Peña Nieto es impermeable

Los números indican que Peña Nieto deja hoy el gobierno del Estado de México en el punto más alto de su popularidad. Escándalos como el caso Paulette o los abusos en San Salvador Atenco no fueron sino rasguños de los cuales salió bien librado. 
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En la pasada elección presidencial votaron 41.7 millones de mexicanos. De repetirse un escenario similar en julio de 2012, y con base en las encuestas más conservadoras hasta el momento, Enrique Peña Nieto obtendría alrededor de 17 millones y medio de votos. En cualquiera de los escenarios planteados, el priista vencería a su más cercano contendiente por no menos de 20 puntos porcentuales.

El PAN ha ocupado la Presidencia por dos periodos consecutivos y el representante más visible de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, lleva seis años de infructuosa campaña. Las alianzas coyunturales han logrado poner fin a la hegemonía del PRI en varios de los enclaves que conservaba, pero no en el Estado de México, donde el sucesor de Peña (Eruviel Ávila) derrotó por más de 40 puntos a quien, se decía, era el único candidato capaz de vencerlo (Alejandro Encinas).

Los números indican que Peña Nieto deja hoy el gobierno del Estado de México en el punto más alto de su popularidad. Escándalos como la desaseada investigación que su procurador hizo de la muerte de Paulette Gebara, o las violaciones y abusos cometidos en mayo de 2006 por elementos de la policía mexiquense en contra de pobladores de San Salvador Atenco no fueron sino rasguños de los cuales salió bien librado.  

El traspié sufrido en una entrevista con el periodista Jorge Ramos no fue tampoco suficiente para que las especulaciones sobre la muerte de su primera esposa, Mónica Pretelini, tomaran nueva fuerza y lo amenazaran políticamente.

En seis años al frente del Estado de México, Peña Nieto no se definió nunca como aspirante al 2012, aunque se asume como un hecho que estará en la boleta electoral el año entrante. Sus intenciones, en todo caso, son patentes en el gasto de cerca de 639.5 millones de pesos que su administración invirtió en publicidad oficial entre 2006 y 2009, en tanto que en 2010 y 2011 se han presupuestado otros 351.1 millones de pesos, montos de los que Televisa se llevaría casi la mitad.

El mexiquense se volvió una presencia permanente y cotidiana a través de las numerosas gacetillas pagadas en medios electrónicos y los spots de logros divulgados por Angélica Rivera (con quien contrajo segunda nupciasen un evento largamente anunciado, que finalmente no resultó el show mediático que se esperaba) y la actriz Lucero. Ese logro fue también consecuencia de la gradual apertura de detalles sobre su entorno privado como el álbum familiar en Facebook o la distribución en las papelerías de una biografía para uso escolar que lo ubica como “el gobernador más conocido por los mexicanos”.

Durante los primeros días de julio de este año, decenas de colonias de los municipios de Ecatepec y Nezahualcóyotl quedaron bajo las aguas negras del Río de Los Remedios que afectaron a unas 20 mil familias. Al inicio de septiembre, mil 800 viviendas de Tultitlán, Cuautitlán Izcalli, Atizapán y Tlalnepantla fueron afectadas por el desbordamiento de otro canal. Sin embargo, Peña Nieto parece impermeable y en el terreno de las percepciones, donde hoy se libran las batallas más importantes, ha logrado imponer su mejor imagen impostada: la del político que vuelve, con la camisa arremangada, agotado de trabajar.

Peña Nieto tiene un altísimo nivel de reconocimiento, sin el alto porcentaje de rechazo que, por ejemplo, presenta López Obrador. Gobernó seis años una de las entidades que más contribuyen a la desigualdad nacional, pero un sondeo de CNNExpansión entre 55 de los empresarios más importantes del país lo colocan a él y su partido muy adelante en la carrera presidencial.

El voto que echó al PRI de Los Pinos en 2000 fue producto del hartazgo de 71 años de un régimen que ahondó las desigualdades, alimentó la corrupción y reprimió libertades. Doce años bastaron para poner al partido, otra vez, en la antesala de la Presidencia, merced al desempeño de dos gobiernos panistas que en todo caso habrían convencido al electorado de que el cambio fue un error, y una izquierda a tal grado incapaz de consolidarse como alternativa que en el último sexenio habría perdido entre cinco y siete millones de votos.

Difícilmente veremos una debacle como la de hace seis años cuando el puntero perdió una ventaja de 10 puntos para ser derrotado por casi 244 mil sufragios. El calificativo de “peligro para México” difícilmente será reeditado para volverlo en contra del político priista. Hoy termina su era de gobernador impermeable y comienza la del candidato cuya vulnerabilidad será puesta a prueba. Por unas semanas no tendrá reflectores ni una partida oficial para gastos de comunicación social, pero hay 19 gobernadores ávidos de ganarse las simpatías del “próximo presidente”, dispuestos a arroparlo y placearlo mientras llega la contienda interna priista, que será un mero trámite.