El Pachuca Athletic Club en 1903. Foto: Dominio público, via Wikimedia Commons.

Inglaterra inventó el futbol moderno. México lo hizo suyo

Este domingo, frente al país que trajo el balón, México tendrá la oportunidad de escribir una de las páginas más importantes de su historia mundialista.
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El futbol mexicano tiene sus orígenes, como el de tantos otros países, en Inglaterra, reconocida como la cuna del juego moderno. Gran parte de los deportes organizados llegaron a México procedentes de Europa durante el siglo XIX, pero ninguno tuvo el arraigo del llamado association football, el futbol reglamentado que los ingleses habían codificado en 1863 con la creación de la Football Association.

A México llegó por varios caminos: los colegios, los clubes sociales, las compañías ferroviarias y, sobre todo, las comunidades industriales y mineras. Los mineros británicos, en particular los de Real del Monte y Pachuca, trajeron consigo algo más que herramientas y costumbres: trajeron también un balón. En Hidalgo, Veracruz, la Ciudad de México y otras zonas del país, aquellos ingleses comenzaron a patear un esférico que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en una de las grandes pasiones nacionales.

La primera liga organizada de la que se tiene registro, antecedente remoto del futbol profesional mexicano, nació en 1902, cuando cinco clubes de raíz británica –Pachuca, Orizaba, Reforma Athletic Club, British Club y México Cricket Club– crearon una liga de aficionados. En sus orígenes, aquella competencia tuvo un carácter cerrado y extranjero: no aceptaba equipos mexicanos ni, en un principio, jugadores mexicanos. El futbol era entonces una costumbre importada, practicada por ingleses y otros europeos instalados en el país.

Pero esa frontera no tardó en romperse. Con el paso de los años, y sobre todo con la Primera Guerra Mundial, muchos de aquellos jugadores británicos regresaron a Europa para pelear por su patria. Sus lugares fueron ocupados poco a poco por futbolistas mexicanos. Así, el torneo de los ingleses fue dejando de ser una curiosidad de colonia extranjera para convertirse primero en Liga Mayor, después en Primera División y, con el tiempo, en la actual Liga MX.

La relación entre México e Inglaterra, sin embargo, va todavía más lejos. Pocos recuerdan que un futbolista nacido en México, de padres ingleses, Richard Geaves, llegó a jugar para Inglaterra en la década de 1870, en un histórico partido contra Escocia. Geaves se marchó muy joven a Inglaterra, pero sus compañeros de colegio le llamaban “el mexicano”, y él estaba orgulloso de serlo. Desde el origen mismo del futbol internacional, México e Inglaterra quedaron unidos por una historia inesperada.

Con el paso del tiempo, esa relación se trasladó también a las selecciones nacionales. México e Inglaterra se han enfrentado en nueve ocasiones, con clara ventaja para los europeos. Sin embargo, la historia guarda una victoria mexicana especialmente memorable: la del 24 de mayo de 1959, cuando la Selección Nacional venció 2-1 a Inglaterra en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. Fue el primer duelo entre ambos países y una de esas tardes que alimentan la memoria sentimental del futbol mexicano. Inglaterra llegó con un equipo poderoso y México, impulsado por la altura, el público y una enorme ambición, consiguió una victoria histórica.

El festejo, sin embargo, duró poco. Dos años más tarde, el 10 de mayo de 1961, Inglaterra se desquitó en Wembley con un 8-0 que sigue siendo una de las derrotas más dolorosas en la historia del Tri. Bobby Charlton anotó tres goles; también marcaron Bryan Douglas, Gerry Hitchens, Bobby Robson y Ron Flowers. Aquella goleada fue tan brutal que ayudó a instalar durante años el cruel apodo de “los ratones verdes”, una etiqueta que persiguió al futbol mexicano durante generaciones.

En el Mundial de 1966, México volvió a encontrarse con Inglaterra, esta vez en la casa del anfitrión. El recuerdo del 8-0 seguía pesando, e Ignacio Trelles entendió que no podía repetir la historia. Por eso planteó un partido de resistencia, con una línea de cinco defensores poco común para la época. México no ganó, pero evitó la humillación. Inglaterra se impuso 2-0, con goles de Bobby Charlton y Roger Hunt, y terminaría conquistando aquella Copa del Mundo. Para México, en cambio, ese partido fue parte de una eliminación temprana, pese a haber competido con dignidad en un grupo difícil.

Después vinieron otros capítulos. En 1985, ya en el Estadio Azteca, México volvió a vencer a Inglaterra, 1-0, con gol de Luis Flores, en la antesala simbólica del Mundial que nuestro país organizaría un año más tarde. En 1997, 2001 y 2010, Inglaterra ganó nuevos amistosos. Pero hay un dato que importa: México nunca ha perdido contra Inglaterra en la Ciudad de México. Aquí, entre la altura, la historia y la multitud, el Tri ha encontrado siempre una forma de incomodar al equipo que inventó el juego.

Han pasado sesenta años desde que Inglaterra venció a México en una Copa del Mundo y, a la larga, ayudó a dejarlo fuera. Ahora volveremos a vernos las caras en el mismo torneo. Pero esta vez la historia tiene otro escenario. No será Wembley. Será nuestro territorio. Será el Azteca. Será con nuestra gente.

Inglaterra inventó el futbol moderno. México lo adoptó, lo hizo suyo y lo convirtió en una pasión multitudinaria. Este domingo, frente al país que trajo el balón, México tendrá la oportunidad de escribir una de las páginas más importantes de su historia mundialista. Esta vez no se trata solo de competir con dignidad. Se trata de ganar. De romper una frontera. De mandar a casa al viejo maestro y demostrar, por fin, que el alumno también puede dar una lección. ~


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