En 1948 el grupo filosófico Hiperión irrumpió en la cultura mexicana como un cometa: de manera brillante y efímera. Este grupo, formado por exalumnos de José Gaos, pretendía combinar la autonomía de pensamiento con el mayor rigor intelectual para crear una nueva filosofía mexicana comprometida y de altura. De todos los hiperiones, el único que logró realizar plenamente ese afán fue Luis Villoro. Pero su legado va más allá de su obra escrita: hasta el último de sus días, él fue nuestro mejor ejemplo de cómo vivir como un filósofo; tarea que requiere de virtudes poco comunes como la de no sucumbir a las tentaciones del poder o no abandonarse a las pequeñas miserias de la vida académica.
Tan breve, tan insignificante
Los seres humanos, en nuestro infinito narcisismo, solemos olvidar que no somos la única especie que ha habitado este planeta. Si la historia de la Tierra se comprimiera en un solo día, los…
Mexican Immigration to the United States, de Manuel Gamio
Manuel Gamio, Mexican Immigration to the United States [1o ed. The University of Chicago Press, 1930], Nueva York, Dover Publications Inc., 1971, 262 pp. Cuando se piensa en la…
Escritura y prostitución
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