Letras Libres trae a dos estrellas de Tik Tok y los realities: Finito y Keroseno, dos hermanos que transforman el suicidio de su madre en música, performance y humor negro. Mezclan lo castizo con lo pop, lo normativo con lo queer, el cementerio con la chirigota, parodian la tragedia para invitarnos a descubrir lo que no queremos descubrir: que, detrás de todo, el absurdo nos mira con una sonrisilla. Tras al aparecer en El Conquistador y Gran Hermano Dúo, charlan con Camus, Unamuno, Chesterton y Debord sobre suicidio, arte y medios de comunicación.
Albert Camus: “Si yo fuese un árbol entre los árboles, un gato entre los animales, esta vida tendría un sentido o, más bien, este problema no lo tendría, pues yo formaría parte de este mundo… ¿qué constituye el fondo de este conflicto, de esta fractura entre el mundo y mi espíritu?”
Finito: El fondo del conflicto es lo que le da sentido. Mi reacción inicial al suicidio de nuestra madre fue la evasión. Sentir que nada tenía sentido me produjo rebeldía. Todo cambió cuando acepté lo sucedido como parte de mi vida. Comprendí que lo malo era lo que daba sentido a todo. Recuperé al niño que no paraba de hacer bromas. Volví a crear desde la libertad: la posibilidad de reconducir mi vida en base al absurdo, dándole un sentido único e intransferible que, por suerte, comparto con mi hermana. Esa es mi pequeña victoria contra el absurdo: no negarlo, sino usarlo para seguir creando.
Keroseno: Mi alma es libre; nuestra alma es libre. Me niego a vivir siguiendo un algoritmo que no me permita ser yo. Quiero vivir con propósito, amar lo que hago y dejar un mensaje que permanezca cuando mi “yo” corpóreo desaparezca.
A.C: “El que se mata considera que la vida no vale la pena… ¿exige su absurdidad la evasión mediante la esperanza o el suicidio?”
Finito: Hay personas incapaces de soportar este mundo tan antinatural. Creo que hay que tener un propósito que te produzca pasión. La resiliencia enseña que el crecimiento viene de aceptar la dificultad y levantarse sin victimismo. Quien se suicida no es valiente ni cobarde: es una víctima del sistema, un caído en esta guerra invisible contra la sensibilidad. El suicida no huye de la vida, sino de una existencia que le ha sido negada.
Keroseno: El que se mata no quiere dejar de vivir: quiere dejar de sufrir. Vi a mi madre pasar de la luz a la tristeza absoluta. Además, no siguió su propósito. Una vida sin propósito pende de un hilo. Cuando el dolor se desborda y ni tu vida tiene propósito ni el propósito es tu vida, el sufrimiento toma el papel principal.
A.C: “El actor tiene tres horas para ser Yago o Alcestes, Fedra o Glocester… ¿pueden resumirse esas vidas maravillosas de manera más reveladora?“
Finito: Al crear vídeos performáticos sobre el suicidio descubrimos que no éramos tan raros. Sentí por primera vez una responsabilidad artística. Finito y Keroseno nació en 2021, pero en esencia somos nosotros de pequeños, con perspectiva adulta. Nuestra vida y nuestra creación están ligadas a nuestros progresos, conflictos y momentos de paz. Lo más bonito es ver cómo algo nacido del dolor puede transformarse en algo ligero y a la vez tener un efecto duradero en la vida de las personas.
Keroseno: Mi personaje no muere. Ahí encontré el sentido de mi vida. Mi psicóloga me recomendó expresarme a través de Keroseno, y desde entonces no he parado. Mi obra será siempre autobiográfica. Keroseno soy yo, y yo soy Keroseno. Es mi vía para procesar, avanzar, decir lo que callé y enfrentar la muerte de mi madre. También es mi propio combustible para seguir viviendo.
A.C: “En la creación la tentación de explicar es más fuerte, ¿se puede superar esa tentación?”
Finito: A veces explicar el arte es como engañar, porque cada persona debería sacar sus conclusiones. Pero el contexto es importante: atrae a quien está dispuesto a entenderte. Llevamos un año dando charlas sobre lo que hemos vivido. Lo productivo es generar conversación. Incluso grabar vídeos en una funeraria me dejó más libre y en paz con la vida.
Keroseno: A veces las explicaciones son necesarias, sobre todo cuando usas ironía, paradoja y tragicomedia. Lo que hacemos no se ha hecho antes en España. Nuestra primera entrevista en papel fue cuando sentí que nuestro padre empezó a entendernos. En un mundo tan rápido, explicar tu movida permite que el público conecte con la historia.
Miguel Unamuno: “Aquí nadie quiere que le tomen el pelo, ni hacer el primo, ni que se queden con él, y así en cuanto alguien le habla quiere saber desde luego a qué atenerse y si lo hace en broma o en serio… ¿quién soporta que no se sepa si algo va en serio o en broma?”
Finito: Esto que preguntas, Miguel, es muy pertinente. Lo que molesta no es el tema, sino cómo se aborda. Se nos critica por tratar el suicidio desde la ironía, como si faltáramos al respeto. Pero hablamos desde la necesidad. Hemos sufrido censura, cancelaciones y la eliminación de una cuenta de TikTok con un millón de seguidores. La sociedad tiene doble moral: en Halloween todo el mundo se ríe de la muerte, pero si dos personas narran su vida desde el absurdo, se las tacha de criminales. Nuestro mensaje siempre ha sido positivo: desdramatizar la muerte y aceptarla como certeza inevitable.
Keroseno: Nuestra forma de expresarnos ha hecho ruido. Me negaba a que la historia de mi madre quedara enterrada. Nuestro arte no es para tomarlo literal, o sí, depende de ti. No podemos hacernos cargo de las ampollas que levante: quizá sean la primera señal de algo que debes procesar. ¿Cómo esperar que nuestro arte no mezcle lo amargo con lo absurdo?
G. K. Chesterton: “Creen que divertido es lo contrario de serio. Divertido es lo contrario de aburrido, y nada más.”
Finito: Ahí, le has dado, Gilbert. Llorar de risa es una sensación única. Me hacen gracia las cosas por las que no debería reírme. Siempre me ha atraído lo prohibido, lo torpe, lo ridículo. El humor es en parte hereditario: mi familia siempre tuvo humor oscuro. Aprender a reírte de ti mismo es un mecanismo de supervivencia. Diez años después del suicidio de mi madre, mi hermana y yo pudimos reírnos del tema, y eso nos liberó. La risa debe ser compartida porque une, sana y purifica. Incluso en la muerte de mi abuelo, él seguía haciendo chistes. Reímos con él hasta el final.
Keroseno: Lo divertido no le quita peso a lo serio. Divertirse en lo serio puede ser la única salida al avance. La vida es demasiado aburrida como para tomárselo todo al pie de la letra.
A.C: “Vivir nunca es fácil… ¿morir voluntariamente supone reconocer la inutilidad del sufrimiento?”
Finito: La gente ama las historias de superación si se cuentan desde el victimismo. Cuando nosotros desdramatizamos, muchos se pusieron en contra: decían que estábamos mal, que faltábamos al respeto a nuestra madre. La sociedad quiere verte sufrir para sentirse mejor consigo misma. Desde la muerte de mi madre nos miraban con pena y nos daban por perdidos; cuando nos veían felices, se enfadaban porque no encajábamos en el guion del dolor.
A mí su muerte me alivió: sentí tranquilidad por su parte, mientras los vivos buscaban culpables. Pero también sentí la presión de tener que parecer destrozado, y acabé impostando una rebeldía nacida de la rabia. Hubo incluso amenazas y un juicio familiar que aumentó el resentimiento. La vida sigue su curso: todo vuelve a la normalidad salvo que mi madre ya no está. Entenderlo lleva tiempo, pero es inevitable.
Keroseno: Lo “diferente” siempre me atrajo; crecí con quienes la sociedad discrimina, y ahí encontré valor y originalidad. Como mujer trans aprendí pronto lo que representaba socialmente. Nunca quise ser víctima: mi carácter me ganaba a los más duros, que acababan protegiéndome. Nuestro padre nos enseñó a no ser “pobrecitas”.
Queríamos decir abiertamente que somos familiares supervivientes de suicidio y que nuestra madre murió a los 38. Seguimos aquí, dándole la vuelta a la historia y rechazando el papel de víctimas. De ahí el tono provocador de algunas obras: estábamos sanando mientras expresábamos. A veces la cruz más grande se convierte en tu propósito.
Guy Debord: “¿Debemos usar los medios de comunicación para dotar de capacidad de seducción a propuestas aparentemente delirantes?”
Finito: Totalmente, Guy. Gracias a Internet y TikTok empezamos a compartir nuestro día a día, lo que nos llevó a la televisión. Los realities son un experimento social interesante, aunque la gente juzga sin matices. Yo entré en El cazador sin haber visto ninguno. Mi idea fue acudir con una apariencia extraña, con una barba estilo Alfonso XII, para observar las reacciones. Algunos vieron más allá; otros me menospreciaron por no encajar en los cánones de belleza actuales. Pero la vida es un reality: todos discutimos, reímos, lloramos. La gente consume estos programas porque se identifica.
Muchos no entienden la ironía y lo interpretan todo literalmente. Los medios reproducen titulares sin contrastar; lo comprobé con mis performances: disfrazado de loco, dijeron que me ingresaron; con un muñeco, que iba a ser padre. Juegan con la pseudoverdad. Por eso hay que saber usar los medios y dudar de todo.
Lo mejor fue el impacto en nuestra familia. Muchos familiares descubrieron pensamientos y reflexiones que nunca les habíamos expresado directamente. Esto ha mejorado las relaciones entre todos y ha generado un espacio de comprensión y cercanía que no existía antes.
Keroseno: Totalmente. Usamos los realities para llevar nuestro mensaje al prime time, algo nunca hecho desde dos personas afectadas directamente. Detrás de esos formatos hay profesionales inteligentes que supieron acompañarnos. Me siento agradecida por la visibilidad y el trato. La idea de que los realities “desprestigian” el mensaje huele demasiado a manido. Más cuando te muestras tal cual eres: imperfecta, humana, sin pretender ser omnipotente.