El Foncagate

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1.
El Sistema Nacional de Creadores (SNCA) del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes no es una graciosa concesión del Estado, sino el resultado de una vieja demanda de la comunidad intelectual del país. Desde el medio siglo, Jaime García Terrés pedía una institución de esta naturaleza, propuesta a la que Octavio Paz y un grupo de escritores le dieron forma por primera vez en los años setenta, lo que dio como resultado, en el sexenio de Salinas de Gortari, un sistema de apoyo gubernamental a los creadores artísticos que se cuenta, en los niveles estatales y federales (y con todos sus defectos), entre las instituciones que vale la pena defender. Es cosa de darse una vuelta por el resto de América Latina para ponderar el valor de un sistema que coloca a los artistas e intelectuales mexicanos en una situación de resuelto apoyo público que debemos honrar.

2.
Para hablar sólo de literatura, durante quince años de funcionamiento la inmensa mayoría de los escritores mexicanos de valor (desde los más jóvenes hasta los eméritos) hemos recibido, al menos en una ocasión, los apoyos del SNCA. Y aquellos que han protestado, casi siempre de manera legítima, por haber sido excluidos de alguna convocatoria —dado que ningún sistema de premios y estímulos puede ser, por su propia naturaleza, universal— han acabado por recibir, tarde o temprano, el apoyo solicitado.

3.
Dado que a todos interesa la transparencia y el mejoramiento del Sistema Nacional de Creadores, hizo bien el poeta Manuel Andrade en denunciar ante la Secretaría de la Función Pública la irregularidad detectada en el pasado resolutivo del sistema. Como es del dominio público, es de suponerse que uno de los jurados, Hugo Gutiérrez Vega (director de La Jornada Semanal) interpuso sus buenos oficios para premiar como creador artístico al Sr. Luis Tovar, su secretario de redacción en La Jornada Semanal. Si semejante nexo laboral entre un jurado y un premiado provocó suspicacia en términos éticos, mayor irritación causaron, en el contexto de una convocatoria donde importantes escritores no recibieron el estímulo, los deleznables méritos curriculares y bibliográficos del Sr. Luis Tovar.

4.
Es probable que la letra del reglamento permita que el Sr. Tovar sea becario; pero a los jurados toca interpretar con pulcritud y sentido común el espíritu del reglamento. Es evidente que Gutiérrez Vega no estuvo a la altura de su responsabilidad.

5.
Mario Espinosa, secretario ejecutivo del Fonca, fue respetuoso de las deliberaciones del jurado, como suelen serlo los funcionarios culturales en esas instancias. Ahora le toca instrumentar las modificaciones necesarias para que el reglamento del SNCA contemple y evite, en lo sucesivo, casos de conflicto de intereses como el que lamentablemente acaba de ocurrir. Son numerosas las voces que, desde distintos ámbitos, claman por la liquidación de un sistema público de estímulo a la creación artística que, insisto, es una conquista de la comunidad cultural mexicana que debemos defender con autocrítica y con transparencia. –

 

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