Debemos a Bagdad el álgebra, la difusión de Aristóteles y la exaltación religiosa del amor humano, pero también la palabra con la que conocemos el techo de tela que protege una imagen sagrada.
Cuando hace treinta años Enrique Krauze publicó “Por una democracia sin adjetivos”, desde la izquierda y el oficialismo le llovieron calificativos. Krauze, en su ensayo, desmontó las coartadas…