En 1935, la fotógrafa Dora Maar conoció a Pablo Picasso e inició una relación con él que estuvo a punto de destruirla emocionalmente, ya que fomentó su masoquismo latente y la engañó repetidamente con otras amantes. Diez años más tarde, una vez terminada la guerra y su relación, sufrió un colapso mental y fue tratada por Jacques Lacan, ese dudoso psicoanalista de ces jours, que, según John Richardson, “la rescató y transformó de ser una rebelde surrealista a una devota conservadora católica”. Como dijo la propia Maar: “Después de Picasso, solo queda Dios.”
El artículo completo está disponible únicamente en la edición impresa de México y España. ~
Publicado originalmente en The New Republic © [2021] New Republic. Todos los derechos reservados. Reproducido bajo licencia.
Traducción del inglés de Ricardo Dudda.