son a veces.
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LIBROS ATEOS

Aunque rabiosamente rebasados en número, aunque no configuran sectas ni cofradías, aunque son más bien un discreto archipiélago de soledades, los ateos están dando una batalla digna de atención, mínimamente, y hasta de afiliación, tan convincentes son a veces. Si acaso, muchos de ellos pecan (ah qué atávico lexicón) de arrogantes, embarrando en la cara de los fieles la idiotez de su devoción. Pero en general son polemistas brillantes y escritores notables, rebosantes de argumentos. Destaco cuatro libros: El espejismo de Dios, del conspicuo ateo Richard Dawkins, mejor conocido como “el rottweiler de Darwin”; God is not Great: How Religion Poisons Everything, del notable periodista Christopher Hitchens, quien ya se había despachado a la Madre Teresa en uno de sus furibundos y bien documentados embates; La vida eterna, del incansable Fernando Savater (el suyo no es un libro sobre el ateísmo sino sobre el asombro del autor ante la persistencia de Dios); Manual de ateología, de Michel Onfray, una especie de “ateísmo explicado a los niños” que se lee de un tirón.

Hay más, por supuesto (Sam Harris, Daniel Dennett), pero baste esta cuarteta para señalar un clima, acaso una tendencia que no deja de ser osada en días en los que gran parte del ateísmo aún se encuentra encerrado en el clóset. Y es que, por miedo o flojera justificada ante los dedos flamígeros de los hijos de Dios, el ateo se disfraza eufemísticamente de agnóstico, o simplemente escurre el bulto y se hace pato.

Estos ateos, en quienes viaja el gen de la ciencia y el rigor, se han leído su Biblia y su Corán mejor que muchísimos creyentes, encontrando en dichos libros infinidad de discrepancias y despropósitos. Son textos simbólicos, reviran los fieles. Pero las Cruzadas no fueron simbólicas, contraatacan los ateos. “Dios no creó al hombre a su imagen y semejanza, sino al revés”, dice por ahí Hitchens. Y Savater: “En cuestiones políticas o legales, Dios debe guardar silencio institucional, lo cual no puede ser una pérdida verdaderamente seria para Alguien capaz de hablar directamente a los corazones de los hombres”. Onfray proclama la superioridad de “nuestro único bien verdadero: la vida terrena”. Y el rottweiler: “Cualquier inteligencia creativa lo suficientemente compleja como para diseñar algo, existe sólo como el producto final de un extenso proceso de evolución gradual”.

Por supuesto que hay un espíritu religioso en el que creía incluso Einstein, pero lo que se discute, por poner un ejemplo entre miles, es la creencia en un Dios sobrenatural que un día le dijo a un predicador que lo iba a matar si no reunía ocho millones de dólares –y los reunió. El tema es infinito. El hombre, ante el vacío, se agarra de algo. ¿Y por qué no de un telescopio?

 

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