La ruta Morath en busca de la belleza

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“¿Cómo voy a fotografiar este río? De camino al nacimiento del Danubio, en Donaueschingen, de repente me vi superada por el pánico. ¿De cuántas maneras se puede fotografiar el agua y qué pueden comunicar tales imágenes? Entonces me tranquilicé: un río no es solo un caudal de agua, un río tiene en sus riberas una historia escrita por generaciones de personas que han plasmado sus historias en ellas”, escribió Inge Morath en sus diarios de viaje la primera vez que se disponía a recorrer el segundo río más grande de Europa, con treinta años. Morath (Graz, 1923-Nueva York, 2002) había nacido en Austria, estudiado en Berlín –donde fue reclutada para trabajar en una fábrica de la que huyó a pie hasta Austria– y hablaba siete idiomas. Después de trabajar como traductora, en 1948 empezó a colaborar con el fotógrafo Ernst Hast: ella escribía los textos que acompañaban las imágenes. Robert Capa invitó a ambos a unirse a la asociación que acababa de fundar: la agencia Magnum. En París, Morath se incorporó a la agencia como editora. Hasta 1951 no hizo sus primeras fotos (que expuso y vendió bajo el seudónimo de Egni Tharom) y en 1953 presentó su primer proyecto fotográfico a Capa, que la animó a trabajar como asistente de Cartier Bresson. En 1955 se convirtió en la primera fotógrafa de Magnum.

Morath viajó por medio mundo (España, Oriente Medio, África, Sudamérica) en los cincuenta y en los sesenta trabajó como fotógrafa en la industria cinematográfica. Se convirtió en uno de los referentes de la fotografía documental: las imágenes de España tomadas en Las Hurdes, Valencia, Barcelona o Pamplona son un buen ejemplo. Uno de los proyectos más importantes de su vida fue el recorrido del Danubio, el río al que estaba ligada desde su infancia y cuyo discurrir la fascinaba. La primera vez fue en 1958 y la última en 1994, ya caído el Telón de Acero. Sin embargo, al ver las fotos de ambas visitas, es como si esos años no hubieran pasado, como si todo hubiera permanecido inmóvil durante más de tres décadas.

Durante el verano de 2014 ocho fotógrafas galardonadas con el premio Inge Morath de la agencia Magnum, destinado a fotógrafas menores de treinta años, repitieron la ruta de Morath y recorrieron el Danubio en un homenaje a una de las grandes fotógrafas de la historia. Durante 34 días recorrieron los dos mil ochocientos kilómetros que separan el nacimiento del río en la Selva Negra de la desembocadura en el Mar Negro. El proyecto ha llevado años de preparación y la colaboración de The Inge Morath Foundation (Estados Unidos), Magnum Foundation y Fotohof Gallery (Austria), además de la financiación de Fundación Telefónica.

El homenaje de Olivia Arthur (Londres, 1981), Lurdes R. Basolí (Barcelona, 1981), Kathryn Cook (Albuquerque, 1979), Jessica Dimmock (Nueva York, 1978), Claudia Guadarrama (Ciudad de México, 1976), Claire Martin (Perth, Australia, 1980), Emily Schiffer (Estados Unidos, 1980) y Ami Vitale (Estados Unidos, 1971) al trabajo de Morath incluía también la exposición ambulante de las imágenes que la fotógrafa había tomado de las riberas del Danubio, proyecciones en los pueblos en los que pernoctaban, encuentros y debates. Todo eso también está recogido en la muestra: hay un documental sobre el proyecto, comisariado por Celina Lunsford, y un diario de viaje con imágenes y textos breves.

La exposición es apabullante por la cantidad de miradas y narraciones sobre un mismo espacio que contiene –a las ocho de cada una de las fotógrafas implicadas en el proyecto, se añade la de Morath: hay sesenta imágenes de la austriaca y fragmentos de sus textos en la muestra–, pero también apabulla la cantidad de diálogos que se establecen entre las obras, lo retratado, el espectador y la personalidad de cada una de las artistas. El trabajo de Claire Martin recuerda al de Josef Koudelka; Katryn Cook juega con la creación de atmósferas oníricas con ayuda del flash y los reflejos nocturnos; Lurdes R. Basolí retrató el río, pero también a los que viajan a bordo de los transbordadores y capturó estampas fluviales; Olivia Arthur buscó historias de amor y pérdida, además de los retratos, fotografió objetos simbólicos para ellos. El recorrido por el Danubio de estas fotógrafas, como el de Morath, es también la búsqueda de la emoción y de la belleza a lo largo de casi tres mil kilómetros. ~

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