La liberación de las faldas

En la muestra “Bajo la misma falda”, Carmen Boullosa y Magali Lara parten de esa prenda para reflexionar sobre el modo en que se ha medido y administrado la libertad de las mujeres
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Desde que somos pequeñas se nos ha enseñado a medir nuestro “valor como mujeres” en proporción al largo de nuestras faldas. Aún recuerdo que en la secundaria se clasificaba nuestro nivel de promiscuidad, o de supuesta seriedad, en función de qué tantos centímetros se encontraba por encima o por debajo de nuestras rodillas la tela del uniforme escolar.

Estos recuerdos me vinieron a la mente, después de tantos años, al visitar la exposición Bajo la misma falda. Carmen Boullosa / Magali Lara. Colaboraciones en el Museo Nacional de Arte. Curada por las manos y mentes de Boullosa y Lara, esta muestra nace, en gran medida, de la representación que se ha hecho de nosotras a partir de nuestra apariencia y de cómo vestimos. Tal como lo establecen la artista y la escritora, la falda es y ha sido un termómetro cuya función es medir y administrar nuestro grado de libertad.

En Bajo la misma falda, Lara y Boullosa se remontan a los años setenta y ochenta, aquellas décadas en que las minifaldas llegaron a México junto con su fuerte carga simbólica respecto a la liberación sexual femenina. Fue justamente en octubre de 1970 que las calles de la ahora Ciudad de México se llenaron de manifestantes vestidas con minifalda, exigiendo con el puño en alto el derecho de portarla y gritando consignas al unísono que denunciaban el control sobre los cuerpos y la sexualidad de las mujeres.

De la misma manera, fue en este contexto en el que las voces de las artistas mexicanas feministas tomaron mayor ímpetu y fuerza. Influenciadas por el trabajo del arte feminista norteamericano, creadoras como Magali Lara, Carmen Boullosa, Mónica Mayer, Maris Bustamante, entre muchas otras más, exploraron y construyeron nuevos lenguajes plásticos a través de los cuales pudieran desprenderse de los estereotipos artísticos impuestos por la Escuela Mexicana de Pintura. Pero no buscaron únicamente deslindarse del formato academicista y caduco del arte mexicano, sino que su principal intención fue romper con la representación del cuerpo femenino que hasta ese entonces se había hecho en el arte, mediado, inevitablemente, por una mirada masculina y patriarcal.

En las obras de estas artistas se confrontaron las imágenes y discursos impuestos sobre lo femenino a nivel físico, cultural y social. Ellas buscaron reapropiarse de sus cuerpos y representarse a sí mismas desde sus propios parámetros y desde sus experiencias personales, asumiéndose como las narradoras de su historia y las dueñas de su sexualidad.

Estas ideas están presentes en Bajo la misma falda desde que entramos a la galería que se encuentra en el segundo piso del museo. Apenas damos nuestros primeros pasos, nos confrontamos con El retrato de las hijas del licenciado Manuel Cordero (1875) de Juan Cordero, imponente por sus grandes dimensiones y perteneciente a la colección del Munal. Aquí el juego curatorial es brillante, pues, antes de apreciar la obra de Lara y Boullosa, se nos presenta la imagen que se acusa: la representación de la mujer a lo largo de la historia del arte, es decir, un retrato realizado por un hombre. Mujeres de largas faldas encarnando el ideal de la feminidad decimonónica: la belleza recatada y pulcra, inmaculada e inexistente.

Rápidamente esta imagen se ve transgredida por la obra de estas dos artistas, en la que se expresa la sexualidad femenina de manera contundente y violenta. Aparece el cuerpo femenino desde su propia agencia como un ente deseante y ya no como objeto de deseo; pero esta violencia no se ejerce únicamente desde la imagen explícita, sino, más bien, desde la desarticulación del lenguaje de representación artístico. A través de la abstracción, las manchas que evocan los fluidos corporales, las líneas trazadas con fuerza sobre el papel, la obra de Lara desmantela y reconfigura su propia feminidad aludiendo a su corporalidad sin nombrarla.

Pero la herramienta más eficiente de disrupción frente a la institución del arte masculinizado es, probablemente, la disolución que se hace de la figura del artista como individuo. La particularidad más interesante, y la característica más hermosa, de esta exposición es que se trata de un trabajo hecho y pensado en conjunto. La obra plástica de Magali Lara dialoga e interactúa con el trabajo poético de Carmen Boullosa. Piel con piel, palabra e imagen se fusionan en obras en las que conviven las voces de ambas artistas, construyendo una polifonía donde se traducen las vivencias de sus cuerpos. Una charla íntima entre dos amigas en donde se ponen de manifiesto sus deseos, pulsiones y afectos. En esta exposición se encuentran propuestas artísticas interdisciplinarias que mezclan las artes plásticas, literarias, escénicas y performáticas. En ellas, se puede apreciar un trabajo colectivo, mediado desde el amor y la amistad, que empezó durante su juventud y sigue existiendo hasta el día de hoy.

Un claro ejemplo de estas ideas es la obra Lealtad (1980), presente en la muestra. En este libro de artista, tanto Lara como Boullosa trascienden los límites de sus disciplinas y construyen un nuevo lenguaje en donde la palabra y la imagen se encuentran y confrontan como iguales. La artista y la poeta se fusionan y, tal como lo expresan ellas mismas, crean una “tercera autora” que bebe de la boca de las dos. Se pierde la noción de identidad individual, para pensarse como un conjunto que, en alusión al título de la obra, nace de la lealtad entre dos amigas. Pero, además, se trata de una fidelidad que logra traspasar las barreras del tiempo, pues en 2020 sale una nueva versión de la obra, Lealtad alterado, en donde ambas intervinieron la publicación original, mirándose a sí mismas desde la madurez y el paso de los años.

La exposición parte de los vínculos que han unido, desde los años setenta, el trabajo de estas dos mujeres creadoras, pero además busca dar reconocimiento a sus contemporáneas, así como a sus antecesoras y maestras en el arte, bajo cuyas faldas se detonaron los motivos artísticos y las luchas que cobijan sus obras. Vemos un reflejo de lo que fueron Carmen y Magali juntas; pero también se escuchan los ecos de la influencia de artistas como Frida Kahlo y María Izquierdo, pioneras innegables del arte hecho por mujeres en México.

Bajo la misma falda se trata acerca de la construcción de lazos que unen el pasado con el presente, de las redes que se tejen entre mujeres como forma de resistencia ante los discursos impuestos sobre nuestros cuerpos y nuestros quehaceres en el arte, así como sobre nuestra realidad material inmediata. Articula un discurso de conocimiento de lo propio desde la intimidad y desde la posibilidad de mirarnos y reconocernos en el trabajo de otras. Es un acto de lealtad entre dos amigas que miran hacia atrás en el tiempo y recuerdan su obra conjunta desde el presente, un encuentro de empoderamiento desde el abrazo colectivo que grita con fuerza por el derecho a usar nuestras faldas a la altura que se nos antoje. ~


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