La moneda del billón de dólares

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El debate sobre la situación fiscal en Estados Unidos se ha tornado extravagante. La discusión más reciente es sobre la posibilidad de emitir una moneda de platino con una denominación de un billón de dólares que ayude a resolver el embrollo político-fiscal en el que se encuentra actualmente el gobierno norteamericano.

La situación es la siguiente: Estados Unidos es uno de los dos países en el mundo en el que el Congreso, además de aprobar los ingresos y gastos anuales del gobierno, también aprueba un límite máximo al monto de la deuda pública (el otro país es Dinamarca). Esto es un tanto peculiar porque podría darse el caso de que una decisión sea incompatible con la otra; es decir, podría ocurrir que los ingresos y gastos aprobados en un cierto año conduzcan, de manera casi inevitable, a endeudarse más allá de lo autorizado en el techo de la deuda pública. Esta indeseable situación es en la que se encuentra actualmente el gobierno de Estados Unidos. A fines de 2012, y después de una larga discusión, el Congreso estadounidense aprobó el presupuesto para 2013. La estructura de este presupuesto, sin embargo, implica que en unos meses se alcanzará el techo de la deuda por lo que pronto será necesario aprobar un nuevo aumento a dicho límite. Si esto no ocurriera, el gobierno debería ajustar su gasto e incumpliría con algunos de sus compromisos de pago (es decir, incurriría en un default). El problema es que algunos congresistas republicanos pretenden obligar al gobierno de Barack Obama a hacer recortes en el gasto en ciertas áreas (particularmente en programas sociales y de salud) a cambio de aprobar el aumento al techo de la deuda. Este intento de extorsión política, que además podría volverse recurrente, ha planteado la necesidad de resolver, de una vez por todas, esta situación.

De entrada, es claro que volver a negociar de manera tradicional con los republicanos no representa una opción. Los republicanos tienen mayoría en el Congreso y ya antes han usado el tema del techo de la deuda en beneficio de sus intereses políticos. Para enfrentar esta situación, se han manejado básicamente dos opciones: apelar a la inconstitucionalidad del techo de  la deuda o emitir una moneda de platino con una denominación exorbitante. La primera se apoya en la 14a enmienda a la Constitución de los Estados Unidos en la que se afirma que “la deuda pública… no deberá ser puesta en duda”, por lo que hay quien considera que el concepto mismo del techo de la deuda contradice dicha enmienda. Esta opción sin embargo, es riesgosa y no hay consenso en que pueda prosperar legalmente. Más aún, durante el tiempo que durara el litigio, habría incertidumbre en torno a la resolución final y los costos económicos y financieros podrían ser enormes.

La segunda opción pretende aprovechar una disposición legal que le otorga al Tesoro de los Estados Unidos la discrecionalidad para emitir monedas de platino por el monto que considere conveniente. Esta disposición, que en un inicio pretendía ser usada para emitir monedas conmemorativas, le da al Tesoro la posibilidad real de emitir dinero sin tener que emitir deuda. Esta moneda no circularía y no tendría que tener un contenido específico de platino, sino que simplemente se trataría de una moneda cuyo valor nominal sería exorbitante y que serviría de respaldo a los pagos del gobierno. Es decir, la moneda podría acuñarse y depositarse inmediatamente en las cuentas del gobierno en la Reserva Federal. Una vez hecho esto, el gobierno podría seguir girando cheques contra sus cuentas de manera tradicional sin tener que emitir nueva deuda. Por supuesto, esta acción podría eventualmente tener efectos inflacionarios pero, por lo pronto, resolvería el tema inmediato de que el gobierno no incumpliría sus compromisos de pago y, más importante para el largo plazo, eliminaría el techo de la deuda como instrumento de coerción política en un contexto de gobierno dividido.

Es cierto, la solución de la moneda del billón de dólares suena un tanto absurda y ridícula, pero es legal y técnicamente válida. En presencia de intentos de chantaje de los congresistas republicanos, es posiblemente la mejor alternativa que podría seguir el gobierno de Barack Obama. De hecho, ni siquiera tendría realmente que llegar a usarla, bastaría con que hiciera una amenaza creíble de que está dispuesto a usarla para obligar a los republicanos a negociar los ajustes al gasto que deberán darse en los próximos meses. Por ello, si la moneda del billón de dólares logra desactivar los intentos de extorsión política, presentes y futuros, se convertiría, paradójicamente, en un instrumento político-económico de valor incalculable. ~