Foto: Carlos Oteyza

Testimonio desde Caracas: un ambiente de pesar y miedo

En la urbanización Los Palos Grandes, la zona más afectada por los terremotos la capital venezolana, el asombro se mezclaba con la pregunta inevitable: ¿por qué tanta tragedia?
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Este recorrido se hizo al día siguiente de los terremotos que azotaron Venezuela el 24 de junio. Las fotos fueron tomadas en la urbanización Los Palos Grandes, una zona de clase media y alta de Caracas, a 100 metros de la emblemática Plaza Altamira, donde la oposición se reunía en la época de las marchas a principios de siglo.

Foto: Carlos Oteyza

En Caracas, esta zona fue donde el terremoto causó más daños. Cuatro edificios de diferentes tamaños se vinieron abajo. Es exactamente el mismo lugar geográfico en el que se cayeron varios edificios en el terremoto de 1967.

Foto: Carlos Oteyza

El recorrido fue una mezcla de pesar, asombro y curiosidad. A 16 horas del terremoto, no había información y los caraqueños venían de otras partes de la ciudad a ver lo que había pasado. Casi nadie había visto los estragos de un terremoto, pues el anterior había pasado hace 60 años.

En Los Palos Grandes, mucha gente había pasado la noche fuera de sus apartamentos. Como muchos edificios están dañados y hubo réplicas constantes, la gente durmió en los jardines, en las aceras, o se fueron a casa de familiares.

Para ese momento no se sabía que al otro lado del Ávila, en la costa, en La Guaira, la tragedia era aún mucho peor. Ahí, decenas de edificios se derrumbaron o quedaron inutilizados.

Foto: Carlos Oteyza.

En Los Palos Grandes, los periodistas tomaban fotos. La representante de la Associated Press enviaba a Londres la poca información que se tenía. El ambiente era de un pesar retenido, pero también de miedo. Miedo de otro terremoto y el miedo del silencio con que se ha vivido durante estas últimas décadas.

Había pocas conversaciones. La mayor parte de la gente estaba a la espera, muy probablemente para ver alguna persona rescatada viva, esperando un milagro que se hacía cada minuto más difícil. Los rescatistas estaban abocados con pasión a su labor.

Foto: Carlos Oteyza.

No era un momento de análisis, más bien de desconcierto. Apenas pude oír a uno de los curiosos comentar en voz baja a su pareja. ¿Por qué tanta tragedia? ¿Qué hemos hecho? ¿Hasta cuándo?

De alguna manera, la tragedia política y económica vivida en estos últimos años y el deslave de 1999, con sus miles de desaparecidos, estaba supurando. ~


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