José de Almada Negreiros

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En España, el mercado del libro está colonizado por los grandes grupos del gremio (más atentos al marketing y el balance de ventas que a la calidad literaria) en detrimento de las pequeñas editoriales. Sin embargo, son estas últimas (Nórdica, Gadir, DVD, Acantilado, Maldoror, Alba, Minúscula, Periférica, Libros del Asteroide, Berenice, Lengua de Trapo…) quienes mantienen, a duras penas y con arduos esfuerzos económicos, la dignidad de la edición; publicando a escritores con más valía que fama publicitaria o reeditando obras significativas de la Literatura con mayúscula. No descubro nada nuevo e, incluso, esta queja, de tanto repetirla, empieza a ser un tópico.

Una de esas bizarras editoriales, que en este año ha iniciado su singladura, es El Olivo Azul, con sede en Sevilla. Entre los títulos que han publicado destacan Mundos terribles de Marcel Schwob, El sol de los muertos de Ivan Shmeliov, Tynset de Wolfgang Hildesheimer y Nombre de guerra de José de Almada Negreiros. También han editado a Leonid Andreiev, Schnitzler, Apollinaire, Conrad y Victor Hugo. De todos esos conspicuos autores, José Sobral de Almada Negreiros (Santo Tomé, 1893- Lisboa, 1970) merece una especial atención, pues fue uno de los personajes más carismáticos y polifacéticos del modernismo portugués.

Cuando rememoro los ambientes literarios europeos del primer tercio del siglo XX y los contrasto con la atonía actual, siento una suerte de nostalgia por la efervescencia cultural de esa época y el vigor de aquellos escritores. La actividad literaria y artística de Almada es paradigmática en ese sentido: poeta, novelista, autor de teatro, escenógrafo, bailarín, diseñador, pintor, coreógrafo… El mismo Almada justificaba esas múltiples facetas aplicándose a sí mismo la fórmula 1+1= 1.

En la historia de la literatura portuguesa ninguna revista ha dejado tanta huella como Orpheu, a pesar de que sólo publicó dos números durante el año 1915. Orpheu será el crisol de las distintas vanguardias artístico-literarias que trataban de subvertir el inmovilismo cultural de Portugal. En la revista coincidirán los ismos más novedosos y pugnaces: sensacionismo, interseccionismo, paulismo, simbolismo, decadentismo, futurismo… Ente sus colaboradores se hallaban Fernando Pessoa, Almada, Ferro, Pacheko, Sá-Carneiro, Rolan de Carvalho, Luiz de Montalvor, Alfredo Guisado, Raúl Leal, Cortes-Rodrigues y Santa Rita-Pintor. El diseño moderno y su contenido experimental, heterodoxo y cosmopolita despertaron en los ámbitos conservadores un rechazo visceral. El académico Julio Dantas calificaría al grupo de “paranoicos” y “locos a encerrar”. Almada contestó al viejo literato con su famoso Manifiesto Anti-Dantas e por Extenso, criticando, con vehemencia y procacidad, el anquilosamiento y la vacuidad intelectual dominante en las instituciones culturales lusas. Poco después, escribirá el poema “A Cena do Odio”, una feroz diatriba contra el convencionalismo burgués: “¡Oh burguesía! ¡Oh ideal con i pequeña!/ […] ¡Oh cofre de indigentes/ Cuya personalidad es la moral de todos!/ ¡Oh mediocridad general!/ ¡Oh choque innoble de lo vulgar, protagonista de lo normal!/ ¡Oh horror! ¡Los burgueses de Portugal/ son peores que los otros/ Porque, además, son portugueses!”

La actividad de Almada por estas fechas es intensa. En 1917 publicará su primera novela, titulada A Engomadeira, utilizando juegos de palabras, intencionadas deformaciones sintácticas y metáforas visuales criticando la vida del vulgo lisboeta. Asimismo, como coreógrafo, presentará en el Palacio dos Condes de Castelo el ballet O Sonho da Rosa. También, en ese mismo año, lanzará la revista Portugal Futurista, donde aparecerá su “Ultimátum Futurista às geraçoes portuguesas do século XX”, en el que aboga por las ideas estéticas y nacionalistas auspiciadas por Marinetti.

En 1919 viajará a París en busca de nuevos horizontes para expandir sus inquietudes, pero regresará a su país al cabo de un año. Almada, que criticaba la saudade de sus paisanos, escribirá en la capital francesa Histoire du Portugal par Coeur. De nuevo en Lisboa, colaborará en la revista artístico-literaria Contemporánea, mientras se gana la vida como bailarín en el club nocturno Maxim’s. En 1921 publicará A invençao do Dia Claro, el único poemario que dio a la imprenta, editado por Fernando Pessoa en su efímera editorial Olisipo. En esta época, Almada pintará uno de los frescos que adornan las paredes del famoso café A Brasileira del Chiado lisboeta. Sintiéndose incomprendido y relegado, en 1927 se dirigirá a Madrid. Acogido por Ramón Gómez de la Serna en su tertulia del Pombo y por Ernesto Giménez Caballero en La Gaceta Ilustrada, Almada recuperará su prolífica actividad: escribirá obras teatrales (Deseja-se Mulher, Protagonistas y O Público em Cena), colaborará como ilustrador en prestigiosas revistas y diarios (Blanco y Negro, El Sol, ABC, Crónica, Revista de Occidente, Mundo Gráfico, Arquitectura…) y pintará murales en el teatro Muñoz Seca y los cines Barceló y San Carlos. Al instaurarse la República Española, Almada retorna a Lisboa. Con el Estado Novo no acabará de encontrarse a gusto. Se siente infravalorado a pesar de que le encargan un cartel sobre el plebiscito de la nueva constitución salazarista. En 1934 se casa con la afamada pintora Sara Afonso, dedicándose mayoritariamente a las artes plásticas. Un año después creará la revista SW-Sudoeste. En 1938 editarán su novela Nombre de guerra (que ahora publica El Olivo Azul, con un prólogo de Gómez de la Serna y traducción y epílogo de Sonia Ayerra y David Santaisabel). Fue escrita en 1925, pero Almada la mantuvo inédita hasta que Joao Gaspar Simoes, editor de la prestigiosa revista Presença, le convenció para publicarla. Nombre de guerra, aunque sin grandes alardes literarios, constituye una pequeña joya de la literatura portuguesa. En ella Almada expone el contencioso entre modernidad y tradición a partir de la experiencia amorosa de su protagonista con una joven (prototipo de la mujer cosmopolita y liberada) habitual en los clubes nocturnos de la ciudad. La vida noctívaga y disipada se acabará al enterarse el protagonista de la muerte de su antigua novia en el pueblo. Esas vivencias le permitirán un renacimiento interior.

En 1941, propiciada por el Secretariado de Propaganda Nacional, tendría lugar una exposición retrospectiva de la obra pictórica de Almada. A partir de esa fecha, objeto ya de importantes reconocimientos y distinciones, participará en numerosos proyectos: pinta los vitrales de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, los frescos en el Diario de Noticias y la Facultad de Ciencias de Coimbra; decora con paneles las estaciones marítimas de Alcántara y Rocha… También pintará la obra Començar situada en el vestíbulo de la fundación Gulbenkian. Un infarto cardiaco pondrá fin a la vida de José Almada Negreiros en 1970. ~

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