Moverse en el continuum. Entrevista con José Antonio Millán

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¿Qué cree que ha ganado gracias a la publicación digital? 

He ganado contacto con mis lectores, bibliografía para mis investigaciones, correcciones a mis obras, respuestas, amigos.

En España, no son muchos los líderes de opinión o intelectuales de renombre que reflexionan, ya sea en sus artículos o libros, sobre tecnología, internet o su influencia en los comportamientos humanos. ¿A qué cree que se debe?

Los estamentos intelectuales de nuestro país han tenido clásicamente una postura podría decirse reaccionaria frente a estos temas. En parte es una cuestión de desconocimiento: he oído y he leído cosas sobre proyectos de libros digitales, en boca de personas profesionales del sector, e inteligentes, que eran puras patrañas. Veo también un factor de la peculiar psicología de muchos de nuestros conciudadanos. Se podría formular así: “Nos van a decir estos bárbaros americanos lo que se puede hacer con un libro, a nosotros… ¡Vamos anda!” No es un caso únicamente español, véase Jeanneney [ex presidente de la Biblioteca Nacional de Francia y acérrimo opositor a Google y su digitalización de libros] y su proyecto de Biblioteca Digital Europea…

Yo creo que un escritor o un lector medios pueden estar perfectamente al margen de las revoluciones que están ocurriendo en estos terrenos, pero un profesional del libro, un universitario, un investigador, una persona inquieta por lo que está sucediendo en el mundo intelectual de hoy, sencillamente no puede.

Recuerdo un artículo suyo, titulado “El lector Control F”, en el que abogaba por la difusión electrónica de los textos ya impresos en papel, para poder así compartirlos y explorarlos. ¿Cree que la cohabitación resistiría mucho tiempo o al final el libro en pantalla terminaría comiéndose al soporte papel?

Tal y como lo veo ahora, la combinación de los dos soportes parece tener muchas ventajas: el clásico para leer cómodamente, subrayar, anotar, y el electrónico para seleccionar fragmentos, copiar, integrarlos en un estudio, enviárselos a alguien; para buscar una palabra, un nombre propio.

Una de las quejas de los lectores habituales respecto a la lectura en pantalla es lo incómodo que resulta. ¿Cree usted que esa supuesta incomodidad pasa sencillamente por una falta de hábito y que, por ejemplo, las nuevas generaciones ya no la tienen y que eso contribuirá a que en un futuro el libro en papel ceda el paso al libro en pantalla?

Claramente, hay un factor cultural, de familiaridad, de uso, que tiene peso. Pero también es verdad que el libro tradicional es fruto de una evolución de siglos (aunque hay editores que se complacen en tirarla por la borda): su formato, la caja del texto, el tamaño de la letra, el interlineado: todo está pensado para facilitar la operación de leer. Oí hace años al diseñador Yves Zimmerman decir que el libro está tan bien diseñado como un cuchillo: es difícil cambiar algo en él.

Dicho esto, hay que añadir que el libro electrónico, el dispositivo dedicado para la lectura, está buscando aún su forma. Yo llevo años leyendo en distintos modelos que han ido apareciendo. El último que he probado, el Iliad (que se basa en la tecnología de tinta electrónica), es el mejor que conozco, y aún la experiencia de lectura así está a gran distancia de la del libro de papel. Entre otras cosas porque ha sido diseñado por ingenieros: no hay más que verlo; tiene problemas que un buen editor no consentiría para una obra de su catálogo.

¿Qué otros cambios o mejoras de la experiencia lectora cree que obtenemos gracias a las nuevas tecnologías?

La experiencia clave es la de moverse por el continuum de los textos. Una búsqueda en la web, o en Google Books, es una experiencia no por cotidiana menos pasmosa. Ahí está: una frase, una cita de una obra que nos lleva al corazón de otra que no sabíamos que existía. Para un lector ávido es un delirio, o un paraíso.

¿Qué cambios cree que tendrán que realizarse al concepto tradicional de derechos de autor debido a las posibilidades de reproducción y producción que ofrecen las nuevas tecnologías, sobre todo dentro de la red?

Está muy claro que la estructura de derechos de autor vigente pertenece a una época determinada. Podríamos decir que tuvo su papel para defender a autores y editores en un cierto momento, pero hoy en día no sirve para los fines generales: a muchos autores y a lectores, por ejemplo, les hace un flaco favor.

¿Se ha parado a pensar por qué no tenemos todavía medios digitales competentes en España? ¿Por qué no existen un Slate o Salon en español?

Bueno: pese al triunfalismo reinante yo me preguntaría no sólo eso, sino también por qué no tenemos otros muchos medios, revistas, emisoras, cine, novelas, competentes…

Como usuario y lector de medios digitales, ¿qué es lo que guía sus lecturas? Se lo pregunto porque la llamada democratización de la información que ofrece internet tiene como consecuencia que tengamos al menos la sensación de sobreinformación.

Estar sobreinformado es no sólo posible, sino frecuente. El frecuentador de medios digitales hoy en día oscila entre la “diabetes infórmatica” (los nutrientes se excretan sin haber podido asimilarse) y el “síndrome del Dorito”: uno está picoteando todo el día, y al acabar está ahíto pero no alimentado. En ese sentido, los lectores de rss, que permiten recibir lo que uno quiere, son una bendición para concentrarse y focalizar.

¿Qué opinión tiene acerca del “periodismo ciudadano”?

Periodismo ciudadano es un oxímoron. Lo que es muy curioso es lo que puede conseguir la suma de muchos ciudadanos haciendo cosas (desde links hasta fotos).

¿Vio Epic 2014 (y la versión posterior Epic 2015), ese falso documental que imagina un mundo donde Google se une a Amazon, creando Googlezon, y haciendo desaparecer al New York Times y todos los medios tradicionales, dominando la información global a través del control de los administradores de noticias, la blogósfera, etcétera? ¿Cree que un futuro así es posible? 

Sí, y me interesó mucho. La verdad es que la situación ha cambiado tanto tan rápidamente que cabe hacer todo tipo de cábalas. Si nos hubieran dicho hace ocho años que un buscador podía revolucionar el mundo de la prensa y de la edición, habríamos dicho que era una locura. Pero las cosas que vemos a diario nos están enseñando muchísimo sobre la interrelación entre creadores, mediadores, lectores, indizadores… Estamos también en un continuum en el que los roles se solapan o simultanean: el buscador que lleva al comentario hecho a una entrada de blog que recoge el artículo de periódico que reseña la última novela de Fulano. ¡Son cinco niveles interrelacionados en una cadena trófica de la información! Y hay casos más complejos…

Pues bien: es evidente que en estas cadenas hay elementos más débiles que otros. O, por decirlo de otra manera, algunos son imprescindibles (o eso creemos ahora), y otros… ya se verá. ~

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