Una crisis que no desaparece

En el sitio de la revista Foreign Policy un foto reportaje sobre las reacciones ante la crisis financiera que parece que jamás desaparecerá. Además, en el semanario Time, un artículo que detalla cómo mientras todos pierden, hay empresas para las que un escenario como el actual no es mal del todo. Niall Ferguson, uno de los economistas que anticiparon la caída de los mercados, habla sobre su visión del futuro cercano. Y por último, durante las comparecencias de los principales banqueros del país vecino ante el comité de servicios financieros del senado, queda claro por estos videos que hubo de todo.

– La redacción

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Comentarios (7)

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hola! ya conocen la opinion del doctor Stephen Clarkson acerca de la crisis? el presenta su visión en el Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe.

conoces la opinion de el doctor Stephen Clarkson sobre la crisis? presenta su visión en el Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe.

El suscrito es el autor de la propuesta aludida en http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle6931.html El periodista ESTEBAN ROMÁN ALONSO hizo alusión a mi propuesta (CALIFICADA POR EL CONACYT COMO 'UN PLAN SUSTENTABLE')acotando desconocer si si tal propuesta era o no viable, señalando que cierto era que al menos iba más allá del "estamos bien" de Calderón o del "estamos mal" de Slim. A mi me gustaría que el periodista E.Román aceptara ponerse en contacto conmigo vía mi email

Muy bien. Más sobre la crisis. Que a decir del presidente Calderón, como realidad, no la evade.

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Otra crisis: ¿qué hacer?, David Ibarra /El Universal, 21 de febrero.

México se adentra en un periodo difícil de crecimiento, probablemente con alguna inflación. Desde comienzos de 2007 se pasaron por alto signos evidentes de la implosión del sector financiero de EU y del receso económico consecuente. La desaceleración de nuestro principal socio comercial afecta por las más distintas vías a la economía nacional.

El crecimiento nacional se debilitó ostensiblemente, poniendo de relieve una gama de fallas estructurales. El ritmo de ascenso del producto se abate de 4.9% (2006) a 1.5% (2008) y las previsiones del año en curso ya lo ubican entre 1% y -1.8%. Los barruntos de la crisis tampoco se vieron o no se quisieron ver ante el hundimiento paulatino del sector externo.

En 2007, el déficit comercial aumentó 35%, volviendo a crecer 67% en 2008. El desajuste en la balanza de pagos se duplicó con respecto a 2006, en tanto se cerraba el crédito externo y se acrecentaban los spreads.

En la medida en que se liberaron las fronteras y desaprendimos a producir, las importaciones crecieron explosivamente. En 2007, las importaciones de alimentos y productos agrícolas ascendieron a 49% del producto agropecuario. Las compras externas de manufacturas ofrecen un panorama más desolador al rebasar con creces (154%) el valor agregado del sector manufacturero. Mientras el grueso de las importaciones muestra rigidez hacia abajo —por ser productos esenciales al consumo o a la producción—, los ingresos foráneos se tornan más inciertos.

La obtención de divisas se debilita con rapidez: ventas de petróleo, exportaciones de maquiladoras, remesas de transterrados, turismo e inversión extranjera. A lo anterior se añade la posible salida de capitales golondrinos en busca de seguridad, los vencimientos de corto plazo de empresas mexicanas en el exterior y movimientos especulativos desestabilizadores ante las evidentes perspectivas devaluatorias. Vuelve el espectro del estrangulamiento externo como impedimento fundamental al desarrollo del país.

El tercer punto neurálgico de la depresión económica se refiere al casi inevitable agravamiento de las condiciones sociales de la población. Las realidades precrisis ya eran preocupantes.

Los pobres se situaban cerca de 35% de la población, los indigentes sumaban 10%. La participación en el ingreso de 10% de las familias más pobres ascendía a menos de 2% del producto, mientras el 10% más rico tomaba el 40%. El mercado de trabajo registraba desajustes mayúsculos. Los servicios ya absorben 60% de la población ocupada, para la que la informalidad representaba más de la mitad. El desempleo abierto ha subido de 2.6% a 4.2% entre 2001 y 2007. La tasa de ocupación del sector no estructurado, en el que los trabajadores carecen de contrato de trabajo y de coberturas en la seguridad social, ya llega a 28% de la fuerza de trabajo (1997).

Por último, la válvula de escape de la migración, alrededor de 400 mil trabajadores por ejercicio en los últimos años, ha comenzado a cerrarse. Todo lo anterior configura una situación propicia a acentuar la descomposición social con riesgo inminente de agravarse y tornarse explosiva durante la crisis que comienza a vivirse.

Atacar con seriedad los problemas de la crisis implica instrumentar una política integrada de doble alcance. De un lado, debieran adoptarse medidas de corto plazo para atender emergencias sobre todo en materia de empleo y de salvamento de empresas. De otra parte, sería indispensable emprender cambios estructurales que poco a poco disolviesen los impedimentos al crecimiento. Una lista ilustrativa de las medidas a implantar se sugiere a continuación:

1. Expedir una ley de emergencia que facilite la instrumentación expedita de las medidas anticrisis, buscando el apoyo de los partidos políticos. La ley de emergencia, con su correspondiente programa de acción, debiera resultar de un acuerdo nacional con participación de empresas, trabajadores, legisladores y gobierno.

2. Establecer sistemas regulatorios encaminados a ampliar y abaratar el crédito a la producción tanto de la banca comercial como la de desarrollo. Ello requeriría de la concertación y de controles de la Comisión Nacional Bancaria y del Banco de México, que conduzcan a flexibilizar la cobertura del crédito, abaratarlo y reducir las comisiones y otros recargos. En cuanto a la banca de desarrollo habría que adecuar las normas legales que sólo le permiten hacer operaciones de segundo piso. En contrapartida, el propio Banco de México y las autoridades financieras ofrecerían apoyos, sea en materia de liquidez, garantías y estímulos a la banca comercial.

3. Revisar la política cambiaria. En las circunstancias prevalecientes, buscar un peso fuerte desalienta la producción interna y la exportadora, y no se compadece con las devaluaciones de los países con los que nos ligan relaciones comerciales. A fin de no dilapidar las reservas y evitar nuevos shocks cambiarios sería aconsejable establecer un calendario conjunto de vencimiento de la deuda exterior pública y privada y concertar ex ante medidas correctivas, sin descartar un nuevo Ficorca.

4. Modificar la Ley Orgánica del Banco de México, responsabilizándolo no sólo de la estabilidad de precios, sino también del crecimiento y el empleo.

5. Con fines de crear un clima de seguridad financiera, convendría ampliar la cobertura del seguro sobre los depósitos bancarios. De la misma manera, hacer que las comisiones de afores y siefores cubran parte de las minusvalías que hasta ahora han quedado a cargo de los trabajadores o del fisco.

6. En consonancia con la pérdida de efectividad de la política monetaria, cabría hacer de la política fiscal el pivote de la estrategia anticrisis. En condiciones de receso, el gasto y los déficit públicos pueden ensancharse considerablemente sin crear mayores tensiones inflacionarias. Por eso, sería necesario revisar tanto la Ley de Responsabilidad Hacendaria como las limitaciones legales al financiamiento gubernamental del Banco de México.

7. En ese tenor, cobra importancia singular la creación deliberada de empleos por la vía de los programas de obras públicas. En materia petrolera, de caminos, puentes, aeropuertos, presas, rehabilitación de distritos de riego, tratamiento de agua, industrialización de la basura, infraestructura escolar y hospitalaria, hay un enorme campo a la formación pública de capital que, a la vez de contribuir a la ocupación, daría aliento a la industria de la construcción y crearía economías externas benéficas a la competitividad de las empresas nacionales.

8. La situación de la balanza de pagos justifica revisar críticamente la política comercial con los países con los que se registran los mayores déficit (China, 27 mil millones de dólares; Corea, 12 mil millones; Japón, 14 mil millones; Unión Europea, 19 mil millones) con el propósito de negociar financiamiento compensatorio o invocar las cláusulas de salvaguarda de los tratados de libre comercio. De manera complementaria, habría que preparar programas de sustitución eficiente de importaciones sobre la base de trabajos conjuntos de la banca de desarrollo y de los grupos empresariales.

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/42989.html

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No pertenezco, Andrés Roemer /El Universal, 21 de febrero.

Querido lector, de antemano una disculpa. Hoy escribo para no ser leído. Ocupado por las letras obligadas que un diario tan distinguido exige. Hoy no atento a los lectores generosos que con su tiempo leen o, más allá de ello, escriben sobre lo escrito por su servidor. La tinta hoy manipula la pluma (porque siempre escribo en papel blanco) y de manera impulsiva escupe palabras no esperadas en esta contemporaneidad mediática.

Los artículos vertidos en la prensa mundial son una ecuación predeterminada: suma de opiniones políticas, más-menos conocimientos aproximados, multiplicados exponencialmente de críticas de lo otro.

Por ello, hoy ofrezco disculpas. Bajo lo antedicho, me atrevo a continuar. Hoy no es tiempo de argumentar con la mente, no es momento de introducir qué piensa lo que piensa lo que uno piensa. No tengo el ánimo de comprender “si el propósito de la vida es ser feliz”, si “el tamaño del IQ importa” o de saber “si podemos confiar en nuestro cerebro o en el ajeno”.

No, el cerebro —el mío— hoy se nubla, y más que utilizar la razón como defensa propia y cuestionar lo otro, me confronta con lo más profundo del pensamiento: lo que siento, me siento vacío. El juego político, la desesperanza nacional, la impredecibilidad financiera, la grilla que aqueja cada rincón del quehacer humano, la aprobación del otro, el juego del éxito, la partidocracia, la manipulación intermitente me tienen asqueado.

A los que han seguido hasta ahora mis letras, a pesar de mis advertencias, les pregunto: ¿estoy solo en esto? Llevo toda mi vida en un país que se dice estar en crisis, a veces crisis recurrentes, a veces crisis más profundas, siempre en crisis. Llevo kilómetros recorridos de debates que cuestionaron siempre la misma historia: ¿por qué no crecemos? ¿Por qué la lacerante inseguridad? ¿Por qué no se construye ciudadanía? ¿Por qué nuestro sistema educativo está reprobado? ¿Por qué la corrupción? ¿Por qué los gobiernos engañan, fallan, mienten? ¿Por qué más de lo mismo?

Los eslogans políticos son refritos de esperanzas fallidas, son los mismos políticos con las mismas politiquerías disfrazadas de las mismas máscaras. Por supuesto que hay avances: la esperanza de vida, los derechos de la mujer, los avances tecnológicos, las teorías innovadoras y mucho más.

Pero en el fondo, México, nosotros, los mexicanos, continuamos en crisis. Como muestra basta un botón: los invito a leer los diarios nacionales de hace 10 años, 20 años, cinco años, ayer. Es la misma historia, en otro papel.

La movibilidad social, más bien, su falta de ella, se acompaña de esa sombra ineludible de la inmovilidad emocional: crisis de pareja, crisis de propósitos, crisis de satisfacciones personales, crisis de empleo creativo, crisis de no pertenencia. Analizar los periódicos, evaluar las notas editoriales, capturar la crítica es también parte del modelo. Es el juego vacilante de una reiteración en la que lo racional explica por qué la crisis de la crisis sigue estando en crisis.

El tiempo pasa y yo siento que el tiempo se acaba. Los paliativos de que lo que sigue siempre será mejor, “el nuevo partido”, “el otro político”, “el nuevo discurso”, “la próxima relación”, llenan el tanque de ilusiones, pero esa antesala de esperanzas no confabula con la realidad cotidiana del ruido, de la delincuencia, del desempleo, de la pobreza, de la injusticia, del dolor.

A veces, no pertenezco. Por lo menos, no cuando mi corazón se antepone al juego de las interpretaciones cerebrales de pensar sobre pensar. No cuando detengo el tiempo en espera de ese salvador mesiánico, nombrado y orado por todos: “voluntad política”. Vivimos como observando telenovelas para no concienciar que las vivimos. La falta de introspección, la ausencia de inteligencia emocional, el miedo a confrontar el miedo nos inducen a ver, a interpretar, a juzgar, mas no a sentir y tomar conciencia. ¿De qué sirve el honor de portar una pluma y escribir para ser leído si no es para cuestionarnos el despropósito en el cual estamos recurriendo?

Es hora de despertar, es hora de que despierte México, lo que estamos haciendo y dejando de hacer todos y cada uno de nosotros nos hace responsables. El momentum exige un GPS, una de esas máquinas que conllevan algunos autos y que cuando uno pierde el rumbo nos alertan con la palabra “recalcular”.

Mi pluma hoy se fue por la libre, me autoescribí. A aquellos que han llegado hasta este punto, a quienes me acompañaron durante el trayecto de la vulnerabilidad, simplemente les agradezco por ser compañía de mi no pertenencia.

aroemer@podercivico.org.mx

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/42988.html

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Podrían ser varias las pistas dónde juegue la recurrente crisis, siendo claro la económico-financiera una –el crecimiento económico siempre postergado: postergable de las últimas décadas. Añadida otra encuadrable como el ‘estado emocional’ (¿cultural?) de la población en general.

Atacar de forma decidida, proactiva, ese par de vías sería lo más recomendable de cierta manera, sería lo menos.

Véase también conceptos tan propositivos o preclaros como el ‘capitalismo de Estado’ ( cfr. Denise Dresser, Foro México ante la crisis, http://www.youtube.com/watch?v=yCdOktxWMe0 ). O el ‘capitalismo creativo’ (cfr. Bill Gates: el mismo que acaba de aumentar su participación accionaria en Televisa) en el blog Alt Neg, de Verónica Baz, en Reforma. Siendo recomendables por igual los provocadores comentarios a dicha entrada del 9 de febrero, http://www.reforma.com/blogs/altneg/ . Resultan –si son permisibles los términos— muy a la Javier Sicilia, illichianos, no sé. Ejemplo: El capitalismo (real) olvidó un punto fundamental para toda civilización que pretende mantenerse saludable: ¿olvidó a la cultura?

He ahí el dilema, los dilemas.

Saludos.

A las "clases" dirigentes les quitaron el tapete, van en caída libre y, como el movimiento es relativo, ni cuenta se han dado de que van callendo. Unos cuantos saben de qué va la cosa, pero a los demás solo se les ocurre volver al estatismo, atar al IFE, reforzar y apoyarse en sindicatos improductivos, parálisis. No entendieron nada, solo medraban. Se requieren respuestas inmediatas y cambios rápidos (exactamente como en una guerra) pero tengo la impresión de que no existe la masa crítica para afrontar el vertiginoso cambio en ciernes.

Una crisis que no desaparece sí, y un gobierno o gobiernos al menos en México que no aparecen, que no terminan de hacerlo. Clase dirigente que no ‘parece’ querer entrarle al toro de lo que ya está aquí, y de lo que viene pues. Lo señalaba Ana María Salazar en reciente editorial en El Universal, falta liderazgo.

Vergüenza debieran tener en el gobierno, que parecen más obsesionados con apagar fuegos momentáneos, a cortísimo plazo –se esfuerzan más en apaciguarlos— que en hacer frente común a un incendio más real, importante, grave por sí mismo, que es la crisis financiera que ya da señas de serlo también social.

Falta dejar el cortoplacismo electorero de una buena vez, priorizar de entre la burda vendetta de pasillo de palacio –e. g. López Obrador, Carpinteyro, Slim, etc.— y ponerse a trabajar a fin de delinear el esfuerzo necesario, de forma estructural o estructurada a seguir. No se termina por entender bien a bien por qué las calmas; si un esfuerzo de tal calado por supuesto va más allá del chisguete de pantalla, la autosatisfacción del spot, o la retórica del planecito de los “20 puntos” y por el estilo. Falta dar seguimientos puntuales: qué se va a hacer en realizaciones concretas; qué acciones aquí o allá; concatenadas a qué sectores; respecto qué programas… ‘Dóndes’, ‘cuándos’, ‘cómos’, ‘para qué(s)’ y algo de ‘por qué(s)’: explicando a la ciudadanía, no sólo quedarse con las generalizaciones del ‘sangre, sudor y lágrimas’ estilizadas, que no ayudan nada en términos prácticos. En resumen: acciones bien pensadas, planificadas, con cronogramas y seguimientos específicos.

En el El Universal, en un blog del periodista Esteban Román Alonso, una entrada ex profeso la controversia Slim-Calderón ofrecía uno de tantos ejemplos de propuestas –la de un simple ciudadano, lector de nombre Salvador Gutiérrez Palacios. Si bien el periodista acotaba desconocer si la propuesta era viable, señaló que cierto era que al menos iba más allá del “estamos bien” de Calderón o del “estamos mal” de Slim.

La propuesta consistía en lo siguiente:

[…] “un acuerdo de los sectores público y privado, para que a miles de empresas establecidas –Pymes en su gran mayoría– se les convoque y oriente a fin de que hagan nacer un gran conglomerado incluyente, una central desarrolladora, dentro del sector privado, para que institucionalmente como rectora estructure, administre, dirija y vigile una innovadora cadena de inversión productiva. Entre unas veinte mil pequeñas, medianas y grandes empresas de todos los sectores –de las 73 ramas que conforman la economía mexicana– suscribirían un capital mínimo base –realmente mínimo– para que luego muchísimas más, de las que si están conectadas al sector de la construcción –de 38 de esas ramas–, celebren contratos de adhesión a ese fideicomiso”.

“Constituido tal conglomerado, éste no requeriría hacer inversión alguna en proyectos, suelo, equipos de construcción, herramienta, materiales, rayas/nóminas, servicios o equipamientos, porque las empresas que financiarían absolutamente todo serían aquellas –miles y miles– que integren dicha cadena. A título de inversión, por contrato de adhesión, todas proveerían en su respectiva región invariablemente en especie, buena parte de sus giros para proyectar y dirigir, construir, equipar, promover, administrar y mantener mucha de la nueva infraestructura hábitat, indispensable para un normal desarrollo. Es claro que todos los participantes trabajarían quinquenio a quinquenio sin parar e intensamente”.

“La innovadora cadena constituiría una nueva cultura tecnológico-financiera para atender importantes necesidades propias de la microeconomía, o mercado interno, porque si se resuelve integralmente el hábitat de la población con mayor celeridad, suficiencia y efectividad, se estaría cimentando una mejor plataforma para el despegue de México”.*

Como se puede ver, por imaginación, no se diga capacidad, no nos quedamos –y en las personas de a pie.

El común de la ciudadanía sí muestra más que preocupación: muestra ocupación por la crisis. Falta entonces misma reciprocidad en México, de la clase política y gobernante, en términos de ofrecer no sólo diagnósticos, sino soluciones viables a la crisis.

* http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle6931.html

Vaya que el post da para mucho. Revisé con antención las referencias que el mismo proporciona y no es raro ver que, precisamente, se trata de Mc Donalds a quien la actual situación económica mundial no parece hacerle mella. No obstante, llama la atención que en el texto del artículo de Time, se señalan muchas razones para odiar a esa trasnacional, y me parece que en esas razones, precisamente, también, radiquen los motivos por los cuales la empresa parece no acalorarse. Las formas de vida que prevalecen en el mundo dependiente de los EU y a los cuales su nefasta influencia salpica, son comodinas y lo más sencillo, para masticar no solo la mala calidad de los "alimentos", sino también el hastío de la rutina, es dar una pasada por esos establecimientos y atiborrarse y llevar a las familias a que hagan lo mismo, justificando, como dice el texto, los índices de obecidad bajo lo falso de los argumentos de que la comida tiene bajo nivel de calorias y otras patrañas.
Resulta digno de comentarse, además, el caso Walmart, al que alude también el texto de Time. ¿Cómo es posible que la situación económica mundial haga estragos esa trasnacional, si la misma queda respaldada por billones de dolares que andan flotando por el orbe?. Que se preocupen los pequeños empresarios de nuestro país (si es que quedan), a las medianas empresas, a las que entre el SAT, el IMSS y las Juntas Locales y Federales de Conciliación y Arbitraje, se encargan también de acribillar. Quizá no se preocupen los empresarios mexicanos, aquéllos que están protegidos por el propio Estado y quienes lo componen, aquéllos que, a diferencia del tendero de la esquina, no se preocupan de pagarle al que le surte el pan y la leche mañana. Es cierto, es una crisis que no desaparece, pero unos, muy pocos, por cierto, si tienen con qué hacerle al mago y desaparerla, al menos para ellos. Un saludo.

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