Doctora en filosofía y profesora titular en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Elsa Cross es gran conocedora de las mitologías de la India y de Grecia, entre otras. En su primera publicación, de 1966, titulada Naxos, la poeta da voz a Ariadna, abandonada por Teseo en la isla de Naxos, después de haber matado al Minotauro. En los primeros versos leemos: “Partes imperceptible y mudo. Como furtiva ráfaga rompes la claridad incierta de mi día. Teseo súbito, veo que te disuelves detrás del laberinto en que me dejas”, lo cual muestra que el interés de Elsa Cross por la mitología griega estaba ya presente desde hace seis décadas, al inicio de lo que es hoy una vasta obra poética. A lo largo de los años la poeta ha continuado su incursión en estos temas.
En Cantáridas o de las palabras, cuya segunda edición acaba de aparecer en Odradek, Cross aborda imágenes del relato mítico de la fundación del oráculo de Delfos, un mito que está registrado desde fuentes antiguas. En su libro Python, Joseph Fontenrose señala que “en el himno homérico a Apolo encontramos el relato más antiguo que conocemos del combate de Apolo con un dragón en Delfos”.1 Y aunque existen esta y otras versiones sobre el tema, tienen elementos en común, que podemos resumir de la siguiente manera: Apolo, hijo de Zeus y Leto, al poco tiempo de nacido derrota con sus flechas a la serpiente Pitón, guardiana de ese oráculo que pertenecía a Gea, diosa de la Tierra. A partir de ese momento Apolo se adueña del templo y del oráculo délficos. El templo era el lugar de consulta donde quien preguntaba recibía un oráculo o respuesta, a través de la pythia o pitonisa; pero esa respuesta, por lo general, se traducía en un lenguaje tan vago que los sacerdotes tenían que interpretar. Uno de los Fragmentos de Heráclito dice: “El señor cuyo oráculo está en Delfos, ni dice ni oculta; solo da una señal” (B93). La pitonisa se bañaba primero en la fuente Castalia, masticaba hojas de laurel (tóxicas), aspiraba los vapores que entraban desde una grieta en el santuario y, después de un acceso de delirio, pronunciaba las palabras oraculares que se hacían provenir de Apolo mismo. Cabe señalar que en el templo de Delfos estuvieron grabadas las célebres palabras: “Conócete a ti mismo.”
El libro de Cross –estructurado en veinticuatro divisiones, cada una compuesta por un breve poema de no más de diez versos– abre con el epígrafe de Píndaro: “…junto al Omphalós envuelto en sombras”. La palabra Omphalós, que significa “ombligo del mundo”, también está asociada al santuario délfico como un lugar de conexión entre el mundo terrenal y el divino. Hay varias versiones de su significado en lo referente al templo de Apolo, una la define como “el centro de la tierra”, pero hay otras que la consideran la piedra funeraria o la tumba de la serpiente sagrada de Delfos. Mircea Eliade señala: “Al sobreponerse al antiguo culto de Delfos, Apolo se apropia el Omphalós y sus privilegios. Lugar sagrado por excelencia, en el centro donde las tres zonas cósmicas se comunicaban entre sí, en el ombligo que, por su simbolismo, garantiza un nuevo nacimiento y una conciencia reintegradora.”2
El epígrafe, que hace las veces de umbral del poema, nos adentra en el significado del que parte y se desarrollará a lo largo de los versos: el Omphalós, lugar donde se comunican lo terrenal y lo divino. El primer poema dice:
La piedra roja
–sangre de la serpiente–
se deslava en el díala luz cae sobre el santuario
La sangre derramada de la serpiente nos remite al combate entre Apolo y Delfine que se ha vuelto del sexo masculino y ahora se llama Pitón. El santuario no es otra cosa que el templo de Delfos. La serpiente estará presente a lo largo del poema, así como la piedra, que aparece como ruinas, roca, piedras, grietas. La piedra del Omphalós se puede considerar como la tumba de la serpiente. Jean Chevalier, que ha dedicado varias páginas al significado y simbolismo de la piedra en las diferentes civilizaciones y religiones del mundo, afirma: “Existe entre el alma y la piedra una relación estrecha. La piedra y el hombre presentan un doble movimiento de subida y bajada. El hombre nace de Dios y retorna a Dios.”3 Mientras que para Mircea Eliade “ciertas piedras se hacen sagradas porque las almas de los muertos se encarnan en ellas, o bien por el hecho de que manifiestan o representan una fuerza sagrada, una divinidad, o también porque un pacto solemne o un acontecimiento religioso tuvo lugar en su vecindad”.4
Es así como la presencia de la piedra en el poema de Elsa Cross adquiere un simbolismo sagrado, y no es para menos considerando que la piedra de Delfos es también la piedra funeraria de la serpiente Pitón, sobre quien se yergue el templo oracular.
En cuanto a la serpiente, es posiblemente el animal más rico en simbolismos positivos y negativos que muchísimas civilizaciones han convertido en mitos magicorreligiosos. En el libro de Cross, la serpiente aparece desde el primer poema: Pitón muere en combate por las flechas de Apolo y descansa bajo la piedra funeraria del Omphalós. Pero en el poema tiene vida, es poseedora de un poder que perdura:
Serpiente
la que sabe y engendra
la que calla
la que aniquila
[…]
En otro poema:
Despliega sus anillos
se yergue
entre el polvo
amiga de quien imita
sus cadencias
brilla su piel nueva
–Oh Radiante
un blanco cierto para tus flechas
Estos elementos del relato mítico del oráculo délfico, y las imágenes de la piedra y la serpiente, en el poema se convierten en palabras que son vehículo y vínculo entre lo sagrado y lo terrenal. Adolfo Castañón ha resumido bien el quehacer poético de nuestra autora: “La plenitud de Elsa Cross es la de un lenguaje, de un conjunto de recursos imaginarios y, al mismo tiempo, la de una sintaxis que sabe hacer pasar desapercibidas y prestar un aire espontáneo a materias y formas no exentas de mayor complejidad.”5
En Cantáridas o de las palabras, Elsa Cross ha fundido piedra, serpiente y palabra, dando lugar a un poema que renueva el relato y mito délfico, y que por obra de la poesía nos lleva adentro de las ruinas del templo, donde escuchamos en devoto silencio el eco de las palabras de la pitia y el sonido sibilante de la serpiente que nos conectan con lo sagrado y lo terrenal. ~
- Joseph Fontenrose, Python. Estudio del mito délfico y sus orígenes, Madrid, Sexto Piso, 2011, p. 43.
↩︎ - Mircea Eliade, Tratado de historia de las religiones, Ciudad de México, Era, 2007, p. 215.
↩︎ - Jean Chevalier y Alain Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, Barcelona, Herder, 1995, pp. 827-834.
↩︎ - Eliade, op. cit., p. 390.
↩︎ - Adolfo Castañón, “La aurora perdurable de Elsa Cross”, en Elsa Cross, Canto malabar y otros poemas, Ciudad de México, Conaculta, 1994, p. 11. ↩︎