Cuando Maquiavelo llegó a las empresas

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Son bien ignorantes los escritorcillos que dijeron que [Maquiavelo] le había propuesto a todos los príncipes [a César Borgia, por ejemplo], aún a los que no se hallan ni pueden hallarse en el mismo caso. No conozco más que a mí, en toda Europa, a quien este modelo pudiera convenir.

Napoleón Bonaparte, en sus anotaciones a El príncipe

Management speak es el nombre con el que cómicamente se refiere el mundo angloparlante al verboso y hueco discurso asociado con las ciencias empresariales: es lo que sale de la boca del conferencista con “mentalidad de tiburón”, o de ese amigo que tiene la idea de crear un negocio start-up desde hace muchos años, pero que sigue sin saber el área a la que se dedicará su imaginario emprendimiento que, él insiste, será revolucionario.

¿Pero qué sucede cuando el estilo discursivo en sí se convierte en ideología? En ese caso, nos enfrentamos a algo que trasciende al management speak. Si se me permitiera acuñar un nuevo término, el paso de discurso a marco ideológico produce una especie de management thought, una forma de pensamiento empresarial pobremente construido que busca instruir al aspirante a empresario. Al igual que su homólogo discursivo, la estrategia principal para convencer sería argumentar desde el pedigrí de una idea, y no desde su contenido. Son estas circunstancias las que conducen a un cierto tipo de descontextualización que frecuentemente se observa, pero de la que se habla relativamente poco: aquellas relacionadas con El príncipe de Nicolás Maquiavelo.

No es necesario enfatizar la importancia monumental de El príncipe. Se trata de un texto cuya influencia es palpable en la historia de nuestro desarrollo político. Es un libro que frecuentemente advoca por el autoritarismo, pero cuya intención real continúa siendo un misterio: su autor provenía de una familia comprometida con la tradición republicana de la época, la cual siempre mantuvo como pilar central la idea de la libertad popular. Cabe también destacar que El príncipe fue dedicado a Lorenzo de Médici, a pesar de que fueron los Médici quienes apresaron, torturaron y exiliaron a Maquiavelo. Por ello, algunos han argumentado que el tratado político es en realidad una obra satírica; una imitación de los manuales para príncipes de la época, escrita a modo de insulto contra quienes despojaron a su autor tan cruelmente.

(( Para más sobre esta hipótesis, recomiendo la lectura de “Machiavelli’s Prince. Political science or political satire?“, de Garrett Mattingly, The American Scholar, vol. 27, núm. 4, 1958, p.p. 482-91. ))

Pero el contexto y los matices son el enemigo mortal del management thought. El consejo de El príncipe es particularmente atractivo para un tipo de liderazgo que busca aglutinar la mayor cantidad de poder posible, pues, si bien Maquiavelo no era necesariamente autoritario, muchos de sus lectores ciertamente lo son. El mejor ejemplo de este fenómeno es el mantra maquiavélico de numerosos individuos: “el fin justifica los medios”. Esta frase es, en realidad, una paráfrasis del siguiente pasaje del Capítulo XVIII(“De qué modo los príncipes deben guardar la fe dada)”:

[El espíritu del príncipe] debe estar dispuesto a volverse según que los vientos y variaciones de la fortuna exijan de él; y, como lo he dicho más arriba, a no apartarse del bien mientras lo puede, sino saber entrar en el mal cuando hay necesidad. Debe tener sumo cuidado […] para que, tanto oyéndole como viéndole, le crean enteramente lleno de bondad, buena fe, integridad, humanidad, y religión.

[…]

En las acciones de todos los hombres, pero especialmente en las de los príncipes, contra los cuales no hay juicio que implorar, se considera simplemente el fin que ellos llevan […] si sale con acierto, se tendrán por honrosos siempre sus medios.

Las observaciones de Maquiavelo son, por lo tanto, mucho más complejas de lo que uno pensaría originalmente. El príncipe maquiavélico debe tener, ante todo, criterio. Su cinismo es mucho más acentuado que si simplemente buscara una meta noble usando fines frívolos, pues también tiene que dar la apariencia de bondad a toda costa. Pero, más importante, el príncipe también puede realizar sinceramente actos bondadosos si fuera conveniente, lo que significa que debe de tener más de un modus operandi. Si consideramos la lectura satírica de El príncipe, esta es una de las mejores deconstrucciones de las deficiencias inherentes del abuso de poder político.

¿Por qué, entonces, el mensaje que el empresario comprende es simplemente “el fin justifica los medios”? Puedo afirmar con suficiente seguridad que muchos hombres de negocios no se preocupan por leer El príncipe, pero sí tienen un claro interés en citarlo. Los extremos de la mentalidad no-nonsense de este círculo son infames, y no sorprende que lleven a la excesiva simplificación de un texto al que no se han acercado. La segunda razón, ya expuesta, es la construcción retroactiva de una nueva ideología del liderazgo, cuyo propósito no deja de parecer siniestro, que es la racionalización de prácticas inmorales en la esfera de los negocios. Un jefe de planta que mantiene a sus trabajadores en condiciones inhumanas o un empresario rehusándose a pagar sus impuestos o la contaminación generada por una manufacturera se vuelven justificables: el argumento sería que Maquiavelo goza de reverencia universal, y si Maquiavelo dice que el autoritarismo y la deshonestidad son justificables, entonces eso significa que deben serlo. Interpretaciones similares son asignadas a muchos de los más icónicos pasajes del tratado, como sucede con la insistencia de que el príncipe sea “como la zorra y el león”, ignorando que también se debe actuar “con las leyes”, según el propio Maquiavelo. Diría que el contexto de la obra pasa a ser de importancia secundaria, pero, para muchos, ni siquiera es de importancia alguna.

El valor de este desarrollo discursivo no es mínimo ni tangencial. En la mayoría de las democracias exitosas, el maquiavelismo tiene poca cabida, pero el riesgo se ha trasladado al sector privado. El poder de la ideología no debe subestimarse, incluso si se trata de la ideología de actores individuales, especialmente considerando el rol que muchos de ellos juegan en la sociedad. El hecho de que una de las fundaciones del naciente management thought consiste en una lectura sin perspectiva de El príncipe dice mucho sobre el estado presente de las ciencias empresariales. Hoy se habla del agotamiento laboral y su ubicuidad, mientras en muchas empresas y despachos residen cada vez más los César Borgia y los Alejandro VI, los Agatocles, los Oliverotto da Fermo. Nuestra obligación está en asegurar que ese tipo de personajes, tanto en el sector público como el privado, permanezcan en los libros de historia. ~

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