Miradas femeninas en Morelia

Miradas femeninas desde Morelia

Si el jurado del FICM quiere seguir la tendencia de este año de reconocer el talento femenino detrás de la cámara, no tendrá problema alguno en escoger al filme triunfador. Hay varias posibilidades.
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Al momento de escribir estas líneas, no sé cuál será la elegida por el jurado oficial como la mejor cinta mexicana en competencia en el Festival de Morelia. Lo que sí es cierto es que si los tres señores del jurado –el crítico Mark Cousins, el escritor y cineasta Philippe Claudel y el clásico viviente del cine alemán Volker Schlöndorff– quieren seguir la tendencia de este año de reconocer el talento femenino detrás de la cámara, no tendrán problema alguno en escoger al filme triunfador. Hay varias posibilidades.

La selección oficial en el terreno del largometraje de ficción en Morelia 2021 está conformada por diez títulos, cinco dirigidos por hombres, cuatro por mujeres y uno más por la pareja formada por Rodrigo Plá y su esposa y guionista Laura Santullo. La selección no podría haber sido más salomónica, incluso como muestra de las cimas y las simas de nuestro cine de autor, si se me permite usar esta imprecisa etiqueta.

Así pues, al lado de alguna cinta que nos hace preguntarnos en qué estaban pensando los amigos y colegas que forman parte del comité de selección –en este caso, me refiero a Travesías, de Sergio Flores Thorija–, aparecen otras películas que están entre lo mejor que se verá en el cine mexicano de este año. Y, como lo señalé en el primer párrafo, se trata además de filmes dirigidos por mujeres, lo que le daría la oportunidad al jurado completamente masculino de Morelia 2021 de seguir el ejemplo trazado por el Oscar 2021 –en el que ganó Nomadland (2020), de Chloé Zhao–, de Cannes 2021 –en donde triunfó Titane (2021), de Julia Ducournau–, de Venecia 2021 –en donde la premiada fue L’evenement (2021), de Audrey Diwan– y de San Sebastián 2021 –en donde, polémica de por medio, se llevó la Concha de Oro Blue moon (2021), de Alina Grigore.

Acá en Morelia no creo que haya mucha oportunidad para la polémica en cuanto a la calidad del cine dirigido o codirigido por mujeres se refiere. Si exceptuamos la muy discreta road-movie a pata y por tierras oaxaqueñas Hope, Soledad (México-E.U., 2021), de Yolanda Cruz, el resto del cine femenino es de primer nivel.

El otro Tom (México-E.U., 2021), opera prima como cineasta de la guionista Laura Santullo, codirigiendo aquí con su experimentado marido Rodrigo Plá, es un sensible melodrama familiar en el que una madre soltera agobiada por la crianza de su difícil hijo adolescente, es obligada por las autoridades escolares de El Paso a medicar al Tom del título debido a su “déficit de atención” y a su ingobernable “hiperactividad”. Santullo y su coguionista Plá  evitan caer en el didactismo más facilón al complejizar a sus dos personajes centrales –a la madre agotada y confundida; al niño desmadroso pero igual de confundido– y optan por una astuta puesta en imágenes que le permite al espectador ir construyendo sus propios juicios, ideas y conclusiones, como sucede en la notable escena del automóvil en la que la cámara de Odei Zabaleta permanece fija en una toma extendida de más de un minuto de duración, mientras uno se pregunta qué está sucediendo fuera del encuadre.

Hay otro niño en el centro dramático de Estación Catorce (México, 2021), de Diana Cardozo. El chamaco se llama Luis y vive, precisamente, en Estación Catorce, en San Luis Potosí, un lugar asolado por los narcos, quienes pueden llegar al pueblo en sus ruidosas trocas, asesinar a una pareja que seguramente no se dejó extorsionar, y dejar tras de sí un rastro de cenizas y destrucción, sin ser molestados por nada ni por nadie, pues las autoridades llegan tarde y son impotentes, mientras que los habitantes del pueblo se dicen ciegos y sordos, aunque no inválidos, pues vaya que participan en la rapiña de la casa quemada.

Luisito (el extraordinario Gael Vásquez) es testigo de todo lo anterior –de los cadáveres dejados en la calle, del robo “comunitario” del “pueblo bueno” en el que participa su propio padre– y de muchas cosas más, pues el chamaco está creciendo y abriendo los ojos ante la realidad del lugar en el que vive, y de la familia en la que le tocó nacer. El guion escrito por la propia cineasta abreva de la rica tradición literaria y fílmica de la bildungsroman, de tal forma que hacia el final nuestro protagonista conocerá el verdadero rostro de su padre y, de pasada, conocerá también la crueldad y el dolor. Es decir, empezará a dejar de ser un niño.

Para variar, otro niño es central en El camino de Sol (México, 2021), el más reciente largometraje de la cineasta y guionista Claudia Sainte-Luce, aunque el chamaco en cuestión aparece solamente en la secuencia inicial. Christian (Diego Lara) y su madre, Sol (la notable Anajosé Aldrete) llegan al estacionamiento del edificio de departamentos en donde vive Jaime (Armando Hernández), el distante papá del niño y “ex” de ella. A grito abierto logran que el tipo baje del piso en donde vive, pero mientras Sol y él discuten, el niño es subido a una camioneta y secuestrado a plena luz del día.

En este momento inicia para Sol el difícil camino del título, un auténtico viacrucis escrito y dirigido por Sainte-Luce con un bisturí que parece que le pidió prestado a Patricia Highsmith, pues casualidad o no, hay ecos de una novela –Rescate por un perro (1972)– y de algunos cuentos de esa inolvidable bruja en esta torcida historia de una mujer desesperada ante la desaparición de su hijo. Como suele suceder en los guiones de Sainte-Luce –en los dirigidos por ella, pero también en los realizados por otros, como en la injustamente ninguneada Ayúdame a pasar la noche (2017)–, no es fácil prever lo que sucederá ni qué decisiones tomarán los personajes.

En contraste, en Nudo mixteco (México, 2020), opera prima como cineasta de la actriz Ángeles Cruz, las tres protagonistas mujeres, Chabela (Aida López), María (Sonia Couoh) y Toña (Myriam Bravo), comparten una suerte de previsible determinismo, un destino común. Viven en un pueblo de la mixteca y sus respectivas vidas están entrelazadas en un absorbente nudo narrativo muy bien escrito por la propia cineasta debutante Cruz y expertamente editado por el montajista Miguel Salgado, quien parece haber seguido con todo cuidado los inalcanzables modelos de narraciones asincrónicas al estilo de Stanley Kubrick (Casta de malditos, 1956) o, más recientemente, Quentin Tarantino (Tiempos violentos, 1994).

En todo caso, si el modelo narrativo puede haber sido inspirado por el cine estadounidense, el contenido no podría ser más pertinente, más local: la exploración de las vidas de tres mujeres oaxaqueñas enfrentadas no solamente a los prejuicios de la comunidad a la que han regresado, sino a las decisiones que ellas mismas tienen que tomar si quieren salir adelante. Nudo mixteco podría ser, pues, una dignísima película ganadora del Ojo a Mejor Largometraje Mexicano en Morelia, así como también lo pueden ser El camino de Sol y Estación Catorce.

Pero, ¿no hay buen cine en competencia en Morelia dirigido por hombres? Claro que sí: El hoyo en la cerca (México-Polonia, 2021), de Joaquín del Paso, una capciosa alegoría sobre la abismal diferencia de clases en nuestro país, y Una película de policías (México, 2021), de Alonso Ruizpalacios, una brillante docuficción sobre la vida de una pareja de policías chilangos, que de todas formas ya fue premiada en Berlín 2021. Por supuesto, el jurado podría elegir alguna de estas dos películas dirigidas por hombres, pero no creo que esto suceda este año. Lo siento, yo no hice las reglas.