Las matemáticas del cambio climático

James Hansen y Syukuro Manabe han recibido el premio Fundación BBVA Fronteras del conocimiento en la categoría de Cambio Climático por su desarrollo de modelos matemáticos del sistema climático.
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Cuando el climatólogo Syukuro Manabe (Japón, 1931) comenzó a estudiar el comportamiento de la atmósfera en los años sesenta, aún no se sabía que el CO2 estaba aumentando en la atmósfera como consecuencia de la quema de combustibles fósiles. Tampoco se sabían las consecuencias que esto podía tener en el clima terrestre. A finales de la década, Manabe, ya investigador en la agencia estadounidense de la Atmósfera y el Océano (NOAA) desarrolló un modelo informático que predijo que si la concentración de CO2 se duplicaba, la temperatura global subiría dos grados.

Al mismo tiempo que Manabe, a finales de los sesenta, el físico estadounidense James Hansen comenzó a trabajar en la NASA estudiando el clima de Venus. Su investigación contribuyó a determinar que las altísimas temperaturas del planeta se deben al efecto invernadero. Pronto enfocó su interés en el clima de la tierra y desarrolló un modelo computacional paralelo al de Manabe que determinó que la temperatura de la tierra aumentaría en cuatro grados.

Ambos científicos han recibido el premio Fundación BBVA Fronteras del conocimiento en la categoría de Cambio Climático por el “desarrollo de los modelos matemáticos del sistema climático, y por el uso pionero de estos modelos para proyectar la respuesta del clima de la Tierra a los cambios en las concentraciones del CO2 atmosférico”. Según Carlos Duarte, miembro del jurado, “en la actualidad las predicciones de los modelos desarrollados por Manabe y Hansen siguen vigentes”. Hansen y Manabe “cuantificaron los factores de los que depende la variación de las temperaturas en la superficie terrestre”, y desarrollaron “métodos de análisis que se han vuelto esenciales en el estudio de la evolución del clima”.

Según Hansen, que dirigió entre 1981 y 2013 el Instituto Goddard para Estudios Espaciales y actualmente es profesor del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia, “la primera conclusión importante de nuestro trabajo fue demostrar que el clima global es sensible a la acción humana”. “Los modelos climáticos actuales son mucho más fiables que los de hace unas décadas, y con grados de incertidumbre mucho menores”.

Las investigaciones de ambos, y los modelos que crearon han ayudado a llegar a la situación actual. Según Manabe, que desde 2005 es meteorólogo senior del Programa de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas de la Universidad de Princeton (EE.UU.), “El Acuerdo de París establece un objetivo muy importante, un gran objetivo. Si podremos conseguirlo o no, es dudoso, porque es un enorme desafío”. Gracias a las investigaciones de Manabe y Hansen, que han aportado rigor al estudio de un problema global, las dudas y el escepticismo sobre el cambio climático no son más que pensamiento mágico.

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