Elegir la siguiente bifurcación

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Lo que te atrapa es creerte que estás donde aparentemente estás.

Perseveras en esta bifurcación tuya por comodidad, por costumbre. Podrías estar en otra mejor, o peor. Lo que no puedes, según la ecuación de Schrödinger, es saltar de una a otra.

Pero nada te impide cuestionar la bifurcación actual y elegir la siguiente, que se produce en nanosegundos.

Elegir cada nanosegundo sería fatigoso, además no daría tiempo. Pero esas velocidades se aplican a las partículas del átomo hacia abajo.

Pero el tiempo de bifurcación a escalas macro, en el rango en que se mueve la humanidad, podría ser mayor, y daría margen, tiempo, a decidir o elegir un universo mejor, con tales características, etc.

La teoría de los universos múltiples o de los muchos universos la admiten muchos científicos.

Un asunto que hay que considerar es que en cada bifurcación se bifurca el mundo completo. Es más fácil pensar en esto desde la persona individual, pero es imposible aislarla del conjunto, así que esta vía individual es simple pereza, o sea, ego.

Tampoco sabemos si todos nos bifurcamos a la vez o si hay desfases, que parece lo más probable, o lo más deseable para mantener el espejismo de cierta libertad individual, lo que es un dogma de la época, aunque ya se ha descartado el libre albedrío.

Este descarte del libre albedrío puede ser un motivo para renunciar al proyecto esbozado arriba de elegir al menos ciertas características de la próxima, siempre inminente, bifurcación. De momento es más útil, como en tantas otras cosas, seguir confiando en la libertad. (Se podría argumentar que elegir en el siguiente ramal un mundo con mayor libertad –entre otras cosas, para elegir el próximo– es una forma de presionar en la dirección adecuada. Quizá la teoría de los muchos mundos, a escala humana, permita ciertas licencias que la atómica no deje: igual que hemos ampliado el margen de tiempo para poder elegir, podemos ampliar el margen de libertad o libre albedrío.)

¿Qué copia quieres ser de ti misma/o?

En estas hipótesis el poder de la voluntad o el pensamiento podría tener más capacidad de modificar o decidir la situación siguiente que en la vida ordinaria. Claro que habría que entrenarse, practicar. Y habría que tener en cuenta no solo a uno mismo/a, sino también, como hemos visto, el mundo completo. Nadie se bifurca solo.

Y si lo hiciera, que tampoco se puede descartar a la ligera, el individuo sería una especie de zombi en el vacío, o en un mundo incompleto en el que se sentiría ajeno (quien no se haya sentido alguna vez así que tire el primer átomo). En ese caso lo normal sería regresar a un mundo completo, común, en la siguiente bifurcación. Este fallo podría explicar, y tal vez remediar, algunas enfermedades mentales, por ejemplo la incapacidad para pasar –o regresar– a un mundo normal, conocido, familiar, en la siguiente ramificación.

Prestar atención aunque sea ocasionalmente a estas realidades, que ya admiten y en parte manejan una buena parte de los físicos, nos permitiría, al menos, entender mejor la mera vida y, en parte, relativizarla o trascenderla. La concepción mostrenca de masas de materia amorfa sometidas a las circunstancias meramente newtonianas limita las aspiraciones y constriñe la imaginación. Además, es evidente que nadie se acaba de creer ese concepto estándar, puesto que a menudo sucumbimos a ensoñaciones y prácticas tradicionales que siguen manteniendo vigencia: animismo, supersticiones y todo lo que se suele englobar, con cierto desdén, en la expresión “pensamiento mágico”.

Sin esos mundos fantásticos o fabulosos no aguantaríamos otra glaciación u otra declaración de hacienda; la vida roma, plana, es insufrible. Quien no aplique significados simbólicos, míticos o mágicos a los números que tire el primer ábaco.

Aunque solo fuera para hablar con los niños –los que queden– necesitamos esponjar la materia. Tenemos la ventaja de que la ciencia, la misma que habilita el móvil, el láser, el gps, la resonancia magnética y el mundo en general, avala estas aventuras mentales, si es que se quieren mantener en ámbitos restringidos o lúdicos, es decir, sin pretender objetivos más ambiciosos como, por ejemplo, el que encabeza este texto: elegir la siguiente bifurcación.

¿Se puede elegir el mundo siguiente?

Como hemos visto, habría que definirlo completo. Lo que en principio parece excesivo (quizá mucho gasto, mucha entropía) podría ser una ventaja, puesto que puede ser más económico decidir sobre el contexto que perderse en cambiar lo individual, que –dado el ego– exige más gasto y más dedicación.

El ego debe de tener alguna función en las bifurcaciones, tal vez mantener la identidad, algo así como las leyes de la conservación de la energía. En ese caso sería útil para el experimento que se propone –elegir o diseñar el mundo siguiente– dejarlo aparte, al menos en un par de ciclos. Quizá sería suficiente para aligerar esa mismidad que a veces resulta un poco cargante, y que puede venir de considerar el mundo como bloques de materia compacta, impenetrable, que no podemos modificar.

Ese concepto de siglos –el mundo antiguo lo veía de otra manera– ya no se sostiene. Los muchos mundos se van abriendo paso en las conciencias. En resumen, se trata de apoyar la imaginería de la especie (ahora inconfesable) en las evidencias de la ciencia.

Al crear el mundo siguiente, conviene recordar que los demás estaremos en él. Es un esfuerzo, o un descanso, de superempatía universal.

Hemos dicho que según la ecuación de Schrödinger no se puede saltar de una bifurcación a otra, no interactúan. Pero esto habría que verlo: a lo mejor al diseñar el mundo siguiente se puede desactivar esa regla, al menos en fin de semana.

[NOTA: se recomienda leer la vida del físico Hugh Everett (1930-1982), creador de la teoría de los universos múltiples (https://www.scientificamerican.com/article/hugh-everett-biography) y el documental que le dedicó su hijo, el músico Mark Oliver Everett: Parallel worlds, parallel lives (https://www.youtube.com/watch?v=0LroZS97VjA).] ~


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