Fin de régimen

Se niega lo evidente hasta la saciedad y, si no cuela, pues no pasa nada.
AÑADIR A FAVORITOS
Please login to bookmark Close

¿Cuándo fue la última vez que le salió algo bien al gobierno de Pedro Sánchez? Me refiero a esas victorias propagandísticas y estratégicas de las que se hablaba hace años, cuando el presidente, según sus simpatizantes, lo aguantaba todo y era un héroe de la resistencia. Incluso aquello que era negativo le venía bien. Todo beneficiaba a Su Persona. La oposición también se creía ese relato, lo que explica su impotencia y acomplejamiento durante tantos años: el gobierno lo aguanta todo y nada le afecta. Una parte de la derecha incluso lo envidiaba: ojalá tuviéramos en nuestro bando tanta gente sin escrúpulos. Uno de los grandes debates en la oposición en los últimos años ha ido por ahí: para ganar a Pedro Sánchez, ¿hay que actuar como Pedro Sánchez? Hay muchas diferencias ideológicas entre Vox y el PP, pero sobre todo hay una gran diferencia estratégica.

Con perspectiva, esas supuestas victorias del sanchismo, en el fondo, no eran tales. Se alababa su genio estratégico simplemente por sobrevivir a toda costa y todo coste: rompiendo la convivencia, cargándose instituciones, vendiendo a cachos el Estado, ejerciendo una guerra psicológica constante. Aunque la política es siempre sucia, ser buen político no es ser exclusivamente sucio. Pero sí que es cierto que al menos hace unos años, hasta poco después de las elecciones de 2023, el gobierno sí parecía capaz de adelantarse a los acontecimientos e incluso de moldearlos, de marcar la agenda, de sortear los obstáculos y hacer que todo de alguna manera le acabara beneficiando. Todos los analistas anticipábamos una crisis del gobierno que nunca llegaba del todo.

Eso ya no es así. Es difícil determinar cuándo empezó a cambiar, pero es posible que comenzara en octubre de 2024, durante la gestión de las inundaciones de la dana en Valencia. El gobierno había sido hasta entonces relativamente efectivo en la gobernanza comunicativa. Lanzaba globos sonda, distracciones, movía los marcos y más o menos conseguía distraer a la ciudadanía de aquello que lo dañaba. Pero con la dana empezó a agrietarse su sistema. Ahí se demostró algo que ya se intuía desde el principio de su mandato: el sanchismo es un estilo de política posmoderno que es incapaz de ejercer una gobernanza moderna, aquella en la que hace falta la acción real y no solo la acción simbólica, en la que es necesario que el Estado actúe y lo haga rápidamente, y en la que no todo movimiento está calculado y medido demoscópicamente, porque hay que resolver un problema real. En la dana, el Estado tardó en aparecer y cuando lo hizo fue insuficiente. La sensación de desamparo que provocó esa ausencia todavía permanece hoy, tras varias tragedias similares. El apagón del 28 de abril de 2025, el accidente de tren de Adamuz el 18 de enero de 2026 y, más recientemente, la crisis en Ceuta en julio de 2026 han confirmado la impotencia del gobierno español.

La respuesta a esas crisis es el cinismo de siempre, pero su efectividad es cada vez menor. El gobierno ya no consigue colocar sus mensajes, que son perezosos y poco trabajados. El aparato propagandístico parece rendido. Ya no hay un intento de persuasión. El único argumento utilizado por el gobierno es puramente fáctico: estamos en el poder, y eso debería ser explicación suficiente. Es una lógica que se extiende incluso a la epistemología: lo que decimos es verdad porque para eso somos los que mandan. Cuando mande la oposición ya podrá manufacturar su propia verdad. Quien gobierna tiene carta blanca. En una entrevista en septiembre, el presidente dijo que “la alternancia es buena en democracia, pero es que hoy no tenemos una propuesta de alternancia”.

Aunque es cierto que el gobierno siempre ha actuado más o menos así, ahora ya no hay ni siquiera un intento de combinarlo con algún tipo de seducción barata (memoria histórica, la amenaza del fascismo, Europa nos mira), y cuando los hay no cuajan: todo el mundo vio las imágenes de Ceuta y ningún relato alternativo sobre la responsabilidad de Trump, Israel, Rusia y la internacional ultraderechista puede hacer cambiar esa impresión. La mayoría de españoles (alrededor de un 80%, según varias encuestas) cree que Marruecos estuvo detrás de la invasión. En vez de aceptar ese hecho y gobernar en consonancia, el gobierno insiste en la construcción de una realidad paralela. Su nueva estrategia de comunicación consiste en un perezoso y a la vez siniestro gaslighting: lo que estás viendo con tus propios ojos no ocurrió realmente. Pero tampoco hay un esfuerzo muy grande en esa dirección. Se niega lo evidente hasta la saciedad y, si no cuela, pues no pasa nada. Hemos visto esa estrategia en los meses posteriores a la crisis de Ceuta. Incluso cuando la prensa filtraba informes que demostraban que el CNI, la policía y la Guardia Civil habían avisado de la probabilidad de la invasión, el gobierno respondía con un encogimiento de hombros.

Me cuesta imaginar un votante del PSOE con ilusión, cuando el partido/gobierno (siempre han sido lo mismo) tiene hoy una única propuesta: no sabe / no contesta. Hay resignación y, sobre todo, pereza. Y quizá se explica por algo bastante deprimente. Ocurra lo que ocurra, haga lo que haga este gobierno, aunque traicione sus ideales constantemente, hay una masa crítica que sigue fiel al partido. Después de las cuatro crisis de la dana, el apagón, Adamuz y Ceuta, el PSOE se mantiene en las encuestas en torno al 26-27%, a solo unos cuatro puntos del primer partido, el Partido Popular. Si de pronto el gobierno empezara a hacer las cosas bien, incluso muy bien, tampoco cambiaría la situación. Los bloques están predeterminados. Quien vota hoy al PSOE lo hará ocurra lo que ocurra. Y el que no lo votaría ni loco está igual de convencido. ¿Para qué esforzarse? ¿Para qué intentar ampliar su electorado? El gobierno lleva años dirigiéndose exclusivamente a los suyos. Ya no hay nada que hacer. Gobernar no es hacer cosas, es estar en el poder. Llevamos tres años sin Presupuestos Generales del Estado. Desde esa lógica puramente patrimonialista, el gobierno está siendo exitoso: Pedro Sánchez sigue en la Moncloa. ~


    ×

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: