Se olvidaron de cómo hay que morir
y, así, ensanchan su vida tan letal.
Yo y mi tumor luchamos cordialmente.
Esperemos que no haya un doble muerto.
Necesito que muera mi tumor,
un tumor que se olvida de morir
pero que, en su lugar, planea matarme.
Pero recuerdo cómo hay que morir
aunque ya mis testigos estén muertos.
Pero recuerdo aquello que contaban
sobre tumores que los dejarían
tan ciegos y tan sordos como eran
antes del nacimiento de ese mal
que les trajera aquel tumor a cuento.
Ya secas, morirán las negras células
o cantarán y harán su voluntad.
Tan quedamente crecen noche y día
que nunca sabes, nunca dicen nada. ~
Marzo de 2002
Traducción de Hernán Bravo Varela
Ingenieros del alma: el control del agua como metáfora del Estado
La vinculación entre el éxito en el control del agua y la legitimidad política se remonta en la historia hasta la época de los faraones y la primera dinastía Han (siglo II a.C.). De hecho, la…
Memorables y el olvido: Erik Munsterhjelm
El único libro de Erik Munsterhjelm que he leído, con un placer que pocos libros me han otorgado, es Tras los renos del Canadá (título original: The Wind and the Caribou; hunting and trapping…
Luis Nishizawa en el Antiguo Palacio del Arzobispado
Una exposición que recorre la extensa obra de Luis Nishizawa.
Luis Barragán
Este mes se conmemoran 120 años del nacimiento del arquitecto Luis Barragán, el único mexicano que hasta el momento ha ganado el Premio Pritzker. Sobre la trascendencia de su obra se publicó…
RELACIONADAS
NOTAS AL PIE
AUTORES