Despertar con alivio. ¡Viva la realidad!
Anécdotas: incidentes memorables.
Perro que ladra, saluda.
Las mansas palomas son feroces disputándose el alpiste.
Nadie llega a rector universitario por sus méritos académicos, sino por su astucia política.
No conviene escuchar las partitas de Bach. Dejas lo que estás haciendo.
El llamado Reloj Otomano de la Ciudad de México (en Bolívar y Venustiano Carranza) es libanés. Pero en 1910 el Líbano era parte del Imperio otomano.
El número 0 y la letra O son teclas vecinas, desgraciadamente.
Escribir es la manera de saber lo que piensas; de criticarlo y definirlo.
El título de un poema puede ser una obra de arte, como el poema. Y, en los poemas cortos, amplía el espacio disponible para decir algo. Pero, hasta hace relativamente poco, los poemas no tenían título.
Fueron los estudiosos y editores los que, para referirse a un poema, usaron como título: las primeras palabras (Enuma elish [Cuando en lo alto]); o el primer verso; o la forma poética: Égloga III de Garcilaso, Soneto 66 de Shakespeare; o el tema: Primero sueño de sor Juana; o una explicación del poema: A unas piernas de Francisco de Terrazas.
Las obras literarias siempre han sido compuestas por alguien, aunque no se sepa quién fue. Atribuirlas al pueblo, la tradición o Dios es sumergir a sus autores en el anonimato.
Hay quienes creen que humanista es algo así como humanitario, pero nada tienen que ver. Para otros, las humanidades son la parte blanda de la cultura, frente al rigor de las matemáticas y las ciencias empíricas. Pero los humanistas del Renacimiento crearon la ciencia moderna: Leonardo, Copérnico, Galileo, Vesalio. Lo que define a las humanidades por contraste son las divinidades. (Todavía hoy, las universidades de Harvard, Chicago y Yale tienen Divinity School.) Los humanistas del Renacimiento pasaron del énfasis medieval en lo divino al énfasis en lo humano. En el Renacimiento, la inteligencia laica se emancipó. Pasó del latín a las lenguas vernáculas, del saber fundado en la Revelación al saber fundado en la crítica, el experimento y la medición.
Aquiles tenía un talón vulnerable: el derecho.
En un llavero con tres llaves, no se puede cambiar el orden en que están. Cualquier cambio las deja en el mismo orden.
Hay que responder a las críticas que lo merecen, por cortesía, que abre la puerta a la colaboración. Responder a todas es ponerse al servicio de cualquier pelafustán desocupado. Nunca responder se presta a la confusión con el “El que calla otorga” y anima a los cobardes, que solo critican cuando no hay riesgo de réplica.
Sería bueno que el Diccionario de la lengua española en línea (dle.rae.es) incluyera listas de su contenido, por ejemplo: todos los adverbios, mexicanismos, palabras malsonantes, etcétera.
Los medianiles estrechos en un libro dificultan su lectura. Y, en los libros pegados (no cosidos), pueden provocar que el pegamento cristalizado truene, al abrirlos mucho para poder leer.
Viajar es perder el tiempo en hacer reservaciones, empacar, pedir un taxi, esquivar los embotellamientos, descargar el equipaje, registrarse, pasar a la sala de espera, abordar, esperar, etc. Fue una aventura, ya no lo es.
Advertía un editor: Cada fórmula matemática en un libro, 200 lectores menos.
Un domingo en la mañana, en una calle desierta, el motor de un Volkswagen viejo empezó a arder. El chofer, desesperado, trataba de apagar el fuego con un trapo. Cuando lo vio el velador de un lote de automóviles, salió con un extinguidor y lo apagó. El chofer se puso furioso con el buen samaritano, porque la espuma ensució el motor.
No hay que ser un especialista en algo que interesa para tener derecho a opinar con sentido común.
Ford no inventó la producción en serie. Basta recordar el famoso capítulo sobre la producción de alfileres de La riqueza de las naciones de Adam Smith; y, más cercanamente, la producción en serie de bicicletas, que pudo haber inspirado a Ford. Lo que inventó fue bajar el costo de los automóviles tanto que sus propios obreros (bien pagados) pudieran comprar un auto. Idea generosa que resultó un desastre urbano. Las ciudades crecieron hasta el absurdo.
Los autos eran un lujo para salir de paseo al campo. No una costosa necesidad para moverse en ciudades congestionadas.
En 1750, la población mundial llegó a 800 millones de personas; en 2025 a 8,000.
Hay relaciones peligrosas. También, soledades peligrosas.
Por lo brutos los conoceréis. ~