En 1948 el grupo filosófico Hiperión irrumpió en la cultura mexicana como un cometa: de manera brillante y efímera. Este grupo, formado por exalumnos de José Gaos, pretendía combinar la autonomía de pensamiento con el mayor rigor intelectual para crear una nueva filosofía mexicana comprometida y de altura. De todos los hiperiones, el único que logró realizar plenamente ese afán fue Luis Villoro. Pero su legado va más allá de su obra escrita: hasta el último de sus días, él fue nuestro mejor ejemplo de cómo vivir como un filósofo; tarea que requiere de virtudes poco comunes como la de no sucumbir a las tentaciones del poder o no abandonarse a las pequeñas miserias de la vida académica.
El espacio multiplicado. Entrevista con Ricardo Díaz
Egresado de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, Ricardo Díaz formó parte de la compañía yugoslava KPGT, dirigida por Ljubisa Ristic. Posteriormente,…
Las voces del Quijote
Una ambiciosa adaptación radiofónica celebra el 400 aniversario de la segunda parte de la primera novela moderna.
Y salimos a matar gente
El viernes 13 de agosto, la primera página del periódico El Nacional destacaba, a todo color y en gran tamaño, una foto de la morgue de Caracas. En una sala desarreglada y…
Terrorismo mágico
Se suponía que en Cuernavaca no temblaba fuerte. El terremoto del 85 llegó aquí amortiguado por la lejanía de los epicentros o la firmeza del suelo y no produjo desastre alguno. La ciudad…
RELACIONADAS
NOTAS AL PIE
AUTORES