“India song”: el trabajo más radical de Duras

A poco más de cinco décadas de su estreno, la cinta de la directora francesa sigue siendo una audaz obra maestra.
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A lo largo de su carrera, Marguerite Duras dirigió diecinueve obras cinematográficas que adaptó de sus novelas. Debutó en 1967 con La música, que codirigió junto a Paul Séban y donde eligió a Delphine Seyrig para el papel principal. En su segundo largometraje, Destruir, dice (1969), Duras muestra un punto de inflexión en su lenguaje cinematográfico al construir una atmósfera íntima y profundamente melancólica con pocos diálogos, largos silencios e interacciones meramente simbólicas entre los personajes.

Su tercer largometraje, India song, se convirtió en su obra más aclamada tras su estreno en la sección “Fuera de Competencia” del Festival de Cannes en 1975. Duras construye la historia de una pasión condenada por un decadente ambiente burgués. Explora temas como la insatisfacción femenina, el hastío, el deseo, la muerte y la culpa colonial. Rodada en un espacio reducido y con un elenco mínimo, la cinta de Duras es desafiante: carece deliberadamente de una narrativa convencional y construye un lenguaje visual con el que fragmenta la imagen del sonido. Duras separa las voces de los cuerpos y opta por dejarlas fuera de cuadro para narrar –de una manera incorpórea, pero poética– lo que ocurre en pantalla mientras los personajes a la vista permanecen en silencio, como si fueran fantasmas del pasado. Bajo este innovador método que revolucionó el lenguaje cinematográfico, Duras convirtió este trabajo en su experimento más radical y demostró que el cine puede convertir a una película en una experiencia sensorial donde el silencio y los espacios vacíos se vuelven indispensables.

Ambientada a finales de los años treinta, India song inicia en las ruinas de una suntuosa embajada en Calcuta en la que se lleva a cabo una recepción. En uno de sus elegantes salones está Anne-Marie Stretter (Delphine Seyrig), la esposa del embajador francés. Sintiéndose hastiada en medio de su melancolía y tedio existencial, busca alivio manteniendo relaciones extramaritales con hombres que ejercen como diplomáticos y funcionarios de gobierno, quienes la ven como un objeto de deseo. El vicecónsul de Lahore está obsesionado con ella y en plena recepción le declara su amor, Anne-Marie se niega a corresponderle y el vicecónsul cae en una desesperación que lo lleva a la locura.

Simultáneamente a lo que presenciamos en pantalla con los personajes silenciosos, las voces incorpóreas de los invitados de la fiesta hablan entre sí de la vida privada de Anne-Marie, sus amantes, del vicecónsul y las problemáticas que afectan a la población de Calcuta: el calor insoportable, las enfermedades, la locura y la muerte, que permanecen omnipresentes en gran parte de la historia. Estas voces se convierten en intermediarias al trazar una línea entre lo que sucede en pantalla, donde el sonido, el silencio y la música cobran una fuerte importancia y obligan a la audiencia a escuchar las emociones, y las tensiones que subyacen en la narrativa frente a las actuaciones dramáticas.

Adicionalmente se escucha el canto melifluo e ininteligible de una mendiga que merodea la embajada escondiéndose entre los arbustos, la cual permanece como figura invisible para el espectador. De acuerdo con Laure Adler, biógrafa de Marguerite Duras, este personaje había figurado en las obras de la novelista como una alegoría a su miedo de caer en la locura. Para librarse de esa angustia decidió incorporarla en sus novelas, pero en cada historia Duras le da un significado específico: en India song, por ejemplo, la mendiga funciona como contraparte invisible del personaje de Anne-Marie al representar la condición de las mujeres asiáticas que viven en la pobreza extrema.

Los personajes que aparecen en escena son construidos por Duras como figuras simbólicas: Anne-Marie encarna al deseo y el hastío mientras se explora su papel como mujer de la alta sociedad que huye de su posición en la vida y de la sumisión conyugal; los amantes representan el amor, el deseo repetitivo y el dominio colonial; el vicecónsul es una figura caída en desgracia que representa al amor enfermizo y, en tanto que pertenece a la diplomacia –al igual que los amantes–, encarna al sistema colonial que oprime a la población de Calcuta pero que, en su caso, es señalado por la alta sociedad europea debido a crímenes de los que siente culpa.

Aunque la narrativa se desarrolla en Calcuta, Duras decidió crear una versión reimaginada de la India, así que la filmación se llevó a cabo en los interiores de una mansión en deterioro. La locación que eligió fue el palacio de Rothschild y los alrededores del Parque Edmond de Rothschild situados a las afueras de París. Al principio India song estaba en planes de ser adaptada como obra teatral por encargo del Royal National Theatre de Londres, pero la producción no salió adelante, así que Duras adaptó su texto a un largometraje. En una entrevista comentó que el guion tenía más personajes, pero terminó por reducir el elenco para dar un énfasis más teatral. Para la creación del arreglo musical, Duras llamó a Carlos d’Alessio, uno de sus colaboradores más frecuentes. La banda sonora de D’Alessio opta por varios ritmos –que van desde el vals hasta los tangos, blues, ragtimes y rumbas– y que añaden una profunda melancolía.

La construcción de la imagen aporta una cadenciosa atmósfera de opulencia y nostalgia que se condensa gracias al trabajo de Duras en conjunto con la dirección fotográfica de Bruno Nuytten, quien a través de la lente de su cámara en 16mm analiza la ambigüedad entre la soledad y el silencio. Estos elementos definen la estética de la cinta y resultan muy expresivos cuando la lente de Nuytten permanece estática en una “escena vacía” donde las acciones ocurren fuera de plano. El espacio arquitectónico en decaimiento es una metáfora de la caída del poder colonial francés que Duras contrasta con la opulencia de los protagonistas. Que los personajes permanezcan dentro de la embajada es una alegoría a la burbuja de privilegios donde se mantienen en aislamiento mientras ignoran las necesidades de la población de la India. Al apartar a sus personajes del mundo real situándolos en un lugar en deterioro, Duras le da a la narrativa una lectura antiimperialista, no como una denuncia directa, sino a través de su lenguaje visual y el tono emocional que alcanza.

El enorme espejo que adorna el salón principal se encarga de mostrar las acciones de los personajes, en especial de la protagonista Anne-Marie, cuya presencia física reflejada da una sensación de estar separada de la realidad. Con esto se refuerza la idea de que lo que vemos en pantalla son recuerdos y fantasmas de una época pasada que forma parte de la decadencia colonial. Asimismo, la construcción del estilo visual junto con la cámara estática hace que el espejo cumpla con la función de reflejar el vacío existencial y emocional de los personajes.

Al fragmentar la estructura del argumento narrativo y separar radicalmente la imagen del sonido, la mirada disruptiva de Duras cambió la manera de hacer cine. Creó un lenguaje cinematográfico para explorar sus propios límites bajo una experiencia cautivadora y multisensorial. En ella, logra expresar lo indecible y ofrece a la audiencia una vía para comprender su visión del espacio-tiempo dramático. Su trabajo cinematográfico resulta muy evocador gracias a los diálogos minimalistas y situaciones de complejidad emocional que giran en torno al dolor, la imposibilidad del amor, la ausencia y el deseo. A poco más de cinco décadas de su estreno, India song se sigue posicionando no solo como una audaz obra maestra de gran belleza, sino como un referente en su género por sus innovadores aspectos estilísticos. Marguerite Duras continúa siendo admirada por su revolucionaria forma de romper creativamente las reglas fundamentales del cine. ~


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