La última pradera mexicana

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Gerardo Grobet…nuestro deber no es profetizar el mal, sino luchar por un mundo mejor.
Karl Popper, 1994Sobran los argumentos económicos, ecológicos y éticos esgrimidos en pro de la conservación de la biodiversidad, de los ya escasos ecosistemas prístinos como Janos.

Se ha empleado con los números rojos de los inventarios de flora y fauna la estrategia publicitaria de la repetición, con un resultado más bien anestesiante.

Ni siquiera el negro recurso de presagiar el colapso ambiental por la extinción masiva de especies ha motivado una respuesta a la altura del problema: la reacción de cada individuo, el apoyo de todos los sectores.

De hecho, la tendencia camina todavía en sentido contrario. ¿Por qué? Losconservacionistas nos devanamos los sesos.
     Una idea: Tal vez la causa principal sea la pobrerelación cultural que las sociedades modernas mantenemos con la biodiversidad, empeorada por la tendiente concentración de las poblaciones humanas en urbes.

Y ayudaría, por ello, reconocer el valor de las mani-festaciones culturales contemporáneas que nos reintegren con la naturaleza, pues sólo se actúa en favor deaquello que se aprecia plenamente.

     Viene al caso recordar que en el pasado de México la relación cultural sociedad-naturaleza fue riquísima. Patricio Robles Gil y sus colaboradores demostraron en su trilogía, Diversidad de flora mexicana, Diversidad de fauna mexicana y México, diversidad de culturas —ilustrada con magníficas fotos, como las que aparecen en este Portafolios—, que la gran diversidad de culturas prehispánicas y lapropia riqueza de cada una de ellas se explican a partir de la influencia ejercida por la megadiversidad deespecies y ecosistemas que caracterizan a nuestro país.
     Está claro que no se trata de reencarnar la vidacultural de nuestros antepasados (quizá sí de rescataralgunos de sus elementos).

Lo que se necesita es replantear creativamente dicha relación en los términos de las aspiraciones que hoy perseguimos.

Consi-dérese la fotografía naturalista como ejemplo. ¿Hayalguna razón que impida concederle un contenidoartístico?, ¿o sólo prejuicios?
     Existen otras manifestaciones de la actividad intelectual humana no menos valiosas en este sentido, independientemente de si manejan un contenido artístico o no, pues esto último no es requisito indispensable para concederles el estatus de "cultura".

Ni necesitan pertenecer a la rama de las humanidades, como lo explican John Brockman, en La tercera cultura, y Edward O.

Wilson, en Consilience: The Unity of Knowledge. ¿No es trascendental para todo ser humano conocer los procesos ecológicos básicos y el papel de la biodiversidad para su mantenimiento en vista de que sustentan su existencia?
     Igualmente importantes en relación con lo que se discute serían la pintura paisajística; los documentales para televisión, radio y cine; los libros y revistas naturalistas,o la etnobotánica y el ecoturismo.

Reconocer el valorcultural de este tipo de propuestas sin duda mejoraría nuestras posibilidades de contar con un mundo mejor. –

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