Fotografía: El espacio vientre. Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC)

Ancestralidad y sacralidad en la obra de Delcy Morelos

La obra de la colombiana Delcy Morelos, donde la tierra se devela como elemento místico, es un llamado a la preservación de la vida en un mundo amenazado por la explotación humana.
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Sus manos juegan con el barro que ha quedado adherido a su piel. Mientras me habla, este se va secando entre sus dedos y cae a la mesa. Delcy lo recoge y lo vuelve a amasar. Para algunas personas sería polvo, quizás lo tirarían al suelo, pero la artista recupera esa materia, la reúne y le da forma. Para ella la tierra es un elemento sagrado, por eso, aun en su forma más minúscula, la cuida y la honra. Puedo ver en ese gesto el mismo diálogo que habita su obra monumental, la misma paciencia y la misma ritualidad.

Delcy Morelos (Tierralta, Córdoba, Colombia, 1967) es una artista que ha ganado reconocimiento internacional por crear instalaciones donde la tierra, mezclada con semillas y elementos aromáticos como el clavo, el cacao, la canela o el café, se devela como elemento místico: “La Tierra está viva y nos está hablando”, advierte. Su obra es un llamado a la preservación de la vida en un mundo amenazado por la explotación humana, el extractivismo y el ecocidio.

Para su trabajo, se ha inspirado en las culturas ancestrales donde la Tierra es vista como una divinidad femenina: “Para mí lo femenino se refiere a una estructura y a una manera de relacionarse con el mundo desde ciertos intereses específicos: la escucha, la nutrición, el cuidado, el inconsciente, la armonía, la emoción, el conocimiento adquirido desde la experiencia corporal. Este enfoque femenino se puede cultivar desde cualquier género, pues me parece una inclinación humana vital”, propone Delcy.

Sus piezas suelen activar experiencias sensoriales que nos invitan a explorar la memoria corporal y emotiva. En el año 2018 Delcy presentó en NC de Bogotá la obra Enie (que significa “Tierra” en la lengua uitoto), donde formó galletas de tierra con clavo, piloncillo, manteca de cacao, cera de abeja y arcilla. El centenar de galletas colocadas en largas hileras dentro del espacio remite a un universo donde la Tierra nos recuerda su capacidad nutricia.

También le interesa desarrollar espacios contemplativos para cuestionar la cultura de violencia que impera en el mundo occidental. Muestra de ello es la obra que desarrolló para la 59ª Bienal de Venecia, donde la artista convirtió el Arsenale, un lugar antiguamente destinado para el resguardo de armas, en un espacio donde los visitantes podían transitar entre pasillos de tierra mezclada con heno, harina de yuca, cacao y especias. Un recordatorio de cómo lo que sostiene la vida es el alimento.

En 2023 para la sala del subsuelo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, ubicado a diez metros bajo tierra, creó, para resignificar la profundidad de dicho espacio, una ofrenda inspirada en ceremonias de Los Andes. En Bolivia, Perú y Ecuador le llaman mesa andina y en Jujuy le llaman “dar de comer a la madre tierra”. El ritual consiste en colocar todos los alimentos que una persona come y bebe en un hueco realizado a un metro de profundidad. “Cada tierra tiene su energía y cada territorio también la tiene. Para mí el trabajo de artista tiene que ver con el trabajo de la escucha. Y es una facultad que siempre estoy cultivando: escuchar la tierra, escuchar el contexto. Cada sitio es distinto y tiene diferentes necesidades”, relata.

Para la Bienal de Bujará en Uzbekistán (2025), Delcy presentó una estructura piramidal de madera con tejido de yute sobre la cual colocó una mezcla de arena y especias, entre las que destacaba la cúrcuma, la cual dotó a la pieza de un amarillo brillante y suntuoso que contrastó con la arena del territorio. Menciona: “El calor en el desierto es muy intenso, por eso quise crear una sombra como sitio de refugio al que las personas pueden ingresar.”

Los elementos elegidos son el resultado de una investigación sobre los colores, texturas y componentes de los suelos, pero también de las memorias de cada lugar. Para su exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla en 2024, sitio donde estuvo enterrado Cristóbal Colón, la artista colocó tierra con chía, pues le interesa resaltar cómo las plantas prehispánicas de Mesoamérica llegaron a Europa y crearon nuevas tradiciones culinarias. Además, colocó tierra sobre el altar, con lo cual invirtió poéticamente la imposición religiosa vivida en el territorio amerindio, donde las ceremonias de las culturas prehispánicas fueron demonizadas. En la pieza de Delcy, la tierra puesta en el templo retoma su lugar como entidad sagrada.

Para la instalación que presenta en el MUAC, la más grande que ha realizado hasta ahora, Delcy Morelos ha seleccionado una tierra rojiza que proviene del municipio de Otumba en el Estado de México, un territorio con vocación agrícola. Asegura que se han ocupado alrededor de cincuenta metros cúbicos que serán regresados a la comunidad al término de la exposición. La presencia monumental de la tierra rojiza, los olores de especias y las hierbas que ya han germinado crean una atmósfera ritual: “Yo quería una tierra que fuera muy arcillosa y que fuera roja, que tuviera mucho hierro en su conformación, porque lo que hace que tu sangre sea roja es lo mismo que hace que esta tierra sea roja: el hierro. Y, además, si tienes una herida y ves cómo se oxida la sangre, ves cómo tiene un color parecido al de la pieza”, propone.

Los referentes para esta instalación son el centro arqueológico de Cuicuilco y el Espacio Escultórico de la UNAM. Delcy cuenta con emoción que conoció por primera vez el Espacio Escultórico en 1994, cuando vino a México para participar en una exposición realizada en el Museo del Chopo. Desde entonces, este lugar se volvió un referente para ella y aparece citado en la pieza expuesta en el MUAC, ya que esta se articula como un espacio circular que se eleva a doce metros de altura sobre los visitantes.

“Nací en un pueblo en el Caribe colombiano que se llama Tierralta. Desde antes de nacer yo estaba predestinada a trabajar con tierra y ponerla en un altar. Tierralta quiere decir altar. Y aquí pongo la tierra mexicana en su altar”, comenta. No lo dice en broma, Morelos ha estado en contacto con diferentes maestros y sabios de culturas prehispánicas; en la Amazonia ha estudiado con Uitoto Isaías Román y en México ha estudiado con una sacerdotisa maya.

Adentrarse en las culturas ancestrales ha sido un ejercicio que permite a Delcy descolocarse del pensamiento utilitario e instrumental de la cultura occidental. A través de ello, ha desarrollado saberes, sentires y formas de percepción muy personales, por ello Delcy se autodenomina como bruja: “Para mí ser bruja significa ser mujer de sabiduría y mujer que quiere conocer los secretos de la naturaleza y que esos secretos pasen a través de mí y sean transmitidos a ustedes.”

En la pieza desarrollada para el MUAC, Delcy ha colocado semillas de maíz y quelites, elementos que formaban parte de la dieta prehispánica y que continúan conformando la herencia biocultural de muchas comunidades campesinas: “Para mí, la tierra es un vientre donde se gestan las semillas y también nosotros estamos en ese vientre porque estamos aquí en la Tierra. Me encantan los quelites porque este tipo de alimentación de plantas silvestres ya se está perdiendo en gran parte del mundo”, comparte.

La vocación alimentaria de la pieza nos recuerda que nuestra vida depende del cuidado de la naturaleza y que, como dice Delcy Morelos: “formamos parte de la Tierra, no somos entes separados de ella”. ~


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