La revolución libia no ha terminado

 A pesar de los grandes avances en los últimos días y la fragilidad evidente en el régimen de Gadafi, la revolución libia no ha terminado. 
AÑADIR A FAVORITOS

 

La oposición libia entró el domingo en la capital, Trípoli, desde el oeste. Fue una sorpresa por dos motivos. Primero, los dos frentes principales de la guerra estaban al este: uno avanzaba desde Bengasi y estaba detenido en Brega y el otro salió desde Misurata y estaba parado en Zlitan. Llevaban semanas ahí. Así que debieron ser las tropas que salieron de las montañas Nafusa, al oeste, las que capturaron Zawiya –ciudad clave porque cortaba el suministro desde Túnez– y avanzaron hasta la capital.

La segunda sorpresa fue la rapidez del avance en los últimos días. Al oeste de Trípoli estaba la Brigada 32, de uno de los hijos de Gadafi –Khamis– bien preparada. Cuando llegaron los rebeldes, apenas quedaban cincuenta soldados. Esta segunda parte de la sorpresa tiene truco: la ayuda aérea de la OTAN, el posible apoyo de comandos de élite de Francia y Reino Unido, y el entrenamiento de rebeldes en Qatar fue determinante.

La entrada coincidió con un alzamiento dentro de la capital. La euforia se soltó: Trípoli era liberada, varios hijos de Gadafi eran detenidos y se dispararon las celebraciones en la Plaza Verde de Trípoli -que Google Maps ya ha rebautizado como Plaza de los Mártires. 

Tres días después parece que la guerra no ha acabado. Los hijos de Gadafi siguen libres y algunas divisiones del gobierno libio controlan zonas de la ciudad y vuelven al ataque. En zonas urbanas, la ayuda aérea no sirve; los rebeldes tendrán que combatir solos. El resto del país tampoco está aún todo en manos de la oposición. La ciudad natal de Gadafi, Sirte, en la costa, y Sabha, al sur, siguen fieles al coronel. El Pentágono ha anunciado que interceptó un misil lanzado desde Sirte y parece que tropas de Zlintan irían hacia Trípoli para ayudar en su defensa.

A pesar de estos esfuerzos de Gadafi y sus tribus leales, es difícil que aguanten mucho tiempo. Hace unos días Estados Unidos difundió entre los rebeldes para levantar la moral unas intervenciones telefónicas: militares libios se quejaban de la falta de petróleo y alimentos. En Sirte fallaba ayer la electricidad. Gadafi no podrá resistir sin recuperar territorio.

Los últimos focos de resistencia no son el único problema de la oposición. Cuando los Gadafi hayan desaparecido quedará construir la nueva Libia. Hasta ahora, la oposición tenía un objetivo común: el final del régimen. Ahora las diferentes tribus libias deberán ponerse de acuerdo para evitar venganzas y compartir el poder. Todo eso sin ninguna tradición democrática. 

Pero Libia tiene dos ventajas: primero, es la primera revuelta árabe que logra eliminar el antiguo régimen y su aparato de seguridad. Segundo, tiene petróleo. Si se gestiona bien, las ventajas del nuevo sistema deberían verse pronto. El esfuerzo de la revolución no ha terminado.