En 1948 el grupo filosófico Hiperión irrumpió en la cultura mexicana como un cometa: de manera brillante y efímera. Este grupo, formado por exalumnos de José Gaos, pretendía combinar la autonomía de pensamiento con el mayor rigor intelectual para crear una nueva filosofía mexicana comprometida y de altura. De todos los hiperiones, el único que logró realizar plenamente ese afán fue Luis Villoro. Pero su legado va más allá de su obra escrita: hasta el último de sus días, él fue nuestro mejor ejemplo de cómo vivir como un filósofo; tarea que requiere de virtudes poco comunes como la de no sucumbir a las tentaciones del poder o no abandonarse a las pequeñas miserias de la vida académica.
Lola Ancira, la Tusitala de óbitos
Lola Ancira (Querétaro, 1989) lee un cuento de su libro "Tusitala de óbitos".
Muertas sin fin
Atención. Se busca. Se agradecerán informesEn Ciudad Juárez, el inicio de la primavera de 1999 consignó el rito inverso al simbolismo regenerador de la vida, propio de la fecha: se denunciaron…
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A veces exageradas y repetitivas, a merced de los elogios rimbombantes, las contratapas son un elemento ineludible en la vida de los libros. Sus compromisos comerciales, sin embargo, no les…
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Por culpa de un grupo de jihadistas islámicos, el nombre de Isis, la Gran Diosa, ese “principio femenino” de las mitologías acaicas, ha sido desecrado.
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