En esta nueva entrega de #ElSalónDeGascón, el editor de Letras Libres, Daniel Gascón, conversa con el periodista de investigación Juan Cristóbal Peña sobre su libro Letras torcidas, la doble vida de Mariana Callejas, escritora y agente de Pinochet. El diálogo explora la insólita y perturbadora biografía de una mujer de orígenes atípicos que, tras pasar por un kibutz en Israel en su juventud, terminó convirtiéndose en una pieza clave de la DINA, la policía política de la dictadura chilena. Junto a su marido, el estadounidense Michael Townley, Callejas formó un matrimonio de agentes civiles que planificó y ejecutó los crímenes internacionales más graves del régimen de Augusto Pinochet, operando como el brazo ejecutor del terrorismo de Estado en plena Guerra Fría.
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Daniel Gascón: Hola, muy buenas. Bienvenidos a Letras Libres España, a El Salón de Gascón. Hoy tenemos la suerte de estar con Juan Cristóbal Peña, que es autor de varios libros, dos de ellos sobre la guerrilla de izquierdas en Chile en la época de la dictadura de Pinochet. También otro del que me estabas contando justo antes de que abriéramos, sobre la ambición intelectual de Pinochet, cómo era su biblioteca y cuál era su relación con la literatura. Y ahora acaba de sacar un libro que es estupendo, que se llama Letras torcidas. La doble vida de Mariana Callejas, escritora y agente de Pinochet. Hola, muy buenas.
Juan Cristóbal Peña: Hola, Daniel. ¿Cómo estás? Un gusto estar acá. Vengo viendo recién el libro, no había visto la edición española.
Daniel Gascón: Claro, porque el libro salió en Chile ¿hace cuánto?
Juan Cristóbal Peña: A fines del 2024, luego salió en Argentina y ahora salió hace un par de meses acá.
Daniel Gascón: Y Mariana Callejas es un personaje del que sí que se ha escrito mucho, aunque quizá no es conocido para el gran público. Tienes por un lado a la aspirante a escritora con esa vocación o ambición literaria, y por otro, a la agente internacional de Pinochet en operaciones de terrorismo de Estado, ¿no?
Juan Cristóbal Peña: Claro. Yo diría que en su momento, estamos hablando desde mediados de los 70 hasta los 80, ya tuvo su renombre como escritora en Chile. Fue validada y reconocida; ganó premios, incluso ganó premios de una revista de oposición en ese momento muy emblemática que se llamaba La bicicleta. La premiaron, y cuando se enteraron de quién era la ganadora, porque era un concurso ciego, se debatió si la premiaban o no. Ya se sabía desde fines de los 70 que ella era una agente de la dictadura, y no cualquier agente. Ella y su marido eran quienes ejecutaron los crímenes internacionales más importantes de la dictadura por el mundo. El caso de Carlos Prats, el militar leal a Allende, o el caso de Orlando Letelier a pocas cuadras de la Casa Blanca en Washington. Se pasearon por Europa varias veces procurando, algunos con éxito y otros no, ejecutar a opositores chilenos en el exilio por orden, instrucción y financiamiento de la policía política de Pinochet.
Daniel Gascón: Sí, luego llegaremos a ese momento de cómo entran allí. Ella es chilena, su marido es estadounidense. Si nos puedes contar un poco su vida antes de la Dirección de Inteligencia Nacional (la DINA).
Juan Cristóbal Peña: Sí. Ella viene de un pueblo nortino, un pueblo perdido en el interior, en la precordillera del norte chileno, de una familia de clase media. Desde un comienzo muestra bastantes elementos atípicos de lo que se esperaba que fuera una mujer para la época, años 40 o 50. Partiendo por el hecho de que en algún momento deserta del colegio, nunca lo termina, a los 16 o 17 años. Se vincula a grupos de judíos que abrazan el socialismo en esa época y que sueñan con fundar el Estado israelí, trabajan para ello y finalmente ella se suma a una primera avanzada sin tener ningún vínculo con la etnia judía. Hablando con gente que conoció ese proceso histórico, decían que era muy raro que alguien que no fuera judío participara de eso, y en su mayoría la gente se vinculaba al socialismo, al comunismo, a la internacional comunista de esa época. Y ella con 18 años se aventura a esto y funda un kibutz a 15 kilómetros de la Franja de Gaza. Entonces, desde muy pequeña ella transitó por un camino bastante opuesto a los estándares que se esperaban de la época. Su biografía más temprana me parece que explica también este sentido aventurero con que ella transita y participa de los procesos políticos, incluido lo que es su adscripción a la policía política de Pinochet, que es bastante azarosa, bastante accidental, donde hay pocas convicciones políticas.
Daniel Gascón: Y aunque es desde el principio, incluso ya está vinculada a grupos de derecha dura un poco antes del golpe, ¿no?
Juan Cristóbal Peña: Claro. Hay un periodo que comienza desde fines de los 60 más o menos, donde ella, luego de su experiencia en Israel, parte con su marido y con sus tres primeros hijos a Estados Unidos. Procura hacer una vida ahí y comienza a despertar en ella una suerte de vocación literaria, o artística incluso. Le gustaba escribir canciones también. Y hacia fines de los 60 comienza una suerte de transformación política que no es muy clara, que es difícil de entender y que no tiene ningún vínculo con alguna teoría conspirativa que explique por qué transita de la izquierda a la derecha. Ella en un momento se transforma en una ferviente anti-allendista, anti-socialista, no obstante venir de ahí. Pero eso se explica básicamente por la inconsistencia que anima cada una de sus acciones, donde no hay una gran convicción tampoco para hacer todo lo que hace. De hecho, cuando ella abraza las ideas más radicales de derecha e incluso cuando participa declaradamente de manera oficial como agente de la dictadura, ella no responde al patrón de la agente de derecha, ni mucho menos de un agente de una dictadura. Ella siempre fue una persona liberal en lo político, en lo sexual, una persona más propia de una corriente new age, medio hippie y liberal de esa época. Volviendo al punto, siempre está cruzando veredas inesperadas, es difícil situarla en un solo lugar, incluida esta figura de la perversa y fría agente que va por el mundo matando gente.
Daniel Gascón: Sí, eso es muy curioso del libro, cómo explicas tantos lados que tiene la agente. Que es una palabra glamurosa para lo que hacían, porque lo que hacían era asesinar, o en ocasiones ella no parece que esté en las torturas, pero sí que está en las torturas donde ella está. Y luego, por otra parte, esa vocación literaria o ese lado familiar o sus flirteos que también son interesantes, ¿no? Vas mostrando esas cosas que existen al mismo tiempo y está muy bien hecho.
Juan Cristóbal Peña: Sí, incluso desde la literatura, que vamos a llegar allá. Las cosas que escribe son muy perturbadoras, no es lo que se espera que escriba un agente, viniendo de quien viene. Su literatura es muy provocativa y pareciera que escribe desde el lugar del enemigo.
Daniel Gascón: Claro, porque ella tiene muchos cuentos que además leía en los talleres en la época en la que estaba siendo agente. Los leía con el equipo y son cuentos que hablan de agentes, de espías, pero sobre todo de guerrillas, y los protagonistas suelen ser guerrilleros de izquierda, no de agentes de derecha.
Juan Cristóbal Peña: Claro. Y ahí lo más sorprendente… hay que situar esto en la época donde ella ya es agente oficial de la dictadura y habita una mansión en los faldeos de la precordillera de Santiago. Una mansión muy a maltraer, casi como un hospicio venido a menos, pero era una casa grandota de cuatro pisos que le financia la policía política de Pinochet, la Dirección de Inteligencia Nacional (la DINA), donde tiene servidumbre, tiene agentes que rondan, porque esa casa es una casa cuartel donde se planifican las más importantes operaciones internacionales de la policía política de Pinochet. Hay un laboratorio electrónico, hay archivos con fichas de opositores y hay un laboratorio químico donde se fabrica gas sarín, un gas sintetizado originalmente por los nazis, que es un proyecto secreto que emprende la dictadura al interior de esta casa, donde además esta mujer celebra talleres literarios y vive con su familia, con sus hijos menores. Es muy interesante revisar algunos paralelos del interés de revisar a la dictadura desde la vida doméstica. Algunos autores han tomado esa visión de cómo estudiar ese periodo del horror desde el presente. Al tiempo que ocurría todo esto, celebraba talleres literarios que ella dirigía y en los que participan y pasan parte de los escritores chilenos que tendrán renombre en Chile y a nivel internacional a partir de los 80 y 90. Parte de lo que ella produce, lee y discute en este taller eran cuentos sobre guerrilleros de izquierda cuyo enfoque no tiene un reproche moral, sino que parecieran escritos desde ese lugar. Son muy compasivos con respecto a la tragedia de las operaciones infructuosas de la guerrilla de izquierda en los años 70, como si ella fuera uno más y no la persona que está participando del exterminio de ese grupo político. Son cuentos que a mi juicio son parte del mejor catálogo de lo que produce en esa época y luego autoedita en la década siguiente. Ella escribe y ficciona al tiempo que vive lo que ficciona y escribe. Lo que no significa, como a veces se ha interpretado, que ella participara como agente internacional con el propósito de nutrirse de ideas para conocer la realidad de la cual quiere escribir. Eso me parece que está súper lejos de la realidad, no hay evidencia y es una interpretación ligera.
Daniel Gascón: Y por ejemplo, uno de los cuentos de los que hablas, que se llama La larga noche, que parece un poco como si aplicaras La noche boca arriba de Cortázar, que es un juego con dos realidades que se alternan, y uno es un guerrillero y un torero, como el indígena y el automovilista, ¿no?
Juan Cristóbal Peña: Sí, justamente es un libro que ella publica en el año 81, cuando ya ha quedado al descubierto su papel de agente. Porque de todas las operaciones que montan ella y su marido, que es importante también en la pieza para entender todo esto, Michael Townley. Es un ciudadano estadounidense a quien se le encargan las operaciones, 11 años más joven que ella. Es un gringo que llega a vivir a Chile junto a su familia. Su padre era gerente de la Ford en ese momento, va paseando por diferentes países de Latinoamérica y este muchacho, al igual que ella, deserta de la escolaridad y es una persona muy hábil con las manos, particularmente con la mecánica y con la electrónica. Y eso, unido al hecho de que tenga nacionalidad estadounidense, se convierte en un perfecto candidato para ser agente. Es por eso que lo recluta la DINA y por añadidura la recluta a ella. Hay que entender la figura donde hay una duplicidad de funciones y también es interesante entender las convicciones de cada uno de ellos. Pero nos fuimos de la pregunta, perdón.
Daniel Gascón: Bueno, pero esto es muy interesante lo de Michael Townley. Yo creo que podemos seguir ahí porque también ayuda a entender a este personaje, que es el marido que está todo el rato experimentando, que es el padre de los dos hijos menores y que en realidad él es el agente, y que tiene un puesto de mucha responsabilidad aparentemente en el régimen, ¿no?
Juan Cristóbal Peña: Claro. Él es el candidato ideal porque justamente tiene pasaporte estadounidense, por tanto es la persona ideal para operar. Él, al no tener profesión y estar siempre al tres y al cuatro procurando ganarse la vida, encuentra este puesto soñado, muy bien remunerado, en el que la DINA lo dota de una casa, servicio doméstico y le financia las operaciones internacionales. Trabajan con todos los beneficios de un funcionario público, con vacaciones pagadas, viáticos, etcétera. Este es un personaje que encuentra una validación en la policía política, pero que nunca termina de aceptarlo por entero por el hecho de que no es un militar, por el hecho de que es una persona chapucera que siempre está tratando de agradar a sus superiores. Cumpliendo de la mejor forma posible él y su pareja, Mariana Callejas, las operaciones que se le encomiendan y haciendo más de lo que se le pide. Siempre llevaban, como niños pequeños que querían la validación del padre, nuevos inventos al cuartel general para sorprender: cigarrillos electrónicos, cartas bomba, muy en la lógica de la Guerra Fría. Y uniendo con lo que hablábamos anteriormente, el papel de él y el de ella quedan al descubierto en el año 78, cuando Estados Unidos descubre que es él, agente de la DINA, quien ejecuta el asesinato de Orlando Letelier, el excanciller de Salvador Allende, y pide su expulsión a la dictadura chilena. Eso marca un antes y un después del apoyo que le da Estados Unidos a la dictadura. Porque Estados Unidos tolera y fomenta las operaciones de exterminio de la izquierda en Latinoamérica y en cualquier parte del mundo, pero no en Estados Unidos, y menos a pocas cuadras del Capitolio, como ocurrió en el crimen de Orlando Letelier. Ahora se van a cumplir 50 años de ese episodio, fue en el año 76. A partir de ahí ya hay otra historia. Él es condenado en Estados Unidos a una pena muy baja, pero es condenado, y ella queda viviendo sola en Chile. Pese a hacerse un hecho público que ella había sido agente de la DINA, procura seguir adelante con una carrera en las letras y lo hace de manera muy empeñosa y porfiada. Es en ese contexto que ella autoedita este libro de cuentos La larga noche. Lo publica en el año 81, pero se lo censura la dictadura y finalmente logra publicarlo en el 83. Ahí es donde incluye estos cuentos que hablan de torturas contra opositores o de guerrilleros que hacen operaciones particularmente en Chile y en Argentina. Yo tengo la impresión de que ella publica algunos de estos cuentos como un seguro de vida, porque ella guardaba muchos secretos de la DINA y se ocupó de que si algo le pasaba a ella o a su familia por el hecho de haber colaborado con la justicia estadounidense, esos secretos podían quedar a la luz pública. Como finalmente ocurrió.
Daniel Gascón: Has hablado del asesinato de Letelier, antes hemos tocado el de Prats, con el que arranca el libro, que comparten la misma forma de operación, pero hubo otras muchas actividades. Hay otro de los asesinatos que es a un diplomático español, Carmelo Soria, que sucede en la casa donde vivía. Y luego hay operaciones que son espeluznantes que intentan hacer en España donde se frustran, en Italia donde la hacen pero no consiguen ejecutar a quien querían, y otra vez que planean un gran golpe en México y llegan tarde. Es ese mundo de mediados de la Guerra Fría con esta especie de terrorismo internacional auspiciado por las cloacas del Estado, ¿no?
Juan Cristóbal Peña: Exactamente. Y no solamente por el Estado chileno, sino por las dictaduras latinoamericanas y los grupos residuales neofascistas, tanto de Italia como de Francia y de España, con los cuales la dictadura tiende puentes a través de su jefe de inteligencia, que es Manuel Contreras.
Daniel Gascón: Fundamental para ellos también, ¿no? Para Callejas.
Juan Cristóbal Peña: Exactamente, porque él es quien los acoge y los dota de este poder y de estas funciones. Él tenía el propósito de liderar una gran alianza internacional anticomunista. A través de estos vínculos, hace alianzas para ejecutar a opositores, principalmente chilenos, pero también presta sus recursos para otro tipo de ejecuciones. Esas alianzas suponen que estos dos agentes, Mariana Callejas y Michael Townley, que son agentes civiles, responden mucho al patrón del agente de la Guerra Fría: el civil que va por el mundo simulando ser una pareja de enamorados en plan de luna de miel, y esconde esta doble vida de comisiones para ejecutar opositores. Y ellos efectivamente hacen una suerte de tour por diferentes países para ejecutar y planear crímenes. Algunos de ellos con éxito, la mayoría de ellos infructuosos por fortuna. Entre lo que hacen es procurar matar a un líder democristiano chileno que vivía en Roma, a él y a su mujer, quienes milagrosamente salvan la vida a pocas cuadras del Vaticano. Esa ejecución fue encomendada a los neofascistas italianos que estaban muy activos en los años 70 en Europa. Es una prueba de este sueño del jefe de la policía política de Pinochet de comandar esta gran alianza internacional, que parcialmente la cumple a través de estos vínculos. Hay operaciones que procuran hacerse en España, donde la inteligencia franquista le hace un parelé a eso porque no quiere provocar a otras potencias extranjeras y que su casa se desordene con operaciones donde actúan estos agentes internacionales. Impiden que haya atentados acá en España. Cuando la dictadura pide la asistencia de la inteligencia franquista, la inteligencia franquista se la niega, probablemente no por algo ideológico o político, sino por un sentido práctico que en cierta medida siempre la tuvo la dictadura franquista. Pero sí tienen éxito en otras partes, entre ellas en Estados Unidos, donde consiguen la asistencia de los cubanos anticastristas, que son piezas muy importantes en las acciones que hace la DINA en Estados Unidos y en menor medida en otros lugares.
Daniel Gascón: Sí, es muy curiosa esa especie de internacional, incluso con tensiones que había a veces entre gente de distintos orígenes por la forma de hacer las cosas, que lo cuenta la propia Callejas en sus memorias y tú lo explicas.
Juan Cristóbal Peña: Claro. Y hay que considerar también una cosa, porque en el contexto de la época puede parecer desde un lugar romántico, desde el idealismo político que inspiraba a estos grupos ultrafascistas, pero todo esto operaba también por el interés, por el dinero y el financiamiento. Si no había pasta sobre la mesa, estos grupos no movían un dedo.
Daniel Gascón: Además se quejan, ¿no? De que “nos dan menos dinero que a los otros”.
Juan Cristóbal Peña: Exactamente. Ellos necesitan financiarse. Y la dictadura chilena desembolsa recursos importantes para sostener a algunos líderes de estos grupos y pedirles a cambio su participación en operaciones internacionales, particularmente en Estados Unidos, México y Europa, y en Argentina también. Les ofrece las cosas más inusuales. Por ejemplo, a uno de estos líderes neofascistas italianos que tenía un problema en el hombro, le ofrecen traerlo a Chile para operarlo, o para guardarlo durante un periodo porque estaba siendo buscado en Italia. Es así como llega un número importante de cubanos, italianos y franceses a Chile, y permanecen por una temporada bajo la promesa de recibir cursos de instrucción militar, servicio médico, protección y cobertura cuando los busca la policía en sus países. Algunos de ellos recalan por temporadas en la casa de esta pareja de agentes, lo que provoca el enfado de Mariana Callejas, que tiene que soportar a doce tipos dando vueltas sin hacer nada, esperando que salga el financiamiento. Ese es el mundo de esta casa en la que habitan Mariana Callejas, su marido Michael Townley y sus hijos. Sus hijos siguen haciendo una vida doméstica como la de los hijos de cualquiera. Van y vuelven del colegio, invitan a compañeritos a su casa, se bañan en la piscina, hacen sus tareas. Esta pareja nunca dejó de desdoblar sus actividades. Siempre hubo una dinámica familiar, doméstica y literaria que continuó a la par funcionando con las grandes operaciones que se planificaban y se ejecutaban en esta casa. Y eso es lo más perturbador de esta historia.
Daniel Gascón: Sí, la combinación insana de domesticidad y crimen, ¿no? Y que además están en el mismo espacio y donde hay rastros, porque hablas de los animales muertos por los experimentos con venenos o el cadáver de un hombre que aparece. Te quería preguntar también cuando ya se descubre y Townley es juzgado en Estados Unidos. Ella sigue allí y sigue muy empeñada en su carrera literaria, pero tiene ese estigma imborrable, ¿no?
Juan Cristóbal Peña: Claro, ella se transforma en una paria a partir de entonces cuando su doble vida queda al descubierto, no solo para la izquierda chilena o para la oposición a la dictadura donde habita gran parte de la intelectualidad, sino también para la propia dictadura. Lo que hace esta pareja es negociar con la fiscalía estadounidense para lograr una condena baja y por tanto delatan la participación de la dictadura en el crimen de Orlando Letelier en Estados Unidos. Ella queda en tierra de nadie. Hasta que quedó al descubierto su doble vida, esa casa era muy activa. Se realizaban, a razón de dos veces por semana, talleres literarios en horarios incluso donde había toque de queda, o fiestas que duraban toda la noche y por las cuales pasó una parte importante de la intelectualidad, artistas, escritores y aspirantes a escritores. Eran de los pocos lugares, si no el único, donde la gente podía cultivar literatura y divertirse a la vez sin ser molestada por la policía. Todo eso se rompe cuando Estados Unidos delata la identidad de quienes participan en esa operación. Ella queda marcada por el desprecio absoluto, tanto por traidora como por terrorista al servicio de una dictadura. Pero así todo, su casa sigue operando como una suerte de lugar de recreación. Los escritores huyen en estampida. Ella maliciosamente dice que algunos siguen yendo por un periodo, pero ya es otro grupo de gente. Aún en dictadura, pero en un periodo de mayor apertura generado por la presión de la oposición, ella acude a centros culturales, a la sede de la Sociedad de Escritores de Chile o al centro cultural chileno-alemán. Ella está presente en un circuito literario y artístico como si nadie supiera quién era. Ella provocaba morbo, temor por quien había sido, curiosidad y rechazo. Y así y todo ella se empeña y consigue en parte progresar en su carrera literaria, que siempre dijo que era lo que más le interesaba. Logra premios incluso en los 80, logra autopublicarse o que la publiquen algunas editoriales no menores en Chile. Ella siempre dice que nunca cumplió pena de prisión por esto, que su gran condena fue literaria, el hecho de que le hayan arrebatado su sueño de ser una escritora reconocida. Pero seguía participando de circuitos literarios y seguía yendo a editoriales grandes en los 90 para dejar sus manuscritos. Iba a golpearle la puerta a editores importantes, algunos de ellos que habían estado en el exilio, pero la querían editar igual porque encontraban que su literatura tenía méritos por sí misma para ser publicada.
Daniel Gascón: Sí, siempre tuvo defensores, ¿no? Como Lafourcade, que es el maestro que monta los talleres y que se queda muy deslumbrado por el cuento ¿Quién fue Boby Ackerman? Y luego esta historia aparece en el periodismo literario y en la literatura chilena. El primero que habla de esto me parece que es Pedro Lemebel, ¿no?
Juan Cristóbal Peña: Claro. Es muy interesante eso. Yo lo desarrollo en mi libro porque Bolaño, Pedro Lemebel y Nona Fernández escribieron sobre esto. Escribieron a partir de lo que se detona con la primera visita de Bolaño a Chile cuando vuelve en gloria y majestad, como un gran referente de las letras chilenas tras haber ganado el Herralde, en medio de una efervescencia literaria marcada por la nueva narrativa chilena. Muchos autores que publicaban habían pasado por el taller de Mariana Callejas, y no solo habían pasado, habían permanecido durante años y dicen no haber visto lo evidente: que era una casa cuartel donde había militares, autos con antenas a la vista y gente armada. Todo eso provoca que en los años 90, en este contexto donde había una tendencia por querer superar el pasado y dejar de hablar de la dictadura, esto enfade a Bolaño y lo provoque a escribir Nocturno de Chile. En esa visita él se entera por Lemebel de que existía esta mujer y estos talleres. Él no lo puede creer, que eso no fuera motivo de discusión pública. Él está a punto de entrar a una recepción donde están estos barones de la nueva narrativa chilena esperando agasajarlo, y Bolaño le dice a Lemebel: “¿Por qué no me acompañas a esta cena?”. Lemebel le responde: “Yo con esos fascistas no voy a ningún lado”. Ahí le cuenta la historia. Bolaño se excusa de la cena y se van a otro lado. Ahí es cuando Bolaño se termina de enterar de esta historia, lo que provoca su actitud de desprecio hacia la escena literaria chilena por su exitismo y por no querer mirar este pasado. En esa pléyade de escritores no necesariamente hay quienes colaboraron con la dictadura, pero estaba todo mezclado. Bolaño denuncia que parte de esa literatura que florece en los 90 tiene su origen en el horror de esos años 70 en torno a esta casa cuartel.
Daniel Gascón: Y por ejemplo, aquí hablas de los tres autores que siempre aparecen más y que tienen actitudes distintas: Carlos Iturra, Carlos Franz y Gonzalo Contreras. Se intentan defender.
Juan Cristóbal Peña: Contreras es el que más habla hoy. Estos tres fueron quienes estuvieron más cerca, permanecieron más tiempo y fueron más cercanos a Mariana Callejas. Se formaron con ella y han tenido una actitud distinta. Franz prácticamente no habla del tema. Contreras sí lo ha transparentado. E Iturra, que es un escritor menor, se siente orgulloso de su amiga y de haber participado de eso porque era un ferviente pinochetista, todavía lo es.
Daniel Gascón: A diferencia de los otros dos, que no es así, por eso es muy diferente la actitud.
Juan Cristóbal Peña: Exactamente. Yo creo que su literatura siempre quedó marcada por esto, y porque siempre dijeron que nunca vieron nada extraño en algo que al parecer era bastante evidente. Hubo escritores como el poeta Enrique Lihn, que fue una vez a una fiesta en la casa de Mariana Callejas y no estuvo más que una hora, que le fue suficiente para reparar en que este era un lugar muy raro, con antenas a la vista, lugares inasequibles, un taller de electrónica y equipos de radio.
Daniel Gascón: Sí, además ahí haces un poco de cómo cambia una historia, ¿no? Dices que en parte de la literatura sobre esto hay una escena donde alguien baja una escalera y se encuentra con algo aterrador, alguien que está atado. Y tú dices: “Bueno, la anécdota fuente quizás sea esta fiesta donde dos se medio extravían y se encuentran un taller electrónico”.
Juan Cristóbal Peña: Exactamente. Bolaño narra la historia de un escritor o aspirante a escritor que se extravía en esta casa y llega a un subterráneo donde hay una persona atada y vendada. Eso tiene su origen en relatos de invitados que fueron y se extraviaron y terminaron viendo a dos agentes con unos audífonos escuchando alguna conversación telefónica u operando equipos electrónicos y radiales. Cosa que era suficiente para huir en ese momento de la segunda mitad de los 70. Yo tomo algunos relatos que se levantan desde la literatura que tienen su origen en relatos muy concretos de gente que fue y notó que algo muy extraño y perverso palpitaba ahí, y que comenzaron a circular como mitos urbanos. A mí me interesaba hacer el camino inverso, desde la literatura de ficción hacia los hechos y la evidencia del origen de esos relatos. También lo hace Nona Fernández en un muy interesante montaje teatral llamado El taller, donde ella habla de estas existencias paralelas que cohabitaban en esta casa cuartel al mismo tiempo. No hay evidencia de que al tiempo que ocurrían estas grandes fiestas o estos talleres hubiera gente detenida en los subterráneos. Pero los otros días sí ocurrían estos horrores en presencia de los hijos menores de Mariana Callejas.
Daniel Gascón: Hay algo que me gusta mucho en cómo está hecho el libro, que es que a veces la historia es tan potente que dices: “No hay una novela que pueda contar o imaginar cosas que aquí suceden”. Y tú haces ese camino inverso, dices: “Tengo toda la documentación de la realidad y tengo también estas ficciones, y hago un poco el camino inverso”. Es muy interesante.
Juan Cristóbal Peña: Sí, ese cruce no lo tenía planeado. Fue en el proceso de escritura que encontré ciertos cruces. Así también lo que Mariana Callejas producía y leía en los talleres. Si bien yo había leído estos cuentos, no había hecho ese cruce de que los relatos más desafiantes en relación con el mundo de la guerrilla de izquierda ella los trae en ese periodo donde ella es agente y los lee ante quienes participan en este taller. A propósito de eso mismo, la narración del horror desde el presente ya no demanda una denuncia como lo demandó en los años inmediatamente posteriores a las dictaduras y a los genocidios. Hoy en día uno puede entrar a través de la vida familiar doméstica de los represores para complejizar un poco más ese horror, sin dejar de lado el elemento de denunciar los crímenes. Yo veo un paralelo en una película que me iluminó sobre cómo estaba procurando examinar esto, que es la película La zona de interés. Es el relato del horror de Auschwitz visto desde la casa colindante donde habita el comandante Rudolf Höss. En ningún momento la película entra a Auschwitz ni muestra nada directamente, pero lo muestra como telón de fondo a través de la vida doméstica de los niños, de lo que perciben y proyectan de ese horror. A mí me hizo mucho sentido esa película porque demarca un camino de cómo narrar desde el presente estos periodos traumáticos de violencia estatal. Y ahí hay otro ejemplo de la vida doméstica que es lo que hace Paco Cerdà, la guerra después de la guerra.
Daniel Gascón: Sí, como dices, cuando ya hay hechos que se conocen pero hay mucho más que contar y a lo mejor no hay que reiterar sobre la denuncia porque ya está hecha. Estaba pensando en que has tomado entrevistas, los diarios, las cartas, y entrevistaste a Mariana Callejas hace 10 años. Si puedes contarnos ese encuentro.
Juan Cristóbal Peña: Claro, en ese momento, año 2010, yo trabajaba en un centro de investigación periodística enfocado a casos de corrupción. La directora, Mónica González, accedió a que yo hiciera una serie de entrevistas con Mariana Callejas a propósito de que había sido condenada a 20 años por el crimen de Carlos Prats y se esperaba el pronunciamiento definitivo de la Corte Suprema. Ella ya había sido entrevistada en múltiples medios, era una persona a la que le encantaba la exposición pública pese a que se sabía todo lo que había hecho. La contacté a través de un escritor y accedió a conversar conmigo. Debió haber estado a las puertas de los 80 años, estaba en buenas condiciones mentales. La única condición que me dio para hablar fue que yo no la tratara de usted, lo que da cuenta de una gran vanidad. Percibí que era bien magnética, alguien que te clava la mirada de modo incluso un poco incómodo, no lo que se espera que sea un agente. Estaba escuchando a Dead Can Dance, tenía unos inciensos encendidos y un estilo de vida bastante austero, financiada por sus hijos en ese momento. Era alguien que podía atender una charla durante horas sobre literatura o sus hijos. Cuando yo le proponía hablar de su pasado como agente de inteligencia, era un tema que eludía, pero que a la vez era ineludible cuando hablaba de su literatura, porque su literatura había estado marcada por esa infamia. Se movía con mucha ambigüedad, sabiendo muy bien los temas que podían ser o no comprometedores judicialmente para ella, y derechamente se movía con mucha negación sobre su participación directa en algunos hechos criminales. Era una figura bien inquietante. Me invitó a comer un goulash que era horroroso; ella misma me admitió que era muy mala cocinera. Para mí era complicado decidir si aceptar una comida con ella, pero también me parecía interesante explorar su mundo y verla cocinando. Hay un punto donde yo la confrontaba pero no iba a conseguir nada más. Son opciones de cuánto puede uno ingresar en el mundo de estos personajes participando en su vida doméstica. Ella se enojaba cuando yo volvía a los crímenes. En esa vida doméstica, el haber asistido a su casa y compartir una comida, me permitió entender algunas cosas de ella, de porqué habían ocurrido algunas cosas, de su dinámica como dueña de casa y como madre. Su ruptura con Michael Townley me la explicó a través de la comida. Ella me dijo: “Nosotros empezamos a llevarnos muy mal con Michael porque él comenzó a tomarse muy en serio esto de su papel como agente terrorista”. Me decía: “Yo ya no soportaba la comida que se cocinaba en la casa, porque se cocinaba para mucha gente y todos los días comíamos carbonada”. Algo se fracturó, según ella, en esa vida cotidiana representada a través de la comida diaria, y no a través de lo más evidente, que eran los crímenes.
Daniel Gascón: Sí, claro. Parece que los crímenes, donde ella también participaba, no les habían separado tanto.
Juan Cristóbal Peña: Claro, ella lo desdoblaba sin lugar a duda.
Daniel Gascón: También cuentas que se queja de que llegaba tarde.
Juan Cristóbal Peña: La historia de amor de ellos es muy potente y explica mucho la complicidad que tenían como pareja de agentes. A mí me interesó explorar la vida familiar, lo que veían los hijos en esta casa cuartel, y en la relación amorosa con Townley, en los conflictos, las rupturas, en el modo en que hacía muchas cosas en parte para agradar. Él era una persona muy insegura de sus habilidades materiales y del amor que ella sentía por él, por lo que muchas de estas cosas él las hacía por ella para agradarla. Es importante explorar esa cotidianidad e intimidad de una pareja de agentes y cómo operan esas fuerzas amorosas que tienen consecuencias políticas e históricas.
Daniel Gascón: Estupendo. Pues muchísimas gracias, Juan Cristóbal Peña, por hablar con nosotros, y os recomiendo mucho el libro. La verdad es que podríamos seguir hablando mucho más porque es riquísimo, se aprende mucho y lo vais a disfrutar mucho.
Juan Cristóbal Peña: Bueno, muchas gracias Daniel por la charla, por esta invitación y por haber leído y recomendado este libro.