Juan López de Uralde, ecologista

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“Podemos reducir el consumo de energía sin una incidencia negativa sobre la calidad de vida”

Juan López de Uralde ocupó las primeras planas de los periódicos españoles a finales de 2009 y comienzos de 2010 por ser encarcelado unos 20 días en Copenhague tras colarse en una cena ofrecida por la reina para los jefes de Estado en la Cumbre Mundial del Clima y haber desplegado una pancarta reclamando más acción y menos palabras. Por entonces era director de Greenpeace España, pero a mediados de 2010 decidió dejar la organización que lideró durante 10 años para encabezar un proyecto que busca ocupar un nicho vacío en el panorama político español: el de un partido verde; una opción con peso electoral e influencia en países como Alemania, pero no en España, a pesar de que este país sea líder mundial en desarrollo y generación de energías limpias. Así, Uralde y otros compañeros impulsaron Proyecto Equo, un movimiento con el que pretenden dar el salto a la política. Muy probablemente, Juantxo, como le llaman sus compañeros, sea el candidato a presidente “verde” en las elecciones generales de 2012.

¿Decides dejar Greenpeace y formar Equo porque piensas que la incidencia política pierde fuerza y es mejor pasar a la acción política directa?

Estamos ante un escenario en el que no hay que desperdiciar ninguna de las posibles herramientas que tenemos para tratar de cambiar las cosas, y una de esas herramientas es la presencia institucional. Históricamente en España los ecologistas no hemos querido entrar en este “juego” institucional, pero creo que, dada la urgencia de la crisis ambiental, no tiene sentido que sigamos dejando afuera esta herramienta. Mi planteamiento es que la política es un medio para hacer avanzar objetivos, y no un fin en sí mismo.

¿Qué objetivos realistas se plantea Equo? ¿Crees que llegarán a competir en las elecciones autonómicas y municipales de 2011?

El nacimiento de Equo ha sido un catalizador de iniciativas políticas verdes y progresistas en muchos rincones de España. Equo como tal probablemente no se presente a las elecciones municipales, nuestro horizonte está más bien en las generales de 2012. Pero va a haber muchas iniciativas en 2011.

Algunos analistas creen que una de las bazas electorales más importantes de Equo sería tu propia personalidad. ¿Estamos hablando con un futuro candidato a presidente?

Cuando decidamos constituirnos con todas las personas y las organizaciones que están viniendo a este proyecto, decidiremos también quiénes serán nuestros candidatos: yo, obviamente, como impulsor de este proyecto, estoy dispuesto a dar el paso. Pero tendrá que ser una decisión colectiva.

En el manifiesto de Equo dicen que en los últimos veinte años en España se han construido tantos edificios como en los últimos veinte siglos, ¿a quién hay que culpar por este despropósito: políticos, constructores y mercado, a la sociedad española?

A unos gobiernos que han promovido de manera sistemática un modelo urbanístico (y sobre todo un modelo económico) basado en la especulación del suelo. Por un lado, el gobierno de Aznar lo promovió con los cambios en la ley del suelo, y por otro lado, el gobierno de Zapatero lo mantuvo, celebrando esa burbuja inmobiliaria que nadie quiso tocar, a pesar de que nosotros estuvimos denunciándola durante todo el tiempo en el que se estuvo produciendo. La del sector inmobiliario era una crisis anunciada y esperada.

¿Crees que son buenos estos tiempos de crisis para lanzar un partido verde? ¿No está la gente más preocupada en encontrar un trabajo que le permita comprar a sus niños regalos de Reyes en las tiendas chinas, productos fabricados sin ninguna consideración hacia el medioambiente?

Creo que este momento es tan bueno o tan malo como cualquier otro. Detrás de la crisis financiera hay unos problemas ecológicos muy serios: la crisis ecológica es la crisis prioritaria. Desde nuestro punto de vista, también es un buen momento para lanzar soluciones desde la economía verde, o propuestas alternativas a lo que hasta ahora se ha venido haciendo.

¿En qué se diferencian ustedes de la izquierda tradicional?

En primer lugar, lo verde es el elemento fundamental en nuestra acción política. Consideramos que la ecología política tiene una capacidad para afrontar todos los problemas de manera transversal, y no es solo sectorial. En segundo lugar, no somos desarrollistas. Nos interesa un nuevo modelo, basado en principios diferentes. Consideramos que el actual modelo de crecimiento continuado sobre en una base física finita es insostenible, y por lo tanto hay que buscar un nuevo modelo. No tenemos un modelo finalista: no hay un ejemplo del cual podamos decir “Este es el país al que queremos parecernos“, sino que hay que construirlo. Y queremos que las formas sean diferentes: más abiertas y democráticas.

El Gobierno anunció una serie de medidas destinadas a cambiar el modelo económico de España, hacia un modelo más sostenible. ¿Crees que se lo está tomando en serio?

Hay un abismo enorme entre el discurso del Gobierno y la realidad de su acción. En materia medioambiental lo vimos constantemente, y ahora también en lo social: lleva muchos años hablando de un cambio de modelo -incluso hablaba cuando estábamos en plena burbuja inmobiliaria- pero no hizo absolutamente nada para dar pasos que evitaran lo que luego ha ocurrido. Otra vez más nos encontramos ante un buen discurso, pero que no responde a la realidad de la política del Gobierno.

¿Cómo evalúas que Zapatero se haya reunido con los grandes empresarios y banqueros del país, dejando de lado otros colectivos más afectados por la crisis?

En vez de hacer una confrontación seria -con la presión especulativa sobre algunos países europeos- contra eso que llaman “los mercados” que son en realidad las entidades especulativas que están detrás, Zapatero ha optado por aliarse con ellos. Ya con las primeras medidas [de recortes] sociales de hace casi un año que finalmente desembocaron en una huelga general, Zapatero mostró su apuesta por el poder económico, y por hacer pagar la crisis a los más desfavorecidos. No sorprende: es una muestra más de que la política de este Gobierno busca más acomodar las condiciones para el poder económico que cualquier otra cosa.

En España, además de especular mucho con el sector inmobiliario, también se hizo con las energías renovables. ¿No será que en este país lo que está muy arraigado es la cultura de la especulación?

No cabe duda, pero para eso tienen que estar los gobiernos: para evitar que la especulación campe a sus anchas. En el caso de las energías renovables, podía haberse evitado, porque se comenzó a especular cuando una normativa para recibir subvenciones que se había hecho para el impulso de pequeñas centrales fotovoltaicas se amplió grandes centrales.

Europa es una gran consumidora de energía, al igual que Estados Unidos y China, y gran parte de ella la van a buscar a países empobrecidos, como el gas, el petróleo, la materia prima para biocombustibles… Ahora se propone poner paneles solares en el desierto del Sáhara… ¿No es seguir explotando a los países pobres en beneficio de los ricos?

Hay que matizar, porque el ciudadano medio de Estados Unidos consume el doble de petróleo que el ciudadano europeo medio: esto es relevante porque demuestra que podemos reducir el consumo de energía sin que eso tenga una incidencia negativa sobre la calidad de vida de los ciudadanos. A partir de allí, habrá que buscar cuáles son las fórmulas renovables para abastecernos, y dónde buscar la energía. Por ejemplo, yo no estoy especialmente preocupado por la posibilidad de aprovechar la energía solar del Sáhara, como se plantea. Creo que un paso en ese sentido sería una buena noticia; lo que hay que hacer es asegurar que se haga de manera justa.

La crisis en España ha llevado a muchas compañías del país a intensificar su búsqueda de mercados externos, ¿eso agrava el problema del medio ambiente?

Una de las herramientas que debemos tener para avanzar y salir de la crisis es el impulso a los productos locales. Creo que es una herramienta mucho más efectiva y que se acerca más a las necesidades reales de los ciudadanos. En España, por ejemplo, ha habido un abandono progresivo del sector primario, del campo, y creo que una vuelta a los productos locales puede revitalizar el sector y generar un montón de empleo, que es la prioridad de este país.

Hay muchas críticas a energías renovables. Por ejemplo, se dice que la bioenergía quita áreas cultivables para la producción de materias primas, para alimentos y que los encarece. ¿Tienen planteadas posibles soluciones a los perjuicios que también generarán las energías “verdes”?

Hay que diferenciar unas energías de otras. En los biocombustibles, evidentemente, hay unos criterios que, desde nuestro punto de vista, no deben sobrepasarse: por ejemplo, en ningún caso pueden aceptarse biocombustibles que estén compitiendo con alimentos. Pero mientras los perjuicios que generan las energías renovables dependen de cómo se utilicen, tanto los combustibles fósiles como la energía nuclear no tienen un condicionante: son negativos por sí mismos. En el caso de la energía eólica, no me cabe duda que, globalmente, el impacto que está teniendo es mucho más positivo que negativo sobre el medio ambiente, por la reducción de emisiones que está generando.

– Feliciano Tisera